"Mi cine es un antídoto contra el mundo actual"
El gran director norteamericano habla de El buen amigo gigante, estreno del jueves
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La cita con Steven Spielberg es en la suite Sean Connery del último piso del Hotel Carlton Intercontinental de Cannes. La vista a la bahía de la Croisette -emblemática escenografía de la Costa Azul con sus hoteles, bares, restaurantes, boutiques y balnearios de lujo- es privilegiada. Y privilegiada es también la oportunidad de entrevistar a uno de los grandes directores contemporáneos, una referencia ineludible desde que en la década del 70 surgiera con joyas como Reto a la muerte, Tiburón o Encuentros cercanos del tercer tipo.

Con más de 30 películas sobre sus espaldas y próximo a cumplir 70 años, Spielberg ha hecho de todo, y casi todo bien. Desde sagas de aventuras de inmensa popularidad (Indiana Jones, Jurassic Park) hasta películas de prestigio (La lista de Schindler, ganadora del Oscar), pasando por clásicos para toda la familia (E.T., el extraterrestre), films bélicos (Rescatando al soldado Ryan), épicas históricas (Lincoln) o thrillers (Puente de espías).
Con la amabilidad y la sencillez dignas de los verdaderamente grandes, Spielberg llega puntual a una charla concertada para un domingo al mediodía, momento más propicio para un almuerzo relajado mirando al mar que para un encuentro con un periodista. En esta oportunidad, Spielberg viajó a Cannes para el estreno mundial de El buen amigo gigante (The BFG), producción de Walt Disney basada en el libro de Roald Dahl con guión de la fallecida Melissa Mathison (autora también de E.T.). La película que se estrena el jueves significó además el regreso del director al universo de las aventuras fantásticas para todos los públicos.
El buen amigo gigante arranca como una deslumbrante historia sobre la relación entre Sophie (Ruby Barnhill), una niña de diez años que vive en un orfanato, y el querible monstruo al que alude el título (Mark Rylance, ganador del Oscar por Puente de espías) y en su segunda mitad se convierte en lo que todos esperaban: una entrañable historia de amor más allá de las diferencias concebida a pura emoción y con una larga secuencia ambientada en el palacio de Buckingham con una reina de Inglaterra (Penelope Wilton) que resulta hilarante.
-Uno de los temas esenciales de este film y de toda su filmografía es la soledad. ¿Por qué se ha convertido en tan recurrente?
-La soledad es un lugar muy familiar para mí, un sentimiento del que siempre traté de escapar. En ese sentido, es como filmar mi propia vida. Mucho antes de casarme y tener hijos pretendía no estar solo, pero recuerdo como si fuera hoy la sensación de sentirme excluido, aislado. Me resultó fácil contar esta historia porque comparto los sentimientos con los personajes. Yo soy BFG. Es la relación entre dos huérfanos en sentido estricto o metafórico. Una niña y un gigante que se conocen, se entienden y se complementan. Ese es el corazón emocional de la película.
-Otra característica de sus films es el optimismo, algo que no es común en un cine actual dominado por la oscuridad y el cinismo.
-Hablo por mí mismo, no soy un crítico como usted que busca tendencias (se ríe). No me gusta el cinismo del mundo de hoy, la forma en que mucha gente se expresa, la sensación de que cada vez hay más divisiones. Ir contra esa percepción fue uno de los motivos principales que me llevó a filmar El buen amigo gigante. Mi cine es un antídoto contra el mundo actual.
-¿Qué hay de Dahl en el film?
-El espíritu de la historia. No tomamos demasiado en cuenta las ilustraciones, con la excepción de las orejas gigantes de BFG, tampoco nos juntamos con la familia de Dahl. El guión tiene mucha más estructura y conflictos que el libro. Y necesitaba una actriz pura y creible como Ruby.
-¿De dónde viene su capacidad para elegir intérpretes muchas veces desconocidos y puntualmente niños para protagonizar sus historias?
-El arte del casting tiene que ver, sobre todo, con la intuición. Cuando empezás a pensar demasiado en por qué te interesaba determinado actor ese pálpito, esa corazonada, se evapora. Yo siempre tengo inseguridades, una lucha interna entre el cerebro que funciona todo el tiempo con advertencias y al que tengo que parar y un susurro en mis oídos que me dice que estoy haciendo lo correcto. Muchas veces elijo a un actor y en la semana empiezo a dudar de mi elección. Lo llamo a leer de nuevo el guión y me doy cuenta de que estaba en lo correcto. Y me castigo diciendo: "¿Por qué lo hice leer de nuevo? ¿Por qué les hice perder tiempo a todos? La inseguridad y el riesgo son aspectos fundamentales de esa gran lucha interna del artista. Por suerte creo que he tenido más aciertos que errores.
-¿Cuán importantes son para usted las reacciones del público?
-Me sigue emocionando escuchar las diferentes razones por las que gustan mis películas. Estoy siempre muy atento. Anoche 2000 personas vieron El buen amigo gigante por primera vez y fueron 2000 recepciones diferentes. Lo mismo ocurre con films de alto impacto como El despertar de la fuerza, que nadie interpreta igual, todos le encuentran significados diferentes. Ese es el verdadero arte de la narración, conseguir esa comunión, ese encuentro entre el artista y su audiencia: desde nosotros a la pantalla y de la pantalla al público.
-Recién hablaba de la recepción de Star Wars. ¿Nunca tuvo la tentación de involucrarse como director en esa saga?
-No, George (Lucas) siempre me hacía esa pregunta y yo le decía: "Vos hacés películas que transcurren en el espacio sideral, yo hago películas sobre gente del espacio que viene hacia mí". Ésa es la diferencias entre nosotros (risas). Pero me considero un fan absoluto de la saga.
-BFG es, a su manera, un héroe, pero se ubica muy lejos de los superhéroes que hoy inundan la pantalla. ¿Cómo se lleva con esta tendencia?
-Cualquiera pueda ser un héroe. Una persona común que ve un accidente, un auto incendiándose, le saca el cinturón de seguridad al conductor y lo rescata antes de que el coche explote es un héroe. El superhéroe puede hacer lo mismo, pero llega volando, levanta el auto, sacude a la persona y apaga el fuego con un soplido. Esa es la diferencia. Yo prefiero el héroe al superhéroe. Es más creible, me puedo identificar más con él. Nunca fui demasiado fan de los superhéroes, no entiendo eso de transformarse en una cabina telefónica, me gustan los personajes con características que todos tenemos. Me encantan las Superman de Richard Donner, las películas de The Dark Knight de Christopher Nolan, la primera Batman de Tim Burton, pero hay tantas películas de superhéroes y se parecen tanto entre sí que me cuesta distinguirlas.
Entra una asistente del equipo de comunicación de Disney y dice: "Una pregunta más". "Tres preguntas más", responde Spielberg ante la mirada resignada de la joven.
-¿Cómo hace para mantenerse tan activo y creativo con 70 años?
-Ni idea. No me lo pregunto y no lo pienso. No puedo creer que tenga 70. Levantarme por la mañana e ir a trabajar es algo natural para mí, como la hacía mi padre con las primeras computadoras. Empiezo viendo CNN en medio del tráfico durante una hora y, cuando me aburro de la realidad, empiezo a trabajar con la fantasía.
-¿Qué película o director joven lo conmovió últimamente?
El hijo de Saúl estuvo muy cerca de romperme el corazón con su aproximación al Holocausto. Vi la película un día antes de conocer al director húngaro László Némes para una cena de la Academia. La semana siguiente lo invité a mi oficina y charlamos durante dos horas de cine. Me gustaría trabajar con él ya.
-Siempre tuvo una relación generosa, de maestro-discípulo, con directores más jóvenes...
-Sí, desde Robert Zemeckis hasta J.J. Abrams (a quien conozco desde sus 15 años), muchos colegas se han acercado y me han tomado como inspiración para luego hacer cosas muy diferentes, por suerte. Todos me conocen... ¡porque soy un viejo!
La misma empleada de Disney que había ingresado minutos antes dice "Gracias", y ahora sí el reportaje llega a su fin. Habrá, de todas maneras, tiempo para romper un poco más el protocolo, sacarse unas fotos y que Steven regale un autógrafo en el pressbook de la película. La distancia entrevistador-entrevistado es una de las reglas de oro del periodismo, pero a veces, muy pocas veces, su puede hacer una excepción. No todos los días estamos ante un maestro del cine.
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