Film de fallida fantasía

Hugo Caligaris
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29 de mayo de 2003  

"El juego de Arcibel" (coproducción argentino-española, 2003). Dirigida por Alberto Lecchi. Con Darío Grandinetti, Juan Echanove, Diego Torres, Juan Diego, Vladimir Cruz, Rebeca Cobos. Fotografía: Hugo Colace. Música: Queco Ruiz y José L. Rupérez. Guión: Daniel García Molt y Alberto Lecchi. Producida por Luis A. Sartor y Pablo Rovito. Presentada por Zarlek Producciones y Milamores Producciones. 116 minutos.

Nuestra opinión: regular

Un buen periodista especializado en ajedrez tiene que imaginar las consecuencias de sus jugadas. Si vive en un país tiranizado por un dictador derechista de tez oscura y escribe una crónica que dice que el rey negro está acorralado y que será derrocado desde el ala izquierda, su afinada percepción lógica lo llevará a advertir que no le conviene dejar la oficina antes de constatar de modo fehaciente que su nota no va a ser publicada por error junto a la foto del ya citado dictador derechista de tez oscura, en la sección política.

Perplejo Arcibel

Esta equivocación, que ocurre, le cuesta al perplejo Arcibel Alegría (Darío Grandinetti) una cantidad no del todo bien definida de décadas en la cárcel de su ilusoria republiqueta latinoamericana, Miranda, y al espectador una aventura cinematográfica cuya imaginación se agota en la estupenda gacetilla de prensa: está hecha como si fuera un diario "mirandino", con todas sus secciones, personajes y noticias; fue realizada por Luis Sartor, Daniel García Molt y la diseñadora Adriana Sago.

Preguntas sin respuesta

Por desgracia, la mayoría de los espectadores no tendrá acceso al original press book, sino a un film de fantasía bastante fallida. Alberto Lecchi, un director muy bien dotado para la narración visual, fue traicionado por el Lecchi guionista, que le entregó un libro con demasiadas páginas y demasiadas preguntas sin respuesta

¿Cuántos años tendría el general Hilario Abalorios cuando fue forzado a dejar el poder, teniendo en cuenta que cuando Alegría era apenas un chico él ya era conocido como El Viejo y que cuando la cara de Alegría ya tenía más arrugas que el bandoneón de Pichuco El Viejo todavía seguía gobernando Miranda? ¿Cómo el juego inventado por Alegría -por lo que se ve, una variante mínima del Risk o del TEG- pudo ser usado por el primero presidiario analfabeto y luego líder guerrillero Pablo (Diego Torres) como arma secreta de la revolución? ¿Estamos frente al juego de Arcibel o frente al juego de abalorios? ¿Por qué sigue Alegría enamorado de la prostituta a la que sólo vio una vez y con la que mantuvo sólo el inocente contacto de regalarle una bolsita de pochoclo?

Naufragio

Tal vez nada de esto importe, pero de un modo u otro lo mucho que se quiso transmitir (¿sobre la libertad y la victoria inevitable de ciertos valores del espíritu ante la fuerza bruta?) palidece por causa de estas debilidades de la anécdota.

Auspicio de San Luis

Aunque "El juego de Arcibel" fue filmada con el auspicio del gobierno puntano, de San Luis no se ve casi nada, excepto la cárcel, y se ve mucho más, en cambio, de la bellísima Valparaíso. Todos los matices del idioma español confluyen en la película de Lecchi, desde la chilenísima tonada de la esposa de Arcibel hasta el sabor cubano del guardia encarnado por Vladimir Cruz, pasando por la lengua bien ibérica del estupendo actor español Juan Echanove y por el toquecillo de muchacho del Abasto que aporta el personaje de Torres.

Hispanoamérica toda se ha dado cita en la Miranda inventada por Lecchi, una nación que tiene, al menos, una característica que la diferencia de las otras: no cree en el habla promedio.

Para admiradores de Torres, hay que decir que en los no demasiados minutos que tiene muestra una interesante evolución respecto de anteriores películas y prisiones. Grandinetti, de presencia considerablemente mayor, se lució más en "Hable con ella": no impresionaba con la barba y la melena blanca que lleva acá, pero por lo menos dejaba los trebejos quietos.

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