
"Es un sentimiento liberador"
Ake Sandgren, director de "Simplemente humano", relata su modo de filmar
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Siete años después de haberse impuesto la marca Dogma 95, los diez famosos "mandamientos" para filmar creados en Dinamarca siguen avanzando por el mundo. Aunque aquellas estrictas reglas cinematográficas para confrontar con el cine de Hollywood hayan atravesado en este tiempo altibajos entre fanatismos, críticas, indiferencias o su respeto en el campo de lo experimental, ya suman 30 las películas filmadas bajo estas reglas cuyas limitaciones tienden a liberar frente a una cámara de video a su director y sus actores. De hecho, uno de sus creadores, el danés Lars von Trier, llegó a decir que hasta los más célebres cineastas deberían, una vez en su vida, someterse a estos famosos mandamientos.
El espectador suele describir una película Dogma por las imágenes de una cámara en mano que marea constantemente (hay excepciones), por la utilización del video digital y, entre otras cosas, por temas que apuntan con ironía y humor sarcástico contra la hipocresía de la sociedad, las difíciles relaciones entre las personas y el vínculo con la muerte. Después de "La celebración", "Los idiotas", "Mifune", "Julien Donkey-Boy", "Fuckland" e "Italiano para principiantes" (que se exhibieron en la Argentina), el jueves llegó al país la número 18, "Simplemente humano", dirigida por un sueco radicado en Dinamarca llamado Ake Sandgren.
Por teléfono, desde sus oficinas en Estocolmo, este director de 45 años, que en 1984 ganó un León de Oro en el Festival de Berlín por su cortometraje "The bycicle symphonie", con cinco largometrajes en su filmografía, dijo a LA NACION que habría que sumar la regla número 11 al Dogma, que se practica en cada película, pero que aún no ha sido escrita: "Las historias deben girar en torno de las familias".
"Simplemente humano", que se estrenó en Buenos Aires anteayer, mezcla el drama con la fábula. Arranca con las fantasías de una nena solitaria, Lisa, que tiene un amigo invisible llamado "P", que habita debajo del empapelado de su cuarto. Y después de un accidente que dejará a sus padres realmente desconcertados en la vida, después de la demolición de la casa familiar, saldrá a la luz este personaje que nunca había tenido existencia real y, por lo tanto, no conoce los códigos de la convivencia en sociedad.
-Después de cinco largometrajes, ¿pensó que la dinámica Dogma podría ser renovadora en su forma de hacer cine?
-Por un lado, la producción de películas en Dinamarca es un problema en sí mismo, aun cuando el gobierno apoya el cine y paga casi el 50 por ciento de una película. Pero normalmente hay que esperar mucho, y conseguir toda la financiación lleva un largo período. Además, nuestra comunidad idiomática es pequeña: somos 5 millones de habitantes y un éxito de taquilla de una película hablada en danés -como lo hizo una película mía "The Slingshot" (que se mostró en un ciclo en la sala Lugones)- lo hacen 200.000 espectadores. Mientras que una película realizada tradicionalmente cuesta dos millones de dólares, una realizada bajo las reglas del Dogma cuesta la mitad. Pero el Dogma no se trata de una forma de hacer películas baratas. Por otra parte, después de diez años de trabajo me sentía un poco aburrido. Los equipos de filmación son cada vez más grandes y es como bailar con un elefante. Y hacer una película Dogma, con diez personas, es tan simple. No tenés que esperar que coloquen luces ni nada. Filmás rápidamente. Es un sentimiento muy liberador porque focaliza más en la relación entre el director y los actores. Y si revisamos los últimos diez años aquí vamos a hablar del realismo de este movimiento, no tanto del Dogma.
-En el film se plantea qué es ser "verdaderamente humano". ¿Cómo construyó el personaje en el pasaje de lo fantástico a lo real?
-Todos los personajes que se construyen en la ficción tienen siempre una experiencia, en todo sentido. Pero éste no tiene experiencia para hablar, no conoce los códigos ni los nombres de las cosas. Como no se podían usar efectos especiales por una cuestión de costos y de reglas, para mostrar cómo P observa a Lisa decidí usar una pequeña cámara con visión nocturna, y fuera de foco.
-El acento no está puesto en los constantes movimientos de cámara, sino en la historia...
-Sí, la cámara es bastante estática. Mi camarógrafo me decía: "Sentate y contá la historia". Entonces traté de hacerla lo más intuitivamente. Nos encontrábamos a la mañana y filmábamos lo que sentíamos, desorganizadamente, no debíamos centrarnos en la estética. La elaboración vino después, con el montaje. Creo que a causa de las reglas o de la cámara en mano estas películas se hacen a sí mismas, no tenés que hacer que luzcan de determinada manera. Son películas que transcurren hoy, aquí y ahora, que contás mirando en el interior de tu habitación.
-¿Por qué Lisa y su amigo, rebautizado Ahmed, no pueden vivir en la misma realidad?
-Esa es la parte de cuento de hadas de la historia. Cuando ella desaparece él se hace real y provoca que los padres de Lisa miren en su interior. El personaje de P es algo así como mitológico, porque de algún modo él es lo que ellos quieren que sea.
-Pero decide irse de esta realidad porque es muy injusta con él...
-El se sacrifica para que Lisa vuelva a la realidad. Es un poco cristiano.
-Usted castiga a los padres de Lisa y luego los redime, como si se tratara de un Dios todopoderoso.
-Esta película es sobre estos padres que tienen que aprender muchas cosas y observar un poco más sus vidas. La historia les está diciendo: "Abrí tus ojos". Habla sobre gente que corre mucho y que no tiene tiempo de verse a sí misma ni a quienes la rodean. Para ellos parecería que la familia no es un buen lugar en donde estar.
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