Obsesión: un deseo concedido transforma una historia de amor en una muy lograda pesadilla
El director y guionista Curry Baker se las ingenia para generar un relato lleno de “jump scares” y tensión en un ambiente rarificado y opresivo
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Obsesión (Obsession, EE.UU./2025). Dirección y guion: Curry Barker. Fotografía: Taylor Clemons. Montaje: Curry Barker. Música: Rock Burwell. Elenco: Michael Johnston, Inde Navarrete, Cooper Tomlinson, Megan Lawless y Andy Richter. Duración: 108 minutos. Calificación: solo apta para mayores de 17 años. Nuestra opinión: muy buena.
A diferencia de otros géneros populares como el melodrama o la comedia romántica, que se apoyan mayormente en el texto, el arsenal del cine de terror es audiovisual. Para aprovecharlo plenamente lo monstruoso no tiene por qué ser el presupuesto. El terror puede producir efectos mayúsculos a partir de casi nada -una figura en las sombras, la anticipación de algo que podría suceder- y, por eso, es el campo de juego ideal para que realizadores nóveles e imaginativos pongan a prueba su capacidad para narrar con los recursos más esenciales del cine.
Curry Barker, nacido en 1999, es uno de esos realizadores. Todavía adolescente hacía cortos para YouTube que combinaban comedia y horror, grabados con un celular y la colaboración de su grupo de amigos. A los 24 años, concluyó su primer largometraje, Milk & Serial, registrado en condiciones similares: costó unos 1.000 dólares y también fue estrenado en Youtube, donde cosechó millones de vistas. Teniendo en cuenta que salió más barato que la provisión de lattes y frapuccinos de un rodaje cualquiera, era solo cuestión de tiempo hasta que alguien se preguntara qué podría hacer este realizador con un presupuesto menos restrictivo.
Para Obsesión, Barker contó con 800.000 dólares y, si bien no puede decirse que sea 800 veces superior a su debut, es una película considerablemente más lograda en todos los rubros, en particular porque esta vez tuvo un verdadero equipo técnico y no debió hacerse cargo de todo. Aunque la historia parece basada en el cuento clásico de terror “La pata de mono” de W.W. Jacobs, que desarrolla el conocido tropo de la concesión de un deseo que provoca consecuencias trágicas, Barker reveló que, en verdad, se inspiró en un episodio de Los Simpson que parodiaba ese relato.

Bear (Michael Johnston), empleado en una tienda de instrumentos musicales, experimenta un enamoramiento de larga data de su compañera Nikki (Inde Navarrette), cuyos sentimientos le resultan indescifrables. No puede decidir si el evidente interés de la chica es el de una amiga considerada o algo más. A la vez, no quiere arruinar su amistad con una proposición inoportuna. Hasta aquí, es el planteo de una comedia romántica. Lamentablemente para Bear, esta es una película de terror. En un local de baratijas, encuentra un souvenir llamado “One Wish Willow” que ofrece un deseo a su poseedor. Sin tomárselo muy en serio, Bear pide que Nikki lo ame más que a nada en el mundo. Uno imaginaría que la entidad todopoderosa que concede los deseos también tendría el poder de la metáfora, pero no: el deseo de Bear es concedido al pie de la letra.

Nikki cambia instantáneamente y ya no puede separarse de él. Aunque al comienzo el chico siente que su fantasía se hizo realidad, muy rápido los acontecimientos dan un giro hacia lo siniestro. Para dar una idea de su situación: es como si Regan, la protagonista de El exorcista, creciera para volverse una novia tóxica. La película está sostenida por el rol de Navarrette, cuya sonrisa parece compuesta en partes iguales por seducción, inocencia y maldad pura. Sus reacciones son siempre impredecibles y, a veces, de una violencia descontrolada. Por esto, cada escena que protagoniza está cargada de tensión.
En silencios, gestos y movimientos anormales, es decir, en casi nada, Barker encuentra una fuente inagotable de terror. El realizador logra crear un ambiente rarificado y opresivo del que estamos tan presos como el desdichado protagonista. A la vez, no es la película más original del rubro: hay una dependencia sintomática de los jump scares y de la música ominosa. Su comentario acerca de las relaciones enfermizas y la responsabilidad afectiva puede ser pasado por alto. Con todo, la insistente inventiva del realizador para extraer miedo de elementos mínimos e inesperados señala el lanzamiento de otro talento a ser tenido en cuenta desde el trampolín del terror.
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