
Hemingway y el cine, una relación con altibajos
Ernest Hemingway mantuvo frecuentes contactos con el mundo del cine, pero nunca escribió especialmente para él, a diferencia de sus colegas Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner o John Steinbeck. Sin embargo, el Premio Nobel de Literatura de 1954, cuya figura aparece retratada en clave risueñamente irónica por el excelente Corey Stoll en Medianoche en París, no tuvo inconvenientes en ceder los derechos de cuentos y novelas (a buen precio) para su adaptación a la pantalla. Adaptaciones que, en general, ni eran muy fieles a los originales ni merecían su aprobación (de Las nieves del Kilimanjaro, por ejemplo, dijo que sólo le gustaban Ava Gardner y la hiena).
Especialmente recordado en estos días en que se cumple medio siglo de su suicidio, Hemingway no ha sido muy frecuentado por el cine en los últimos años, a diferencia de la televisión, que ha intentado nuevas adaptaciones de sus novelas, y de los cortometrajistas que suelen encontrar inspiración en sus relatos breves. Uno de ellos –Los asesinos, de 1927– sigue ejerciendo especial fascinación. Hasta Tarkovsky lo eligió en 1958 para cumplir con un ejercicio como estudiante en Moscú: fue el primer corto del creador ruso. Ubiytsy, tal su título, parece ser el más fiel al original (puede hallarse en Internet), al punto que Homero Alsina Thevenet, el gran crítico uruguayo, imaginaba que hasta el propio Hemingway lo habría aprobado. Hollywood ya había adaptado el mismo cuento en dos ocasiones. En una, dirigida por Robert Siodmak en 1946, con un Burt Lancaster debutante y una Ava Gardner en su primer papel de relieve, del relato original queda poco más que el punto de partida; lo demás, pura invención. La segunda, dirigida por Don Siegel, con Lee Marvin, John Cassavetes y Ronald Reagan, sigue en parte esa primera versión.
Sin dudas hay otros films más estrechamente ligados al nombre de Hemingway. Un vistazo a su filmografía impone mencionar Adiós a las armas, rodada en 1932 por Frank Borzage, con Gary Cooper y Helen Hayes, y en 1957 por Charles Vidor, con Jennifer Jones y Rock Hudson; Las nieves del Kilimanjaro (Henry King, 1952), con Gregory Peck, Susan Hayward y Ava Gardner; Tener o no tener, que mereció varias versiones, entre las que se destaca la de Howard Hawks (1944), con Humphrey Bogart y Lauren Bacall; Y ahora brilla el sol (Henry King, 1957), con Tyrone Power, Ava Gardner y Erroll Flynn; El viejo y el mar (John Sturges, 1958), con Spencer Tracy. Y en especial Por quién doblan las campanas (Sam Wood, 1943) que, más allá de las variaciones impuestas al original y de sus convencionalismos, fue muy bien recibida por el público, tal vez por el atractivo de su pareja protagónica, Gary Cooper e Ingrid Bergman.
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