
El extraño recorrido del film Copacabana
Un documental de Martín Rejtman
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Hasta 2006, Martin Rejtman era escritor y director de ficciones, y a su manera precursor del conocido como "nuevo cine argentino". En ese año el canal de TV pública metropolitano Ciudad Abierta le ofreció uno de los varios documentales con formato digital que respaldaría y que deberían ser sobre eventos urbanos en los que los habitantes se manifestaran. Y eligió la fiesta de la Virgen de Copacabana. La propuesta le permitió incursionar en un lenguaje que desconocía.
La elección del autor de películas como Rapado, Silvia Prieto y Los guantes mágicos sorprendió a quienes lo descubrieron. El escenario de su retrato es argentino y porteño, sus protagonistas son bolivianos, la zona humilde donde se desarrolla buena parte de la fiesta que recupera es conocida como Villa Charrúa, en los márgenes de Pompeya, mientras que el título del film, el mismo de una península sobre el Titicaca, tiene que ver con la imagen de su Virgen, es decir, la de Copacabana. Se trata de una fiesta ritual con un fuerte sesgo religioso que, no obstante, deviene carnavalesca, con hombres y mujeres con disfraces multicolores.
Sin embargo nunca se vio por Ciudad Abierta porque los directivos de la gestión municipal posterior lo desecharon. Cuando en 2008 Copacabana -ese es su título- fue laureado por el Bafici, ya era demasiado tarde para el arrepentimiento: el canal había perdido los derechos.
La fortuna le sonreía a Rejtman, que así comenzó un recorrido festivalero prolífico que ahora culmina con su estreno sui generis, inaugurando la temporada y los equipos de proyección (en HD) de la Fundación Proa.
En este film, Rejtman rompe con lo previsible: comienza por donde los demás terminarían y termina por donde los demás comenzarían. "Mi idea era poner en el centro a la gente, no a la fiesta. Mi meta no era hacer una simple ilustración con datos precisos sino hablar de la gente que protagoniza esta fiesta", explicó en diálogo con LA NACION. Y lo hace sin ser obvio. La historia comienza con breves postales, de cinco o diez segundos cada una que funden a negro. Sigue un repaso de los ensayos, en pasillos, garajes o clubes, entre construcciones muy humildes. La felicidad de este pueblo es parte de un rito muy serio, profundo y colorido.
Después llegará el hoja-tras-hoja de un álbum anónimo, armado con viejas postales de toda Bolivia, la llamada de una mujer desde un locutorio y otro álbum, esta vez con fotos personales de quien lo explica fuera de cámara. El final es el viaje desde Villazón hasta La Quiaca, el ómnibus, la frontera y la aduana. Copacabana es un relato que termina donde empieza. El registro alterna la cámara firme y el travelling, encuadres a veces furtivos, en espacios minúsculos y absoluta precisión en cuanto a iluminación, foco y sonido. "Me pareció fascinante encontrar en la ciudad un mundo diferente, que la mayoría de los porteños no sabemos que existe. Mi idea fue desarmar la fiesta para ver qué es lo que hay detrás. Primero filmé lo que me gustaba, el orden se lo encontré después. Fue una experiencia apasionante", asegura.
Para agendar
- Copacabana, documental de Martín Rejtman.
- Fundación Proa. Pedro de Mendoza 1929. Sábados de enero, a las 19. Entradas, 10 y 8 pesos.



