Michel Franco, el enfant terrible del cine mexicano, presenta Nuevo Orden: "La polémica me halaga"

Michel Franco, el enfant terrible del cine mexicano, presenta Nuevo Orden: "La polémica me halaga"
Michel Franco, el enfant terrible del cine mexicano, presenta Nuevo Orden: "La polémica me halaga" Crédito: Gentileza BF Paris
Diego Batlle
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25 de diciembre de 2020  • 00:11

El mexicano Michel Franco tiene apenas 41 años y ya es uno de los directores más premiados de la última década en los grandes festivales. Cuatro de sus seis largometrajes se estrenaron en Cannes y tres de ellos (Después de Lucía; Chronic, con el inglés Tim Roth; y Las hijas de Abril, con la española Emma Suárez) obtuvieron galardones en la sección oficial de la muestra francesa. En septiembre último cambió de rumbo y lanzó en la Mostra de Venecia su más reciente trabajo, Nuevo Orden, que le reportó nada menos que el Gran Premio del Jurado, segundo en importancia después del León de Oro.

Nuevo Orden es una distopía extrema, perturbadora, que no tardó en generar la controversia que el director -admite- buscaba. Ambientada en un futuro cercano (y bastante reconocible), la acción arranca en la mansión de una familia de millonarios, donde se está realizando la boda de la hija. Allí irrumpirá un grupo de asaltantes dando inicio a una escalada de violencia que incluirá secuestros, asesinatos, disturbios callejeros y la aparición de grupos paramilitares. Una mirada desoladora sobre la desintegración social, las grietas y la lucha de clases. En una entrevista con LA NACION desde su productora en Ciudad de México, Franco -un director que ha conseguido una respuesta bastante masiva entre el público de su país- habló sobre la mirada que tiene sobre su país, sobre sus diferencias con el cine de Quentin Tarantino y sobre las fuertes polémicas que su más reciente film suscitó, sobre todo, en redes sociales.

Trailer de la película Nuevo Orden, de Michel Franco

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-¿Fueron muy diferentes las reacciones que generó Nuevo Orden en la prensa internacional tras su paso por Venecia y Toronto, y lo que ocurrió después con los medios mexicanos cuando se estrenó comercialmente en tu país?

-Fue interesante el fenómeno porque la aceptación de la crítica internacional fue prácticamente unánime. Tras la première mundial en Venecia teníamos en el agregador Rotten Tomatoes un 100 por ciento de reseñas positivas y eso incluía a los medios más importantes del mundo. Ahora bajó bastante (al cierre de esta entrevista el promedio era del 67 por ciento). Yo sabía que la llegada a México iba a ser distinta. No tengo redes sociales porque allí es imposible profundizar, pero buena parte de la polémica se dio en ese ámbito. Muchos opinaron incluso sin haber visto la película, solo con el trailer. Fue la excusa perfecta para proyectar ciertos miedos, disconformidades, posturas políticas. Es todo muy efímero y hueco. La polémica, de todas maneras, me halaga. Me hubiese frustrado hacer una película de estas características, que apunta a sacudir, y que pasara inadvertida. Sin embargo, en otros espacios en los que participaron académicos, escritores o columnistas que no son de cine las discusiones fueron bastante más profundas e interesantes.

-¿Los cuestionamientos en México tuvieron que ver con la exposición de la violencia?

-Nuevo Orden en México fue víctima de la polarización. A veces me pregunto qué película vieron. No descalifico a nadie y respeto todas las opiniones, pero por momentos me parece que son demasiado sesgadas. Me acusan de representar y defender posturas que justamente cuestiono. Tenemos que entender hacia dónde estamos yendo para evitar llegar allí. Ese es mi punto.

-¿Puede ser que en el exterior hayan aceptado el espíritu más alegórico y distópico y que en México la hayan ligado más a la realidad y a la violencia sociopolítica actual?

-Creo que sí. La película es una advertencia para que atendamos que el status quo es insostenible. En todo el mundo lo entendieron. La normalización de la violencia (tenemos más de cien asesinatos por día) y la profunda militarización de México vuelven muchos más sensibles y urgentes estos temas. Se me cuestionó que es un film clasista y justamente critico el clasismo. El cine es un espejo de la realidad y de la sociedad y a veces lo que vemos en ese espejo es muy doloroso, muy difícil de aceptar y de no enojarse.

Franco dialoga con Darío Yazbek Bernal en el set de Nuevo Orden
Franco dialoga con Darío Yazbek Bernal en el set de Nuevo Orden Crédito: Gentileza BF Paris

-En varias declaraciones te diferenciaste mucho de la violencia en el cine de Tarantino, que apuesta a una estilización pop que la hace más tolerable y divertida, mientras que en tus películas es más cruda, más contundente, más incómoda...

-No estoy tan de acuerdo en que sea cruda. Muchas veces muestro el día después de un hecho violento para que el espectador se imagine cosas peores de las que filmé. La escena se detiene en muchos casos cuando empieza la violencia. Traté de no abusar, pero si quiero que sea un espejo no puedo dejar de mostrarla porque faltaría al contrato con el público. La diferencia con Tarantino es que yo nunca muestro la violencia como algo gozoso, disfrutable ni tampoco banal. Tiene que ser dolorosa y realista. Al mismo tiempo trato de que mis películas sean entretenidas, con ritmo, vertiginosas, ágiles.

-Tus cinco películas anteriores eran más intimistas, estaban más concentradas en los personajes protagónicos; esta, en cambio, es más coral, más abarcadora, mucho más ambiciosa y con un mayor alcance social ¿Por qué apostaste a un cambio tan fuerte?

-Parte del deseo de hacer una radiografía a gran escala sobre la disparidad social, la corrupción, la normalización de la violencia. Un deseo que demandó algo de estas dimensiones. Fue un reto tremendo: 3000 extras, muchos efectos visuales, una cámara en mano que busca múltiples personajes en escenas de acción en plena calle. Nunca hubiese podido hacer esta sexta película sin las cinco anteriores. Estoy muy satisfecho con el resultado.

-Te has consolidado como el enfant terrible de Cannes y ahora de Venecia. ¿Cómo te manejás con el rótulo de ser un director favorito de festivales y al mismo tiempo con la búsqueda de ser también un artista con aspiraciones masivas?

-Mi meta desde que mi primer largometraje se presentó en Cannes, hace 11 años, fue convertirme en un cineasta masivo sin por eso ser condescendiente. Después de Lucía superó en 2012 el millón de espectadores. Nuevo Orden se estrenó en salas en medio de la pandemia y ya la han visto 500 mil personas, un número muy alto para la cantidad de pantallas y el aforo limitado que estaba permitido. Estamos analizando un relanzamiento para el año que viene, cuando la gente vuelva a los cines de forma más masiva. Se ha vendido a 48 países. En Estados Unidos la maneja Neon, la misma distribuidora que llevó a la coreana Parasite al Oscar, y están seguros de que puede alcanzar un público importante. Los directores que más admiro son los que históricamente consiguieron tanto el prestigio en festivales como la aceptación del público. Cuando el cine es realmente de calidad, la gente responde.

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