
Luis Eduardo Aute debutó como director de un largometraje
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SAN SEBASTIAN.- Debe de ser uno de los directores debutantes más veteranos de la historia del cine: Luis Eduardo Aute cumplió 58 años el 13 de septiembre último, una semana antes de que comenzara la cuadragésimo novena edición del Festival de Cine de San Sebastián. Eso no invalida que a lo largo de casi cuatro décadas, además de la música, la literatura y la pintura, Aute haya tenido recurrentes acercamientos al cine, ya sea como cortometrajista, guionista o responsable de la banda sonora. Esta actividad menos pública lo apasiona desde aquel 1963 en que se inició como segundo ayudante de dirección de la unidad 2 de "Cleopatra", de Manikiewicz. "En realidad, me ocupaba sobre todo de acercarle la silla a Rex Harrison", evocó el creador de "Tell me lies", al presentar su película, "Un perro llamado Deseo", en la sección Zabaltegi (Nuevos directores) del certamen donostiarra.
La película, un trabajo que le demandó cinco años, fue una titánica tarea dibujada, animada y musicalizada casi excluyentemente por él. La idea del largometraje fue posterior a la composición de los primeros bocetos, que surgieron por encargo del propietario una galería de arte madrileña, cuando para conmemorar el 250 aniversario del nacimiento de Goya le requirió a Aute la realización de un cuadro sobre el pintor aragonés, con la intención de exponerlo.
"Hice una serie de bocetos, pero como el cuadro no me salía, los enmarqué y los envié a la galería. Al verlos colgados, me recordaron a un "story board". Más tarde los filmé, como una forma de tenerlos archivados. Y al verlos proyectados me gustó su textura", explicó Aute a propósito de la concreción de una idea que fue tomando cuerpo con el correr del tiempo.
"Los mismos dibujos me dictaron el guión, porque me daban mucho tiempo para pensar por dónde quería ir", indicó el artista nacido en Filipinas y español por adopción. El argumento no es apto para la digestión ligera: se trata de la reinterpretación de los vínculos de Goya, Picasso, la pareja Frida Kahlo-Diego Rivera, Dalí, Velázquez, Duchamp, Romero de Torres y Sorolla con sus modelos, su entorno y su historia, dividida en siete episodios. El hilo conductor es el perro -que toma el nombre de los animales de Kahlo, los xoloitzcuintles, a los que ella bautizaba con el nombre de "Dolor"- que coprotagoniza los retratos. Entre el humor y la mirada lacerada -que no excluye la violencia o el sexo-, el director reflexiona sobre el arte y el artista, buceando bajo la piel de los creadores y su mundo.
La música ejerce un papel fundamental en el filme, ya que se trata de una película muda. "Me inspiré en las pianolas del cine mudo, que acompañaban a las imágenes, para hacer parte de la música", puntualizó Aute, que contó además con Silvio Rodríguez -por coincidencia, otro notable dibujante-, Suso Saiz y Moraíto Chico para ornar melódicamente sus dibujos.
Una de las particularidades del film es que Aute lo realizó de la forma más rudimentaria: dibujando a mano. No quiso hacerlos de otra manera. Fueron más de cuatro mil bosquejos, que posteriormente pasaron por el tamiz de una computadora que animó digitalmente las imágenes. Como técnica de animación, totalmente novedosa.
La singular obra tiene otra curiosidad: cada pequeña historia está basada en hechos reales. Y cada una se aproxima al estilo particular del artista: si en el caso de Sorolla los dibujos se aproximan al impresionismo, en el capítulo de Picasso hay una clara influencia cubista. De la misma manera que en la historia de Rivera predominan los bermellones y carmines, simbolizando a Rusia (por la presencia en el relato de Trotsky) y México.
"Creo que la animación es el trabajo de mi vida. Y si no me crucifican mucho con esta película, tengo otro proyecto de animación y un par de guiones para llevar a cabo. Pero no me siento director de cine, así como no me considero cantante, ni compositor, ni pintor...Sólo soy alguien a quien le gusta escribir canciones, cantar, pintar y hacer películas", concluyó el polifacético artista.
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