
La grandeza en lo pequeño
El director Carlos Sorín revela aspectos desconocidos de su nuevo film, que se estrenará el jueves
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"Historias mínimas" es literalmente una "película del camino". Su director, Carlos Sorín, junto a su equipo de producción recorrió catorce provincias, durante tres meses, mientras otro equipo de casting hacía lo mismo, paralelamente, en otros puntos del país. Se preseleccionaron setecientas personas, de las cuales apenas una veintena (y de ellos, sólo dos actores profesionales y una realizadora) superó las exigencias del director para someterse a una convivencia -plácida, como emana de misma película, por suerte- durante nueve semanas, por los caminos de la Patagonia.
En la película, que se estrenará el jueves, los protagonistas son este puñado de almas, solos ante el mundo, que en un cruce de historias personales desnudan su cara más tierna y sensible, desafiando distancias y soledades para llegar a un destino pequeño y a la vez trascendente: el de su realización personal.
"Quería trabajar con las personalidades de cada uno de ellos -evoca Sorín, reviviendo aquellas jornadas de alojamientos precarios y fríos intensos-. Esas personalidades debían estar muy cerca del personaje, o sea que no tenían que hacer ningún trabajo de composición, porque no eran actores. No debían tener una técnica para "hacer de". Mi trabajo fue sacarles las inhibiciones. O dejárselas -en el caso, por ejemplo, de Javiera Bravo- si funcionaban así. Teníamos un plan de rodaje y filmamos según el orden de la película. Una vez planteada la escena, el libro era el punto de partida. Pero la escena seguía su propio camino. Por eso filmamos con dos cámaras y en steady. Filmamos incluso entre toma y toma, cuando decía "corten" seguía rodando. Hay muchas tomas que están "robadas" entre filmación y filmación. Luego, preeditaba en el momento, en mi laptop."
Una película-desafío
De ese núcleo de no actores surgieron los personajes centrales de una película que desafía las convenciones del cine: no tiene caras reconocibles, no hay presupuestos desmesurados ni el tema está basado en alguna persona o hecho instalado en la opinión pública. Sorín apenas se equivoca en el diagnóstico: son historias mínimas, sí, pero con una enorme grandeza espiritual. Cada uno de los casi desconocidos que encarnan esas historias tiene, a la vez, la suya propia. Y vale la pena conocerlas.
- Antonio Benedictis (Don Justo): uruguayo, tiene 80 años y vive en Montevideo. En su juventud fue baterista aficionado de una banda de jazz. Hace veinte años que está jubilado como tornero mecánico. "Quería alguien que diera una cierta fragilidad y que fuese como un gnomo: querible. Y al mismo tiempo con una salud razonable para bancarse nueve semanas en la Patagonia. No lo encontramos acá: apareció a último momento, de casualidad, en Montevideo. Es exactamente el personaje. Los primeros días de filmación estaba muy nervioso, tenso. A la tercera semana de rodaje ya ponía piloto automático e iba solo. No había que explicarle nada", describe Sorín.
- Javiera Bravo (María): tiene 26 años y es de Santiago del Estero. Es maestra jardinera y hace danzas folklóricas. Su esposo es músico. Explica su descubridor: "Son gente muy humilde. En realidad, en Santiago del Estero, salvo el gobernador, son todos muy humildes. Tuve que trabajar unas ocho horas el día anterior al comienzo de filmación, con ella y la camarita de video en la escena, para bajarle la cuota de tensión. Pero la quería tímida de cualquier manera. El personaje era tímido y tenía que ser como ella. Se nota que no es una actriz que se hace la tímida: el sentimiento de inhibición es verdad. En San Sebastián ocurrió algo muy curioso. Ella fue una de las invitadas. Y estaba frente a las cámaras como su personaje frente a la televisión en la película. La actitud de ella (en la conferencia de prensa dijo dos palabras y se largó a llorar) era equivalente a la de María en el programa de televisión de San Julián".
- Javier Lombardo (Roberto): hizo teatro y televisión; ésta es su segunda película. Es uno de los dos profesionales del grupo (el otro es Enrique Otranto). "Elegí un actor porque el personaje del vendedor de alguna forma es un histrión y tiene que demostrar sus dotes actorales para convencer -explica Sorín-. Es muy inteligente y muy buena persona porque trabajar con no actores significa sacrificar cosas por el otro. Cuando vos mezclás, el riesgo es que se note que los actores están sobreactuando. Javier en general bajó el registro, hizo un laburo estupendo."
- Julia Solomonoff (Julia): es directora de cine. Vive en Nueva York y en poco tiempo más rodará su opera prima, un guión premiado en el Sundance Institute. Aunque es su primera película del otro lado de las cámaras, se la puede considerar una profesional del oficio. Lo que no implica que la emoción la haya ganado en una de las escenas más sensibles de "Historias mínimas": cuando se despide de Don Justo. "La relación del viejo con Julia fue muy intensa -describe Sorín-. Cuando se despiden en la ficción ella le dice "cuídese" y él empezó a llorar. Entonces ella también se quebró. No lo usé en la edición final, pero en ese momento sentí que estaba ganando la apuesta."
- Aníbal Maldonado (Don Fermín): chamamecero, correntino y empleado municipal. Como en la dependencia en la que trabaja no le permitían viajar al festival de San Sebastián, donde fue invitado, protagonizó un episodio casi absurdo: se encadenó. Por cierto, cuando tomó estado público le dieron permiso. "Lo trajimos de Corrientes. Dos compañeros suyos no quisieron viajar porque jamás se habían subido a un avión. Lo que hacían en la película era de verdad: chupaban vino y paraban la filmación. En San Sebastián hizo un marketing soberbio. Fue tapa de diarios: hubo una foto en la que él brindaba con mate por "la película argentina". La gente se dio cuenta de que no era un objeto de promoción, sino que el tipo es así. En la recepción final, con tanto charme, estaba hablando con Wim Wenders, tomando mate, con botas. Y cuando termina me pregunta: "Che, ¿quién es el húngaro éste?"", detalla el realizador.
Estrategias de director
Cada intérprete del film tiene sus propias características y más de una anécdota que lo hace entrañable. Como Rosario Vera (la suegra), de 92 años, nacida en Chile y habitante de San Julián. Sorín planteó una estrategia con Lombardo para que la escena en la que ella le regala al vendedor la decoración de una torta saliera espontánea. Pero no había texto: Vera lo resolvió con sus propias palabras. Aunque hubo que repetir varias veces la toma, porque en el momento en que ella debía decir que no iba a cobrar el trabajo se empecinaba en recalcar "son veinte pesos". Es que en la vida real hace tortas. Y ése es el precio que ella cobra. Hasta que en una toma dijo "bueno, es un obsequio de la casa". Y quedó.
O el caso de Rosa Valsecchi (la "panadera 2"). Es inspectora de educación de escuelas en Viedma. Ella recibió un guión. Pero lo resolvió agregándole sus propias palabras. María del Carmen Jiménez es "panadera 1". Representa una incógnita para el grupo de rodaje: es una planchadora de La Banda (Santiago del Estero) que tras la filmación se mudó a otro lado. Y le perdieron el rastro.
Un caso emblemático para la módica filmografía de Sorín es César García, el otro viajante, que se encuentra en el bar con Lombardo. Era mozo en un restaurante de Recoleta cuando Sorín lo descubrió. Actualmente atiende un bar en Liniers. La letra la inventó él, absolutamente. "Es mi actor fetiche. Pero no es actor: es García", desliza el director.
Detrás de cada uno de los integrantes del elenco hay detalles personales que los hacen inolvidables. Como concluye Sorín: "El cine es un engaño. Es una convención con el espectador, que sabe que nada es cierto. Pero cuando aparece la verdad hay una energía distinta. Casi documental. Aunque eso no significa que vaya a continuar en esta línea: la experiencia empieza y termina con "Historias mínimas"".
Detalles técnicos
- Dos equipos de casting trabajaron en la selección del elenco integrado por una veintena de personas.
- El casting fue entre 700 personas, en 14 provincias argentinas y Montevideo, durante tres meses.
- Los únicos actores del film son Javier Lombardo y Enrique Otranto.
- Nueve semanas de rodaje, entre Fitz Roy y Puerto San Julián, en la Patagonia.
Filmografía
"La película del rey" (1986), con Julio Chávez, Miguel Dedovich, Ulises Dumont y elenco.
"Eterna sonrisa de New Jersey" (1989), con Daniel Day Lewis, Mirjana Jocovic, Gabriela Acher, Julio De Grazia y elenco.
"Historias mínimas" (2002), con Javier Lombardo, Antonio Benedictis, Javiera Bravo y elenco.
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