Netflix: Supongamos que Nueva York es una ciudad es una brillante carta de amor a la Gran Manzana

Fran Lebowitz en su amada Nueva York, retratada por Martin Scorsese en una nueva serie documental ya disponible en Netflix
Fran Lebowitz en su amada Nueva York, retratada por Martin Scorsese en una nueva serie documental ya disponible en Netflix Crédito: Netflix
Diego Batlle
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8 de enero de 2021  • 13:30

Supongamos que Nueva York es una ciudad (Pretend It's a City, Estados Unidos/2020) Dirección: Martin Scorsese. Fotografía: Ellen Kuras. Duración: 210 minutos Calificación: apta para mayores de 13 años. Disponible en: Netflix Nuestra opinión: muy buena

Fran Lebowitz es una reconocida escritora, humorista y ocasional actriz, pero en esencia es una brillante oradora y un ícono de la ciudad de Nueva York, ciudad a la que llegó desde Morristown, Nueva Jersey, hace 50 años, siendo apenas una veinteañera. Fran es también amiga de otro famoso neoyorquino, Martin Scorsese, quien ya le había dedicado hace una década el documental Public Speaking.

Trailer de Supongamos que Nueva York es una ciudad, de Martin Scorsese - Fuente: Netflix

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Los siete episodios de media hora cada uno de Supongamos que Nueva York es una ciudad son, por lo tanto, una suerte de secuela, ampliación y actualización de aquel film producido por HBO y nos permiten sumergirnos en el pensamiento mordaz, despiadado, arrogante y brillante a la vez, de alguien que no tiene tapujos a la hora de definirse como "irritante, exasperante" o de admitir que tiene "opiniones sobre todo" y se dedica "a juzgar a los demás".

En la personalidad de Fran Lebowitz parecen convivir Oscar Wilde y Woody Allen, Gore Vidal y Dorothy Parker, Larry David y Hannah Gadsby con un look que parece una cruza entre Diane Keaton y Patti Smith. Hay en ella mucho de la tradición del humor judío, de la mirada desencantada de los neoyorquinos y de la acidez de los grandes polemistas. Scorsese no solo es su amigo, admirador y vecino sino que aquí hace las veces de entrevistador y de compañero de aventuras (por momentos es como una buddy movie en la que Marty le festeja y se ríe a carcajadas de todas las salidas ingeniosas de Lebowitz). Pero Supongamos que Nueva York es una ciudad no es apenas un unipersonal de Lebowitz (aunque cada una de sus apariciones públicas tienen algo de stand up) sino una celebración crítica de una ciudad que ella ama y odia a la vez.

La protagonista dice haber disfrutado más de la Nueva York sórdida y en bancarrota de la década de 1970 que de esta con edificios ultramodernos e invadida por turistas (la serie fue rodada antes de la pandemia de Coronavirus, por supuesto). El realizador de El lobo de Wall Street (película en la que Lebowitz interpretaba a una jueza) apela a un simpático recurso (ubicarla sobre una perfecta y gigantesca maqueta de la ciudad) y a mucho material de archivo (incluidas charlas de Fran con David Letterman, Spike Lee, Alec Baldwin y su gran amiga Toni Morrison, a quien está dedicado el documental) para reconstruir no solo la vida de la autora de Metropolitan Life y Social Studies, sino también las distintas épocas de Nueva York. De hecho, en cada uno de los episodios se habla de muy diferentes temas: el transporte público en general y el subte en particular (Lebowitz fue durante mucho tiempo la única taxista mujer de la ciudad, donde también trabajó como empleada de limpieza o vendedora ambulante), la arquitectura y la especulación inmobiliaria, la música (un recorrido que incluye a New York Dolls, Leonard Bernstein, Charlie Mingus, Duke Ellington, Marvin Gaye y el sonido Motown), la trascendencia artística y su desdén por la cultura "elevada", el placer y la diversión, la fascinación por el dinero, el activismo y el movimiento #MeToo o la salud y los deportes hasta llegar en la última entrega a su amor por la lectura, las bibliotecas públicas y las librerías.

Scorsese, como buen neoyorquino, brillante observador y hombre sensible y generoso que es, demuestra que la clave de los retratos reside en detalles aparentemente intrascendentes, en indagar en ciertas obsesiones y fobias. Ver a Lebowitz recorriendo la ciudad para descubrir las más diversas y ridículas placas que hay en las veredas o sus desventuras con los departamentos y el dinero en una Manhattan que se ha vuelto inaccesible para todo aquel que no sea millonario (o casi) son momentos en los que el cineasta y amigo descubre la esencia de una mujer multifacética e inclasificable que es también una referencia ineludible a la hora de entender por qué Nueva York fue y ¿es? una de las ciudades más fascinantes del mundo.

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