
Las dos caras del mal
Mr. Brooks (Idem, EE.UU./2007, color; hablada en inglés). Dirección: Bruce A. Evans. Con Kevin Costner, Demi Moore, William Hurt, Dane Cook, Marg Helgenberger, Ruben Santiago-Hudson, Danielle Panabaker, Lindsay Crouse. Guión: Raynold Gideon. Fotografía: John Lindlay. Música: Ramin Djawadi. Edición: Miklos Wright. Presentada por CDI Films. 110 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: regular
No hay demasiada sorpresa en torno de la condición del señor Brooks, el industrial, filántropo y hombre de negocios al que la Cámara de Comercio de Portland está distinguiendo como "hombre del año" cuando la película comienza. Puede parecer un ciudadano ejemplar y un padre y marido modelo, tal como corresponde a la imagen pública de Kevin Costner, pero tiene sus debilidades. Para el caso, una adicción que ha logrado controlar durante los últimos dos años: la de matar porque sí, sin dejar rastros y por puro placer, un placer que conlleva su carga erótica.
El cuento se inicia precisamente cuando está por tener una recaída: el film no lo sugiere, lo expone con todas las letras en forma de diálogo porque aquí, en lugar del clásico desdoblamiento de la personalidad que Robert Louis Stevenson hizo célebre en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde , hay un demonio interno que se exterioriza con los rasgos, los gestos y los tonos sinuosos de William Hurt. No es una especie de otro yo maligno y tentador que aparece en todas partes (total, sólo Brooks lo ve y lo oye), sino más bien un socio de aventuras, un compinche al que el protagonista nunca opone demasiada resistencia.
Un enigma
No se trata, convengamos, del mejor recurso para revelar la tortura interior de un personaje víctima de su "enfermedad", pero ya se sabe que a Hollywood lo intranquilizan las ambigüedades y prefiere lo explícito. También prefiere, por lo menos en este caso, la anécdota abigarrada. Por si no alcanzara con la adicción y la esquizofrenia, a Brooks le brota un fan que ha presenciado (y fotografiado) su última obra y quiere compartir con él la próxima; a ello se suma un inesperado problema doméstico: la hija, protegida del papá, de quien parece haber aprendido un par de cosas, vuelve de la universidad decidida, por oscuras razones, a abandonar el estudio. Por otro lado, tras el "asesino de las huellas digitales" (así lo llaman por la marca con que firma sus crímenes), anda una detective (Demi Moore) que, al desafío profesional propuesto por esa inesperada reaparición, suma otros dolores de cabeza personales por culpa de la fuga de la cárcel de un terrible y vengativo homicida, también serial, que ella capturó, y por la voracidad de su ex marido, que exige cada día una indemnización mayor en su juicio de divorcio.
Quizás el principal enigma que la película plantea es cómo harán el libretista y el director para engarzar todas estas tramas dispersas. Ya encontrarán la forma, y que no les demandará demasiado esfuerzo dado el escaso apego al rigor que demuestran. Entretanto, tratarán de mantener el interés del espectador con algunas escenas de tensión más o menos logradas, mucha imagen en tinieblas, mucha información retaceada a fuerza de claroscuros, mucho vértigo en el montaje y ciertos truculentos golpes de efecto, al cabo de los cuales queda la sensación de que o hay sobreabundancia de aspirantes al asesinato serial en los Estados Unidos o hay en Hollywood sobreabundancia de productores que buscan hacer negocio con el clima de paranoia instalado en los últimos años.
Hurt exagera un poco; Costner convence bastante; Demi Moore, nada.
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