
Jim Carrey: un comediante que piensa en positivo
El actor protagoniza ¡Sí señor!, el film que se estrenará este jueves y que marca su regreso a ese tipo de humor físico que lo hizo tan famoso
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Por Marcelo Stiletano
De la Redacción de LA NACION
LOS ANGELES.- ¿Jim Carrey es o se hace? Vestido informalmente de la cabeza a los pies en tonos oscuros, no bien se instala en el centro del elegante salón en el que tomará contacto con la prensa internacional entrega un primer saludo con esa sonrisa ingenua y el aire tierno que llevaron en su momento a casi todo Hollywood a definirlo como una especie de moderno Jerry Lewis.
De inmediato, como esos cantantes que se animan a vocalizar en público, comienza delante de todos a emitir distintos sonidos más cercanos a la onomatopeya que a cualquier discurso articulado. Cuando sus compañeros de elenco lo miran perplejos, Carrey refuerza la expresión y sólo en ese momento todos, allí, nos damos cuenta de lo que se propone expresar: la palabra "sí", repetida en varios idiomas.
Más adelante, ya dentro de las formalidades del encuentro, que tiene lugar en la planta baja de un importante hotel de Beverly Hills, dirá que decir que sí constituye, por lo general, una situación ligada estrechamente al aprendizaje. Que es posible en estos casos llegar a algo. Sacar consecuencias. Aprender de la experiencia vivida. "Decir que sí... Bueno, en ese caso tendría que decir que me casé dos veces. Fue algo duro... Y también que tuve alguna pelea en el vecindario", explica, hablando por encima de las chanzas de sus compañeros Zooey Deschanel, Bradley Cooper, John Michael Higgins y Danny Masterson, que dudan de la veracidad de esos dichos y quieren saber más.
Allí, Carrey recupera el gesto cándido, común denominador del encuentro junto con el "sí". Porque el actor canadiense, que el sábado cumplirá 47 años, regresa a la comedia con ¡Sí señor! ( Yes Man ), una película que llega "en el momento ideal para que su mensaje positivo, auspicioso, pueda ser recibido de la mejor manera", según el director Peyton Reed ( Abajo el amor , Viviendo con mi ex ).
En el film, cuyo estreno anuncia Warner para este jueves, Carrey vuelve después de tres años al terreno que mejor contribuyó a su fama: la comedia. Y traslada a lugares de Los Angeles poco frecuentados por el cine (Silverlake, Los Feliz, Griffith Park) los hechos originalmente ambientados en Gran Bretaña por Danny Wallace, autor del libro en el que se inspira esta película.
Aquí, Carrey personifica a Carl Allen, un hombre que de a poco decidió hacer de su existencia algo insignificante gracias a su recurrente actitud negadora. Todo cambia desde el momento en que decide seguir a un gurú de la autoayuda (Terence Stamp) y adopta un programa de cambio consistente en una sola premisa: decir que sí a todo y a todos.
A partir de allí, Carrey se animará a través de su personaje a desafiar sus propios límites: aprenderá a tocar la guitarra, se deslizará sobre dos ruedas sobre una calle en pendiente, se animará a estudiar coreano y hasta perderá el temor a lanzarse al vacío desde un puente de Pasadena para quedar suspendido por un cable: lo que en el mundo de los deportes extremos se conoce como bungee jumping .
Tras persuadir a los escépticos productores, Carrey filmó la escena sin dobles de riesgo. Eso sí: el último día de rodaje. "Quería que el hecho trascendiera a la película misma y darle un significado todavía más claro al título. Me gusta sentirme todo el tiempo como una persona que le dice que sí a la vida. Desde esta película hemos tratado de decirle que sí a todo, menos a la Proposición 8", dice entre las risas de todos, y en relación con el voto positivo que tuvo en California la propuesta para que la Constitución estatal defina el matrimonio sólo a partir de la unión entre el hombre y la mujer, no entre personas del mismo sexo. Carrey salió airoso y feliz de ese arriesgado juego, pero no terminó el rodaje sin consecuencias para su físico: terminó con tres costillas fracturadas durante una escena en apariencia mucho más inofensiva, en un bar.
Y aunque reconoce ("como todos") que puede ser nocivo y hasta insano plantear todo el tiempo una conducta afirmativa, dice que por lo general las cosas de las que se arrepiente tienen que ver con los "no". Y que en este caso, como le ocurrió varias veces a lo largo de su carrera, el guión de ¡Sí, señor! lo encontró predispuesto a encarar los temas de los que se ocupa el film. "Yo no siento obligación alguna cuando llevo adelante este trabajo. Más bien me dejo llevar y a menudo encuentro coincidencias entre el momento que vivo y los guiones que me llegan. Lo que hace común a todas las películas que hice es que mis personajes tratan siempre de ser más humanos", dice durante la charla con los medios internacionales, de la que participó LA NACION por una invitación de la distribuidora local del film.
Cuando Carrey se pone más serio, surge la pregunta casi inevitable para un actor taquillero en la comedia y elogiado cuando intentó otros caminos: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y The Truman Show son ejemplos a estas alturas indiscutidos. ¿Comedia o drama? "Me gusta zambullirme en las dos. Cuando estoy en casa hay momentos en que por un papel directamente me tiro de los pelos y me digo a mí mismo delante del espejo: «¡Es divertido!» «¡Es dramático!» «¡Es divertido!» «¡Es dramático!»", dice antes de imitar con la voz el sonido de una explosión. Y agrega: "Todo es cuestión de creatividad. A veces soy serio, a veces cómico. No corresponde separar las dos cosas, porque vienen del mismo lugar. No prefiero a una sobre la otra. Aún las comedias están hechas en el cine por gente que sufre, destinadas a espectadores que también sufren. Cualquier forma de expresión puede partir de algo doloroso. Tanto el humor como el drama sirven para expresarse".
¿Y por qué el Carrey que logra premios por sus labores cinematográficas de corte dramático no tiene el mismo reconocimiento en la comedia? ¿El público y los medios siguen sin valorar en esa instancia los valores de una buena historia para hacer reír? "Los límites no están en las cosas, sino en las personas -responde Carrey, casi en la despedida-. Creo que en este caso lo que se nos plantea es un rechazo mental. Si la conciencia colectiva acepta que la comedia no merece ser premiada, pues entonces la comedia no será premiada. Igualmente, cambiar esa conducta no es imposible. Y la realidad lo ha demostrado en el pasado. ¿O acaso Annie Hall no ganó un Oscar? En cuanto a mí, no me gusta rendirme ante las limitaciones. Así que en esta cuestión yo digo que no."
El humor de Brando
- Jim Carrey dejó a más de uno con la boca abierta cuando reconoció sin vueltas que el actor que más lo hace reír es Marlon Brando. "Es divertidísimo -confiesa-. Lo digo con toda honestidad. Por un lado, es un actor que transmite un respeto enorme por lo que hace. Pero, al mismo tiempo, es tan grande que siempre se sintió capaz de no tomarse en serio para hacer la suya y pasar por encima de todo y de todos. Ahora, si me toca hablar de comediantes, me quedo con Buster Keaton y Dick Van Dyke."
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