Paso en falso del joven mago

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11 de julio de 2007  

Harry Potter y la Orden del Fénix ( Harry Potter and the Order of the Phoenix , Estados Unidos-Gran Bretaña/2007). Dirección: David Yates. Con Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Michael Gambon, Richard Griffiths, Ralph Fiennes, Brendan Gleeson, Gary Oldman, David Thewlis, Maggie Smith, Julie Walters, Robert Hardy, Imelda Staunton, Alan Rickman, Emma Thompson, Helena Bonham Carter y Robbie Coltrane. Guión: Michael Goldenberg, basado en la novela de J. K. Rowling. Fotografía: Slawomir Idziak. Música: Nicholas Hooper. Edición: Mark Day. Diseño de producción: Stuart Craig. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 138 minutos. Apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: regular

Podría iniciarse esta crítica con frases irónicas a tono con la historia del tipo "a Harry se le agotó la magia", "ya no hay truco que valga" o "el guionista y el director no fueron tocados por la varita mágica". Pero lo cierto es que los cambios no le han hecho nada bien a esta quinta entrega de la saga basada en las creaciones literarias de J.K. Rowling.

La inclusión de un director inglés casi novato en cine (toda su carrera la desarrolló en la televisión) como David Yates y el reemplazo del notable guionista Steve Kloves, responsable de adaptar las cuatro entregas anteriores (y afortunadamente también de las dos finales), por el mediocre Michael Goldenberg han determinado que La Orden del Fénix sea el peor producto en lo que va de la serie. Una apreciación que, de todas maneras, tendrá seguramente sin cuidado a los cientos de miles de argentinos que se han subido desde hace tiempo a la ola de la pottermanía y que consumirán con igual avidez tanto esta película como el último libro, que también se edita por estos días.

Es bueno aclarar de entrada que no estamos ante ningún desastre cinematográfico: la saga de Harry Potter tiene detrás un soporte técnico, económico e industrial que aseguran la solidez formal de cada película. El problema es que, en la comparación, La Orden del Fénix sale perdiendo en casi todos los rubros frente a sus cuatro antecesoras y, para peor, prácticamente ninguna de sus innovaciones (en temas, conflictos o nuevos personajes) funciona del todo bien.

La Orden del Fénix no alcanza la misma espectacularidad que sí entregaron anteriormente las escenas fantásticas y de acción sustentadas en los efectos visuales de la compañía Industrial Light & Magic, que lidera George Lucas. El guión, pedestre, elemental y previsible, dilapida en su condensación de 870 páginas a poco más de dos horas de metraje las principales propuestas de esta entrega (el surgimiento como líderes revolucionarios de Harry y Hermione; la presentación de la sociedad secreta de la Orden del Fénix, y la creación del ejército de Dumbledore para enfrentar al de Voldemort). Tampoco se gana demasiado con la inclusión de dos nuevas malvadas como Dolores Umbridge (la talentosa Imelda Staunton), la represiva y siniestra nueva maestra de Defensa contra las Artes Oscuras, y la despiadada Bellatrix Lestrange (Helena Bonham Carter). Y, finalmente, la película también queda en deuda con el nuevo "gran" duelo de Harry y Dumbledore contra Voldemort, cuya puesta en escena remite de manera bastante obvia a los enfrentamientos de los caballeros Jedi en la saga de La Guerra de las Galaxias .

Mientras tanto, La Orden del Fénix ha dilapidado la tensión erótica entre Harry y Hermione (uno de los aspectos más interesantes en la evolución de la historia) y ha transformado a casi todos los personajes secundarios (muchos de ellos interpretados por actores de primera línea) en simples elementos de mampostería.

En términos de imagen, el trabajo del fotógrafo polaco Slawomir Idziak es, apenas, funcional, así como lo es la música de otra incorporación de esta quinta parte como Nicholas Hooper. Pero tanto en el nivel formal como en el dramático, La Orden del Fénix queda a una gran distancia de, por ejemplo, El prisionero de Azkaban , la mejor de la saga gracias a la audacia visual y narrativa del mexicano Alfonso Cuarón. Es precisamente ese desparpajo el que se extraña en este film tan correcto, temeroso, calculado, prefabricado como el que construyó David Yates.

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