
Haneke, un director para descubrir
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CANNES.- "Los actores le tenemos respeto, a veces miedo, porque sabemos que en el set Haneke es realmente el único que manda", dijo a la prensa Annie Girardot. "Michael es uno de los directores más exigentes, obsesivos y precisos con los que he trabajado", opinó Isabelle Huppert.
Si las dos coprotagonistas de "La pianista", película que acaba de exhibirse en la competencia oficial del Festival de Cannes, coinciden en su descripción de este director de 59 años nacido en Munich, pero radicado en Austria, es porque Michael Haneke se ha consolidado, efectivamente, como uno de los realizadores europeos más inteligentes, rigurosos y comprometidos del cine contemporáneo. En la Argentina, seguimos esperando el estreno de sus films, de los que sólo se puede conseguir, en video, "Horas de terror" ("Funny games").
Con "La pianista", este director tan prolífico como abarcador (ha trabajado mucho en teatro y televisión) incursiona en un género como el melodrama, pero lo subvierte constantemente mediante el humor negro que se desprende de la relación entre una madre dominante (Girardot) y su hija Erika (Huppert), una profesora de piano del distinguido conservatorio de Viena que sigue viviendo con ella a pesar de sus casi 40 años. Bajo una apariencia de normalidad y extrema formalidad, la heroína de Haneke esconde una fuerte carga de represión sexual y recelo con los hombres, que se desata luego en una patética relación sadomasoquista con uno de sus estudiantes.
Este film, en el que se percibe un aroma a Buñuel, a Visconti y al Polanski de "Repulsión", termina siendo tanto o más provocativo que sus anteriores trabajos porque, en su adaptación de la controvertida novela de Elfriede Jelinek, Haneke propone desde imágenes de sexo explícito hasta momentos en el que el personaje que interpreta la extraordinaria Huppert se somete a experiencias físicas y psíquicas realmente límites.
En persona, el director de "Horas de terror", "Benny´s video", "El séptimo continente", "71 fragmentos para una cronologías del azar" y "Código desconocido", todas exhibidas en la retrospectiva que le dedicó el reciente Festival de Buenos Aires, es tan serio y minucioso como su cine. Pide constantemente a su interlocutor que le profundice el concepto de cada pregunta para luego tomarse tiempo antes de contestar.
Frente a la reacción dividida que tuvo "La pianista" en La Croisette, Haneke indica: "Mis películas no están hechas para complacer, no proponen moralejas tranquilizadoras y dejan más interrogantes que certezas. Por eso hay algunos que se toman el tiempo de pensarlas y apreciarlas, mientras que otros las rechazan de plano, se muestran indignados y así pueden pasar rápidamente a otra cosa".
-Algunos de esos críticos sostienen que usted es apenas un provocador y que además ideológicamente resulta confuso.
-Se me asocia mucho con términos como provocación y manipulación, pero a mí no me gustan demasiado. Yo intento mostrar la degradación, el resquebrajamiento, la "glaciación" de la sociedad europea en medio de una apariencia de confort y progreso económico. Y para aquellos que quieren que todo sea didáctico, digerido y subrayado es probable que mi cine resulte confuso. Pero creo que nadie puede discutir que propongo una mirada crítica, cuestionadora a las relaciones sociales de estos tiempos.
-Pero a pesar de esa mirada crítica de su cine y de sus posiciones progresistas, muchos intelectuales lo han tildado de reaccionario porque su cine y su discurso no siguen las pautas de la izquierda más tradicional.
-Mire, a mí me entristece el triunfo de Berlusconi tanto como a la gente del polo progresista, pero yo no estoy dispuesto a seguir dogmas o posturas ridículas para dejar tranquila a mucha gente. Cuando Haider llegó al poder en Austria, yo estuve en favor de las sanciones internacionales, pero luego me di cuenta de que el gobierno manejaba de forma muy inteligente esa situación y la prensa sólo hablaba de esas presiones y no del peligro del rebrote neonazi. Me di cuenta de que estábamos en un error y fui muy atacado. Cuando esas sanciones se levantaron, se empezó a cuestionar la política de Haider y su apoyo popular fue cayendo. Por eso, creo que hay que ser más inteligente y abierto a la hora de analizar la coyuntura.
-"La pianista" también tiene una dimensión de alegoría política muy fuerte.
-Me alegra que lo vea así, porque ésa fue la intención. Es la primera vez que yo adapto personalmente una novela para cine, ya que antes lo hice cinco o seis veces, pero para televisión. Si bien yo tengo mucho en común con la mirada devastadora de Jelinek, mi idea era que las relaciones entre los tres personajes fuesen mucho más allá de lo privado, que resultasen representativas de la compleja problemática que existe en el nivel social. Además, como tuve una libertad absoluta para la adaptación, también incluí esos toques de humor que aparecen en las situaciones más terroríficas.
-Pero muchas de las reacciones que se escuchan en la platea era risas nerviosas...
-Eso ocurre cuando no se sabe manejar las emociones en los momentos más intensos.
-La puesta en escena resulta bastante distinta de la de sus films anteriores...
-Claro, porque aquí tenía que respetar las reglas del melodrama. Además, trabajé con una gran previsión, tenía storyboards para todas las tomas, no dejé margen para la improvisación. Soy muy perfeccionista.
-¿Cuánto influyó en la elección de esta historia la participación de Isabelle Huppert?
-Mi condición era que si ella no hacía el personaje de Erika, yo no filmaba la película. Huppert es, para mí, la mejor actriz de Europa. Es capaz de mostrar el sufrimiento interior y de tener sangre fría con una enorme ductilidad. Ella estuvo a punto de hacer "Horas de terror", pero no se animó. Ambos teníamos muchas ganas de trabajar juntos.
-Usted rechaza que se defina a la protagonista como enfermiza, a pesar de todo lo que sufre y hace sufrir ¿por qué?
-Porque será una neurótica, pero no una enferma. Erika es alguien que no acepta los roles tradicionales de la sociedad, la dominación del hombre sobre la mujer. Ella quiere cambiar las reglas del juego.
-¿Es, entonces, y a pesar de todo, una heroína?
-A su manera, sí. Pero no en los términos más radicales, obvios, feministas. A mí me interesan las mujeres porque son las que van a subvertir el orden establecido. Los hombres, en cambio, me aburren.
-La música tiene una enorme importancia en la película, ¿cómo la trabajó?
-En la novela ya aparece Bach, pero yo agregué Schubert, porque soy un fanático de su obra. En el film la música está conectada con cada escena. En general no utilizo demasiada música en mis películas porque odio que se la utilice como forma de amplificar artificialmente las emociones. Pero este proyecto es sobre la música, los actores estudiaron piano durante varios meses y hasta teníamos los temas sonando en el set, dándonos la sensación de tristeza y melancolía que el film quiere transmitir.
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