Por qué la estatuilla del Oscar vale sólo 1 dólar

La estatuilla del Oscar no vale lo que pesa
La estatuilla del Oscar no vale lo que pesa Fuente: AFP
Natalia Trzenko
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4 de febrero de 2019  • 15:16

Durante la temporada de premios de Hollywood, el Oscar , se sabe, representa a la marmita de oro al final del arco iris. Todos los galardones que lo anteceden se festejan si, pero nadie duda que la estatuilla que entrega la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas es la que más valor tiene. Siempre y cuando se hable de valor simbólico, claro. Porque en términos monetarios el premio más conocido, el más codiciado de la industria del cine vale solamente un dólar.

Aunque fabricar la estatuilla chapada en oro de 24 kilates cuesta alrededor de 400 dólares, una regla de la Academia establecida en 1951 señala que quienes ganan el premio en realidad se lo pueden llevar a su casa porque la institución se los "presta" y en el caso de que ellos, o sus herederos, decidan venderlo, la primera opción de comprador siempre debe ser la Academia. Y el precio de venta establecido es de solo un dólar. La intención es evitar que las estatuillas ingresen al mercado de subastas y, así, se devalúe su valor simbólico. Aunque la regla suene algo absurda fue ratificada en 2015 por un juez de Los Ángeles, que concluyó que el mandato era legítimo y debía cumplirse. Claro que no siempre fue así.

Steven Spielberg pagó millones por premios Oscar que ganaron en su momento Bette Davis y Clark Gable, pero no para su propia colección sino para devolvérselos a la Academia
Steven Spielberg pagó millones por premios Oscar que ganaron en su momento Bette Davis y Clark Gable, pero no para su propia colección sino para devolvérselos a la Academia Crédito: The Grosby Group

Es que como la regla fue sumada al estatuto de la Academia en 1951, algunos interpretan que los premios otorgados antes de ese año no están incluidos en ella–aunque el proceso judicial de 2015 concluyó que si, siempre y cuando el ganador haya continuado como integrante de la Academia más allá de esa fecha– y eso explica cómo, por ejemplo, en 1999 Michael Jackson adquirió por más de un millón y medio de dólares el premio a mejor película que recibió Lo que el viento se llevó en 1940, para sumarlo a su extensa colección de memorabilia de Hollywood. Aunque para darle una vuelta aun más extraña a todo el asunto, sus herederos declararon que la estatuilla nunca fue encontrada entre las pertenencias de la estrella del pop, que no fue el único en hacerse de un dorado premio sin haber estado nominado. O habiendo estado nominado para otros.

Ese es el caso de Steven Spielberg , que ganó cuatro premios Oscar (el primero, honorario, fue en 1987; el segundo en 1999 como director de La lista de Schindler, que ganó también la estatuilla a mejor película y el cuarto, en 1999, por dirigir Rescatando al soldado Ryan). Desde entonces la Academia lo viene esquivando con inexplicable persistencia. Por eso, nadie mejor que el director de Puente de espías (por la que estuvo nominado pero no ganó, por supuesto), para apreciar el verdadero valor de un Oscar. Por eso, en 1996, Spielberg gastó 1.36 milliones de dólares para comprar las dos estatuillas ganadas por Bette Davis por Peligrosa (1935) y Jezabel, la tempestuosa (1939) y la que consiguió Clark Gable por Sucedió aquella noche (1934). Pero no lo hizo para sumarlas a su repisa sino que las donó y las devolvió a su legitimo dueño: la Academia.

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