
"Descubrí que hacer una película coral es difícil"
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Diego Lerman tiene 30 años. Estudió diseño de imagen y sonido en la UBA y participó de un taller de montaje en la Escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba. Con Tan de repente, su ópera prima, mereció un Leopardo de Oro en Taormina. Ese mismo año ganó una beca para preparar un guión de la Résidence del Cinéfondation del Festival de Cannes, donde nació el borrador de Mientras tanto.
–¿Es una propuesta diferente de Tan de repente ?
–Mi primera película y ésta son muy distintas, incluso en la manera como fueron producidas. La segunda siempre se encara con más experiencia que la primera, con otro tipo de propuesta y producción, si bien las dos tienen una impronta temporal desde el título. Tan de repente era como una narración con un presente muy acentuado, una urgencia. En cambio, Mientras tanto es como si fuese un paréntesis en la vida de varios personajes. Es básicamente una película coral. Como director, me interesa la búsqueda. Siento que cada proyecto tiene su propia manera de ser contado. Me resultó tanto o más complicada que la primera, pero por cosas diferentes.
–¿Cómo nació?
–Era 2002. Estuve sólo en dos festivales con Tan de repente y me habían dado la beca del Festival de Cannes. Tenía cinco meses para no preocuparme por nada que no fuera escribir un guión. Fue un paréntesis con la certeza de tener este tiempo para mí. Les había contado una idea; ni siquiera una trama. Y mi idea era empezar a escribir y después hacer un proceso de armado. Llegué a tener más de trescientas páginas de algo que estaba por hacer. No quería estar atado desde el comienzo a una dramaturgia determinada. Después vino un año y medio de estructurar todo eso. Fue en ese momento cuando se incorporó como coguionista Graciela Speranza, que me ayudó a que todo eso que había escrito se transformara en un guión más estructurado.
–¿Cómo empataste tantas historias en un mismo tono?
–Descubrí que hacer una película coral es difícil. En especial, buscar que los personajes y las tramas estén equilibrados. Era la propuesta, y creo que fui generando ese equilibrio a medida que iba avanzando.
Tensión inconsciente
–¿Hay una intención de capturar la realidad?
–Buscaba un corrimiento, pero desde cierto realismo. Precisamente, el hecho de que fueran muchas historias implicaba a que existiera un lenguaje común, que se estuviera hablando de un mismo mundo, un código que atravesara a todos los personajes.
–¿Por qué un prólogo tan sangriento?
–Creí que era necesario cargar de tensión la primera parte de la película para sostener cada uno de los relatos que vienen después, como diciendo “algo pasó”. Pero no fue un origen consciente. Necesitaba un fuerte contraste para una escenografía tan blanca.
–¿Cómo fue el pase en Venecia?
–Con mucha expectativa y temor, porque apenas la había terminado. Ni siquiera ahora tengo una distancia que me permita una mirada más clara. Era la primera vez que la veía en un cine con gente. Fue una recepción muy cálida. Nos hicieron sentir muy bien.





