París, la ciudad que se convirtió en estrella de cine

La capital francesa, con su belleza y sugestión, es la verdadera protagonista de algunos clásicos como "Sin aliento", de Godard
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26 de diciembre de 2001  

PARIS (The New York Times).- "He estado en París, Francia, y en París, Paramount", dijo una vez el director Ernst Lubisch, para agregar luego: "Y París, Paramount, es mejor..."

Los que estamos en París a veces olvidamos mirar la vista, pero el mundo del cine ha tratado incesantemente de captar la atemporal belleza de la ciudad y su obstinado misterio, examinándola desde todos los ángulos y en cada variación de su famosa luz. Ya sea desde las calles de Montmartre o en los estudios de Hollywood, París siempre ha sabido seducir a la cámara.

La primera vez que vi París en el cine fue en "El globo rojo" (1956) de Albert Lamorisse. El film casi no tiene diálogo, poca gente complementa el paisaje de calles vacías y panaderías en las esquinas, líricas filas de ventanas con postigos y estrechos callejones. Esta película, ganadora del Oscar, es la historia de un escolar, Pascal, y del globo rojo que lo sigue a través del luminoso barrio de Ménilmontant, y termina con la desaparición del globo a manos de unos matones, mientras todos los globos de París se llevan al niño al cielo. Recientemente, en una muestra de documentales titulada "Paris comme au cinéma", que se exhibe hasta fines de diciembre en el Pavillon de l´Arsenal, un museo de urbanismo y arquitectura, se pasa incesantemente un hipnótico documental de 1967, "Paris Jamais Vu". En lo que resulta ser un helicóptero, los espectadores pasan a través del Arco de Triunfo, se deslizan sobre calles y plazas, se encuentran cara a cara con las gárgolas. No es sorprendente que ese documental haya sido realizado por Lamorisse, como si hubiera filmado la secuela de "El globo rojo" para ofrecer a los espectadores la privilegiada vista de Pascal cruzando el cielo parisiense sostenido por los globos.

Las películas han globalizado el sueño de París, pero la propia ciudad ha estado siempre infatuada con su imagen. Para preservar y celebrar su lugar en el cine, la ciudad financia su propia cinemateca, el Forum des images , que contiene alrededor de 7000 films sobre París: largometrajes, cortos, documentales, videos caseros, films publicitarios y noticieros. El director, Michel Reilhac, declaró que la cinemateca se inauguró en 1988, cuando el poeta Pierre Emmanuel convenció a su amigo Jacques Chirac, entonces alcalde de la ciudad, "de que era hora de que un lugar como París tuviera un sitio donde guardar y acumular su propia memoria audiovisual". Reilhac agregó que París es la única ciudad del mundo que dispone de esa colección y la preserva.

"La verdadera estrella del cine y la televisión es la ciudad", escribió Chirac en 1992 para el catálogo de lo que entonces se llamaba la Videoteca de París. Por cierto, París es la protagonista de clásicos como "Sin aliento" (1959, de Jean Luc Godard, y "Hotel du Nord" (1938), de Michel Carné, pero las películas no tienen que ser necesariamente rodadas en ciudad para formar parte de la colección. "Puede incluir films rodados enteramente en otra parte, pero en los que París está tan presente que la película termina centrándose en la ciudad", dijo Reilhac.

El Forum des Images añade cada año alrededor de 100 horas de material nuevo, y en enero empezará a digitalizar su colección, y a compilar una base de datos de los más de 50.000 films sobre París o rodados en París. "Tiene sentido que una ciudad importante conserve las huellas visuales de sus cambios para construir su propia memoria", dice Reilhac. "Para un parisiense es conmovedor ver, a veces en el fondo de viejas películas, cuántos autos había, cómo se vestía la gente, cómo caminaba y cómo se comportaba. Hasta la lengua, el acento, son un recuerdo increíble de esos tiempos. Como tenemos films de hace cien años, nuestra idea es verdaderamente establecer contacto con el pasado."

Parte de ese pasado es la manera en la que París ha sido interpretada por extranjeros. El sueño de París está tan arraigado en el mundo de la imaginación romántica que una simple toma de la Torre Eiffel indica romance. Y Hollywood ha explotado con frecuencia los obvios encantos de la ciudad, en películas insípidas y superficiales como "Olvídate de París"(1995), de Billy Crystal o "Todos dicen te quiero" (1996), de Woody Allen; más atractiva, pero no menos simplista es la película para turistas de Billy Wilder, "Sabrina" (1954), o la adorable y ahora anticuada "A París con amor" (1954), en la que un aristocrático escocés va con su hijo a París para proporcionarle un curso acelerado de "La vie sentimentale".

Pero la fantasía de París es tan codiciada que puede usarse sin presencia activa de la ciudad, sólo nombrándola. En "Ultimo tango en París", Marlon Brando interpreta a un estadounidense que quiere perderse en París y termina muerto en la terraza de una amante que jamás supo su nombre. Y este año, en el Festival Internacional de Cannes, se presentaron varios films donde París era el escenario omitido de la acción, como "Trouble Every Day", de la directora francesa Claire Denis, en el que una pareja norteamericana en luna de miel (interpretada por Vincent Gallo y Tricia Vessey) sólo sale del hotel para hacer compras (ella) o para devorar gente (él, que es vampiro). Y en "CQ", de Roman Coppola, se explota el manido tema del cineasta en potencia que explora París en busca de algo que decir.

De todos modos, siempre habrá gente que insiste en que París se ve mejor desde el otro lado del mundo. El director francés Jean Pierre Jeunet. Empezó a imaginar su film "Amélie" mientras trabajaba en Los Angeles. Y el film, protagonizado por la joven Audrey Tautou como una camarera que se convierte en secreta benefactora, ha tenido un gran éxito en Francia. Jeunet lo rodó en Montmartre, que ha servido de escenario en tantos otros films. Vincent Minelli lo evocó con escenografías pintadas en su adorable "Un americano en París" (19519, Jean Renoir lo reprodujo en el estudio para su "French Cancan" (1955); Franois Truffaut usó sus calles en "Los 400 golpes", y el reciente "Moulin Rouge", de Baz Luhrmann, fue rodado en un elaborado estudio en Australia.

Godard, por su parte, filmó su propia serie de bellas postales en su último film "En alabanza del amor", una meditación sobre la memoria y la historia del amor. En las partes en blanco y negro de esta película, el París de hoy conserva una atmósfera atemporal: la fuente de la Place de la concorde, un hombre tendido boca abajo en un banco de plaza, acompañado por su perro, vagabundos envueltos en frazadas, inmóviles como estatuas bajo las recovas, los negros remolinos del Sena por la noche, los faros de los autos y los faroles callejeros convertidos en estrellas.

Los recuerdos de un lugar comienzan en un momento diferente para cada uno de nosotros, pero las películas contribuyen a que esos recuerdos no se disipen. Si la torre Eiffel fuera destruida mañana, es improbable que los realizadores franceses se apresuraran a extirparla de sus films. La verdadera París puede ser tan frágil como cualquier otro lugar de la tierra, pero la París de nuestra imaginación será siempre un refugio seguro para nuestros sueños.

"Nada es más bello que París", dijo en una oportunidad el director francés Chris Marker, "salvo el recuerdo de París".

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