
Oreiro - Aleandro: choque de estrellas
Símbolos opuestos del show business, la diva del pop y la prestigiosa actriz protagonizarán en cine "Cleopatra"
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Hay sólo 72 horas de plazo para transformar el "no puedo" o "mi marido no me deja" y patear el tablero. Y no es una arenga feminista: es la línea que trazó Eduardo Mignogna -como director y guionista- para delinear los dos personajes centrales de "Cleopatra", una comedia "del camino" que comenzará a rodarse el 10 de marzo entre Buenos Aires y Mendoza, y que transcurre en tres días.
Para desarrollar esta historia con impronta femenina, el realizador escogió a dos símbolos opuestos del show business: Norma Aleandro y Natalia Oreiro. Aunque no son, como puede suponerse, el agua y el aceite: LA NACION (como adelanto exclusivo de lo que será la película) las convocó para dialogar sobre la lucha que librarán estas dos mujeres para quebrar ciertas normas sociales y encontrarse a sí mismas.
-En el guión hay un monólogo que funciona como presentación de Cleopatra, su personaje. ¿Cómo es ella?
Norma Aleandro: -Cleo ha estado muy atada, en un matrimonio de esos que se ponen de novios desde muy jovencitos. Y en 37 años de pareja fue postergando muchas cosas. Ella dice que podría estar desilusionada consigo misma, pero que no lo está porque piensa hacer cosas nuevas y tiene mucho que aprender. Y de hecho lo que hace, sin una actitud absolutamente consciente, es ir alejándose de lo que estuvo viviendo toda su vida, para acercarse cada vez más a lo que quiere ser como persona.
-¿Cómo es Sandra, la estrella de telenovelas?
Natalia Oreiro: -Es una chica con una soledad muy grande. Sufrió, sin querer aceptarlo, el abandono de su mamá. Y su papá se enamoró de otra persona. A partir de ahí tiene un gran vacío dentro de ella, que evidentemente trata de tapar con otras cosas quizá más externas. Está en pareja con una persona que se parece mucho más a su papá que a un novio. En realidad eso es lo que más la atrae de Francis, un productor que de alguna manera la hizo famosa.
-En cierta forma, Sandra es lo que los demás quisieron que fuera. Y Cleo es lo que se esperaba de ella. Hasta que se produce el detonante.
N.O.: -Es lo que se dejó hacer. Ella quería ser aceptada. Tenía una gran necesidad de que la quisieran. Y entró en el medio artístico, donde parece que todo el mundo la quiere (sonríe), pero donde en realidad sufre.
N.A.: -Cleopatra es lo que se esperaba: buena madre, buena esposa, trabajadora, que tira para adelante, emprendedora. Es servicial en el mejor sentido de la palabra. Y es animosa. Pero hay un quiebre en su vida, ella viene soportando muchas cosas desde hace tiempo.
-¿Ese quiebre se produce a partir del encuentro entre ambas?
N.A.: -Cleo nunca supo rebelarse. Es de esas personas que por no pelear no expresaba su forma de pensar con el marido. Pero no por eso es una mujer amargada: tiene esperanzas, no la ha quebrado la vida. Y esto es lo que vemos cuando empieza a alejarse, en ese encuentro con esta chica, que por una pelea con su novio deja el programa que estaba haciendo y tiene la idea de irse de Buenos Aires. Pero Cleopatra no, se va yendo sin una propuesta pensada de antemano. Sandra le propone que se tome unas vacaciones del marido. Para Cleo, que no lo niega ni lo acepta, su naturaleza empieza a florecer de otra manera. Ella siempre tuvo el tironeo entre lo que debe y lo que quiere hacer. Y al final descubre que hay otra zona: qué siente respecto de las cosas, y finalmente qué quiere hacer. Este es el periplo, el pequeño viaje de Ulises de esta mujer.
-¿Cómo se produce el "clic" en Sandra?
N.O.: -En cierto momento límite, está tan estresada y todo eso que la rodea la hace tan infeliz, que -como el personaje de Norma- decide patear el tablero. Sin saber muy bien qué es lo que va a hacer. De alguna forma, lo suyo es "quiero discontinuar durante un ratito y volver a ser lo que perdí", o ser esa persona que realmente la haga feliz. Entonces, se va.
El camino del corazón
Las protagonistas apenas se conocían tangencialmente, a través de la pareja de Oscar Ferrigno, el hijo de Aleandro. Por lo demás, nunca habían trabajado juntas. Pero de inmediato establecieron algunas coincidencias básicas. Una de ellas es el "no" tajante cuando se les sugiere que a partir de ahora corren el riesgo de ser consideradas como las Thelma y Louise del cine criollo. Es que la película de Mignogna toma por otros caminos.
-¿"Cleopatra" es exclusivamente una película sobre mujeres?
N.A.: -Es más complejo que eso: el libro intenta no solamente mostrar el alma femenina, sino el alma humana. Porque muestra qué pasa cuando no se sigue el camino del corazón. Y qué difícil es a veces seguirlo. Porque tiene riesgos. Y por ahí tiene menos riesgos cerrar la vida, y vivirla como se supone que uno la tiene que vivir -evidentemente tiene menos dedos que a uno lo señalen, ¿no?-. Pero toma dos mujeres, porque también en ese sentido, del esclavismo humano, las mujeres somos de los buenos representantes. Pienso que primero son los niños, segundo algún color en la piel y luego la mujer. Entonces, hay una forma de esclavismo tan aceptada socialmente que no se nota. Creo que de eso también habla la película.
N.O.: -Sin querer ser feminista, porque no lo soy, la película también muestra la fuerza femenina. Porque son dos mujeres las que se animan a decir basta. No creo que ni el marido de Cleo ni mi amante, el productor, sean felices, porque viven una irrealidad, y tienen a su lado gente a la que no están haciendo felices. Creo que las mujeres nos hacemos más cargo del "basta". Quizá nos cuesta más, por este modelo social. Pero tal vez nos animamos más.
N.A.: -Y además, es difícil que la misma mujer se dé cuenta de que realmente vive una esclavitud. Cleopatra no lo plantea de esa manera. Creo que no se ha puesto a pensarlo de esa forma. Y se pone a vivir, a salir de eso.
N.O.: -Mi personaje sí se da cuenta, dice que se siente un piano.
N.A.: -Sí, y de marca registrada.
-¿Creen que ese mandato del "deber ser" sea propio de las generaciones de adultos antes que de los jóvenes?
N.A.: -Las mujeres de hoy tienen otra libertad.
N.O.: -No sé, porque a los chicos también se les exige "tenés que sacar diez en la escuela, no tener faltas de ortografía". Los mandan a hacer diez actividades al mismo tiempo, sin entender que algunos chicos son diferentes. Depende de los padres, del círculo social. Pero, por ejemplo, también está el caso de chicos que están en la calle y salen a trabajar porque sus padres no trabajan.
-¿En qué aspectos de sus personajes se reconocen?
N.A.: -Me gusta de este personaje que esté bastante lejano de mi personalidad en cuanto a forma de vida. Hay un punto en el que me encuentro: yo tiendo para el lado de la alegría y del humor. En general, me atrae hacer personajes que están lejos de mí, si no es bastante aburrido hacer de mí. Para un actor, cuanto más lejano sea el comportamiento, el alma y la forma de vida de un personaje a interpretar, es más atractivo.
-Además de eso, en algún momento de la vida hay ciertas preguntas o cuestionamientos que la mujer se hace con respecto a sí misma, ¿no?
N.A.: -Sí. Esa mirada está en el personaje. También en mí. ¿Cuántas veces quisiéramos patear ciertos tableros de la vida? Y a veces uno no lo hace por las obligaciones contraídas, por ser responsables. Incluso por un trabajo, que no era lo que pensabas que iba a ser. Tenés ganas de mandar todo al demonio y no lo hacés porque tenés una responsabilidad frente a eso, ¿verdad? Este es un personaje bastante típico de cierta forma de ser mujer, esposa y madre, muy visible en mucha gente. Y en ciertas edades, eso empieza a pesar gravemente. Me pasó en seminarios de teatro que he dado, con mujeres grandes que se vinieron a anotar y decían "mi marido no me dejaba". Se separaron o enviudaron, y empiezan a vivir de verdad y a ser ellas. Es muy llamativo en un país que no suena tan machista como otros. Pero el machismo también es un problema del hombre y de la mujer. Es una educación, una forma de vida, una cultura.
N.O.: -Creo que lo único que mi personaje tiene un poco en común (y que para mí es un buen desafío hacer algo completamente diferente) es la profesión. Quizá se pueda decir: "Ah, el personaje de la protagonista de telenovelas". Pero yo soy actriz. Y este personaje terminó haciendo protagónicos de telenovelas. Otro punto en el que me reconozco, algo que este personaje hace en forma innata, es en luchar por la libertad, por el amor y por ser uno mismo. Desde chica, mi decisión fue patear el tablero. Para la edad, para el país (N. de la R.: Oreiro nació en Uruguay), para la sociedad, podía sonar extraño.
-¿Hoy te miran con más "simpatía"?
N.O.: -Claro. Pero en ese momento, para el barrio y para mi familia era como la oveja negra, aunque mi decisión estaba tomada.
Heroínas
Las agendas de las protagonistas no tienen baches. Aleandro realizará una gira corta con "Mi querido mentiroso" apenas termine de filmar. Y en la segunda mitad del año tiene la posibilidad de combinar una película en España -producida por Gerardo Herrero- con otra producción nacional. Oreiro partirá en mayo a Rusia, por dos meses, para presentar "Turmalina", su último compacto, abriendo un paréntesis en su actividad actoral. Patear el tablero -esta condición que le demandan a sus personajes- es para ellas una actividad cotidiana.
Hitos de Norma
- 1952: primera película (“La muerte en las calles”).
- 1988: nominada al Oscar como actriz de reparto por “Gaby”.
- Tres Cóndor de Plata: por “La historia oficial”, “Sol de otoño” y “El hijo de la novia”.
- De todo: de “Cosa juzgada” a la literatura; de actriz de TV a directora de teatro y ópera, fue premiada en Cannes y en San Sebastián.
Hitos de Natalia
- 1989: a los 12 años empezó a trabajar en publicidad.
- 1994: Primera novela (“Inconquistable corazón”).
- 1998: Debuta en cine (“Un argentino en Nueva York”).
- Rating: Mucho, con “Muñeca brava” y “Kachorra”.
- De todo: madrina de la selección uruguaya y cantante. Sus novelas se exportan al mundo y hace giras internacionales para presentar sus discos.




