
La vida de Justo Suárez en un film de Valladares
El autor de "Nosotros los monos" vuelve al mundo del boxeo
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Proveniente del campo de las artes plásticas -sus cuadros y sus pinturas recibieron numerosos premios nacionales e internacionales-, Edmund Valladares se volcó al cine a principios de la década del sesenta con "Carriego" y "Homero Manzi", cortometrajes documentales que ya anunciaban su talento y su cuidado estilo para el séptimo arte.
En 1968 rodó "Nosotros los monos", un excelente y polémico largometraje testimonial que hablaba de los triunfos y las miserias del mundo del boxeo. Treinta años después, y luego del inacabado "Nosotras, las siervas" (1971) y "El sol en botellitas" (1985/87), nunca estrenado, Valladares comenzó a preparar "I love you... Torito", otra aproximación al deporte de los puños, que ya se halla lista para su estreno.
Durante un diálogo con LA NACION, Valladares explica que su film le demandó más de dos años de investigación. "En ellos -prosigue- logramos reconstruir la historia de Justo Suárez, El Torito de Mataderos, uno de los boxeadores argentinos más populares y diestros."
-¿Es un documental?
-No precisamente... Si bien "I love you... Torito" recorre aspectos de la vida de Suárez, es una reconstrucción de la época, la historia y la cultura de nuestra nacionalidad por medio de argumentos, sainetes y documentales expresados en un lenguaje vanguardista. El punto de partida fue, sin duda, Justo Suárez, y en torno de él un equipo encabezado por Cecilia Polimeni elaboró cinematográfica y documentalmente este engarce que pretende trazar un paralelo entre ese boxeador y los conflictos socioeconómicos de la Argentina de aquella época.
-¿Qué te motivó a retornar como director, luego de "Nosotros los monos", al mundo del boxeo?
-Opino que el boxeo es el deporte más patético que existe. En él ven la gloria los muchachos del interior, que llegan a Buenos Aires con ansias de triunfo y de dinero, y son fagocitados por los negociantes de turno. En el caso puntual de Justo Suárez, se convirtió en el primer ídolo popular, y del éxito más estruendoso pasó a la caída más estrepitosa hasta morir en un hospital para tuberculosos. Su vida me fascinó, porque era un contrapunto con lo que acontecía en nuestro país en aquellos años... Es, en definitiva, un boxeador que cuenta la historia del país.
De la escultura al cine
Valladares apunta que él y su equipo rodaron ocho horas de material documental, "al que agregamos -dice- fragmentos de sainetes y escenas de ficción. El film quedó reducido a una hora y media de duración, porque estimamos que en ese tiempo, si bien no habíamos agotado el tema, logramos nuestro objetivo final".
-¿Qué apoyo económico tuvieron para la concreción del film?
-Contamos con el apoyo de la Universidad de Buenos Aires para el logro de materiales históricos y nos ayudaron los vecinos del barrio de Mataderos. Para la terminación de la película nos respaldó el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y para su estreno ya finalizamos un convenio con la Secretaría de Cultura del gobierno porteño para que se realice en diciembre en una sala de Mataderos.
-Luego de tantos años de haber realizado tu primer largometraje, ¿cómo intentás reinsertarte a la cinematografía nacional?
-Con mucho optimismo, porque puedo unir en el film mi vocación de cineasta con mi trayectoria de pintor. Hace unos años la Unesco me encomendó un monumento en bronce de Julio Cortázar, que se instaló en 1994 en el Museo de Bellas Artes. La estructura, de cinco toneladas, se denomina "Torito en el rincón de Cortázar", donde la figura del boxeador, como en el cuento del escritor, estaban juntas. Esta obra fue el punto de partida de "I love you... Torito". Y así pude unir mis dos grandes pasiones.




