
Ecos, aportes y quejas por culpa de un póster
"¿Conoces ésta?". Con aire amenazante, Memmo Carotenuto se había acercado a la ventanilla del Banco de Empeños y apuntaba con su arma al empleado. El tipo, con cara de rutina y aire distraído, la tomaba en sus manos y la tiraba a un costado: "Sí, es una Beretta calibre 9, pero en pésimo estado. A lo sumo le puedo dar mil liras..."
La tragicómica escena de Los desconocidos de siempre es sólo una de las contribuciones espontáneas que amigos y lectores hicieron llegar a esta columna a raíz de las frases citadas aquí a propósito del póster oficial del Oscar. Lo dicho: el jueguito era contagioso, cualquier espectador ha acumulado en la memoria líneas de diálogo, muletillas, expresiones venidas del cine; muchos cedieron a la tentación de recopilarlas y compararlas con las elegidas por los responsables del afiche. Si hasta Umberto Eco reaccionó ante él y reprochó públicamente a la Academia, sin disimular su confesa debilidad por Casablanca y por Humphrey Bogart, que hubiera omitido un diálogo insoslayable: es en el Rick s Cafe, donde Bogart responde a las demandas de una jovencita con la cual ha tenido una relación pasajera. "¿Dónde estuviste anoche?" "Hace tanto tiempo, que ya no me acuerdo." "¿Vendrás hoy?" "No hago planes con tanta anticipación."
De todos modos, el autor italiano disculpa la omisión, un poco porque Casablanca figura entre los films citados en el póster y otro poco porque comprende que no habría pared suficiente para colgar un afiche que reprodujera, enteros, los diálogos que han permanecido en la memoria colectiva. Y eso que aquí se trata solamente de films norteamericanos, y entre ellos, de los que fueron candidatos al Oscar (al mejor film o al mejor guión) entre 1936 y 2006.
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Tal condición excluyó la línea que podría haber estado al tope por cuestiones de antigüedad: "Todavía no han oído nada", de Al Jolson, en El cantor del jazz , primer gran éxito del cine sonoro (1927). O la que Greta Garbo hizo famosa en Anna Christie (1930), donde por fin reveló el secreto de su voz: "Dame un whisky con gaseosa al lado y no seas tacaño, nene".
La cuestión del tamaño dejó afuera una buena cantidad de textos que los cinéfilos habrían querido ver incluidos. Uno, por ejemplo, el que Orson Welles aportó a su personaje de El tercer hombre : "En Italia, los treinta años bajo los Borgia tuvieron guerras, terror, crímenes y derramamiento de sangre, pero también produjeron a Michelangelo, Leonardo Da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, vivían en armonía fraternal: quinientos años de democracia y paz. ¿Y qué resultó de todo eso? El reloj cucú." Otro, de Apocalypse, now , dicho por Robert Duvall y en un tono bien diferente: "Me gusta el olor del napalm por la mañana. Una vez bombardeamos una colina por doce horas y cuando todo terminó, subimos: no encontramos nada, ni siquiera el cadáver de un maldito vietcong. Pero el olor... Se sentía aquel olor de gasolina. La colina entera olía a... victoria."
Quizá porque quien la decía era Marlon Brando (en Nido de ratas ), el afiche incluyó una cita relativamente extensa: "Yo pude haber tenido clase, pude haber peleado por el título, pude haber sido alguien, en lugar del vagabundo que soy". Pero en general, las prefirieron breves. Como "Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar" (también de Brando, pero en El padrino ) o "No soy un animal, soy un ser humano, soy un hombre" (de John Hurt, en El hombre elefante ). Y también algunas muy frescas como "Si alguien ordena un Merlot, me voy" (de Paul Giamatti en Entre copas ) y "Quisiera saber cómo dejarte" (de Jake Gyllenhall en Secreto en la montaña ).
Eran breves, pero no entraron otras líneas de las que sí se acordaron nuestros colaboradores voluntarios: "El embuste más grande que el diablo hizo a la humanidad es haberle hecho creer que no existe" (Kevin Spacey, Los sospechosos de siempre ); "El mejor amigo de un muchacho es su madre" (Anthony Perkins, Psicosis ), o "Es curioso cómo los colores del mundo real sólo se vuelven reales de verdad cuando uno los ve en la pantalla" (Malcolm McDowell, La naranja mecánica ). Y centenares más, entre ellas, la cita de una cita: "Como decía John Wayne, un día sin sangre es como un día sin sol" (Matthew Modine en Nacidos para matar ). Es una pena, pero -algunos chicos reclaman- la Academia se olvidó de la Jessica de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? ("Yo no soy mala, es que me han dibujado así") y de El Rey León ("Ves, Simba, un día todo esto será tuyo").
Desde luego, por cuestiones de origen, no cabían el legendario "Modestamente", de Gassman, ni el "Yo pensé que eran flancitos", de Gasalla/Mamá Cora, ni el clásico "Hay que agrandar la mesa", de Enrique Muiño. Pero ¿no podría haberse hecho una excepción para "Amar significa nunca tener que pedir perdón"? No porque lo dijera Ryan O Neal en Love story sino porque cuando Barbra Streisand se lo repetía en tren de burla al final de ¿Qué pasa doctor?, él podía sincerarse: "Es la frase más estúpida que he oído en mi vida".
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