"Ricos, casados e infieles", la comedia que se convirtió en un enorme caos
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"Ricos, casados e infieles" ("Town & country", Estados Unidos/1998-2001). Dirección: Peter Chelsom. Con Warren Beatty, Diane Keaton, Goldie Hawn, Garry Shandling, Andie MacDowell, Jenna Elfman, Nastassja Kinski, Charlton Heston. Guión: Michael Laughlin y Buck Henry. Fotografía: William A. Fraker. Producción de New Line Cinema presentada por Distribution Company. Duración: 104 minutos. Para mayores de 13 años con reservas.
Nuestra opinión: regular
Esta película se constituyó en uno de los mayores desastres financieros en la historia de Hollywood y su caótico rodaje, en una incesante disputa entre egos y vanidades. Lo que en principio iba a ser una simple screwball-comedy en la línea del genial Preston Sturges sobre la infidelidad en el seno de dos parejas de la alta burguesía de Manhattan se convirtió en un faraónico proyecto que demandó tres años de trabajo varias veces interrumpido, latas de material filmado que se perdieron de forma misteriosa, un costo que se fue hinchando hasta superar los 90 millones de dólares (apenas recaudó 7 millones en los Estados Unidos), múltiples reescrituras del guión y constantes peleas entre el director inglés Peter Chelsom y las estrellas convocadas, a tal punto que casi todas las fuentes coinciden en que fue Warren Beatty el que terminó al comando de la empresa.
Frente a semejantes condiciones, "Ricos, casados e infieles" resulta una verdadera rareza: una película incoherente, librada a su suerte, pero que a la vez entrega momentos de genuino delirio y de un gran desenfado.
Dentro de la historia conviven (sin demasiada armonía) diversos tipos y tonos de comedia, que van desde el romanticismo edulcorado hasta la sátira negrísima, pasando por el humor físico y por esos diálogos alocados propios del apuntado género screwball de los años 30.
Warren Beatty y Diane Keaton, y Goldie Hawn y Garry Shandling forman dos parejas maduras de gran prestigio profesional y excelente pasar económico (departamentos en la Quinta Avenida de Manhattan y mansiones diseminadas en distintos puntos del territorio estadounidense), que se manejan en limusinas y viajan a París para festejar el vigésimo quinto aniversario de casados.
Pero tras esa fachada donde lo más importante, según ellos mismos definen, es "la continuidad y la estabilidad" se esconde un mundo de apariencias e infidelidades, hipocresías y doble moral, miserias y mentiras que pronto saldrán a relucir de la peor manera.
A Beatty se le cruzarán diversas mujeres (Andie MacDowell, Jenna Elfman y Nastassja Kinski), pero terminará manteniendo un affaire con Hawn (reeditando así la pareja que 25 años atrás hicieron en "Shampoo"). El eterno galán de Hollywood no hace otra cosa que parodiarse a sí mismo, al igual que el veterano Charlton Heston, en una historia que permite cualquier tipo de guiños y de excesos (desde un personaje que es un revolucionario latinoamericano que vive semidesnudo y alcoholizado hasta un Beatty que pasa unos cuantos minutos disfrazado de oso polar) y en la que los actores secundarios aparecen y desaparecen como si el guionista fuera el mago David Copperfield.
El impresionante elenco reunido hace lo que puede para sobrellevar personajes sin el más mínimo espesor psicológico, evolución ni consistencia dramática y para sortear con elegancia las situaciones inverosímiles a las que es expuesto. Además, la utilización de la voz en off en la segunda mitad de la película surge como una suerte de último recurso para dotar de una mínima cohesión la deshilachada trama.
Pero, como ocurre con muchos de los productos anómalos que de vez en cuando se escapan al control de esa maquinaria tan rígida que es Hollywood, "Ricos, casados e infieles" no deja de ser una película en algún sentido simpática y querible, a pesar de (o gracias a) su accidentada y defectuosa realización.





