
Secretos de familia, según Ferzan Ozpetek
Mine vaganti explora de manera divertida la historia de dos hermanos gays que tratan de hallar la felicidad dentro de una familia tradicional italiana reacia a aceptar sus elecciones de vida. Combina el drama familiar y la farsa, y aborda el argumento con calor, humor y gracia." Con estas palabras, el jurado del Tribeca Film Festival de Nueva York justificaba hace poco más de un año la entrega de un premio especial al más reciente trabajo de Ferzan Ozpetek, con el que el realizador ítalo-turco introdujo algunas variaciones en su festejado cine de sentimientos. Cambios de tono y de escenario, fundamentalmente, ya que en este caso ha filmado en el Sur, lejos de su entrañable Roma (ciudad en la que reside desde que llegó de Estambul en 1976 y que sabe retratar con excepcional sensibilidad), y se ha volcado a la comedia, después de dos obras de fuerte contenido dramático, como Cuore sacro , en torno de un caso de altruismo extremo próximo al delirio místico, y Saturno contro , otra historia sobre una comunidad de amigos, alterada por la muerte y obligada a elaborar el duelo. La primera no tuvo buen eco comercial en Italia y fue poco y nada difundida en el exterior; la segunda, lamentablemente, sólo se exhibió aquí en ciclos de preestrenos italianos. Mine vaganti , que se conocerá en las próximas semanas, marcará pues, a seis años del estreno de La ventana de enfrente , el reencuentro con un cineasta que desde el principio y con apenas tres títulos supo ganarse la admiración de un apreciable sector de público local.
Ozpetek, que últimamente ha ingresado en el mundo de la ópera (hizo la régie de Aida , en el Maggio Musicale Fiorentino, y se ha comprometido con el San Carlo de Nápoles para una Traviata en 2012), fue una revelación en Italia cuando en 1997 estrenó El baño turco ( Hamam ), en la que resumía en trazos sutiles el contraste entre sus dos culturas y sumaba a su refinamiento oriental la elegancia casi displicente de su patria adoptiva. La sinceridad y la afectuosa naturalidad con que abordaba el tema gay –una constante en su cine, así como las pequeñas comunidades de amigos (él las llama tribus) que suelen asumir en sus relatos el papel de la familia– fueron también decisivas para cautivar a un público sensible y abierto, que después se multiplicó con El hada ignorante (2001) y La ventana de enfrente (2003), y que ha vuelto a aplaudirlo con Mine vaganti , en la que se despoja de los tintes melodramáticos y se divierte descubriendo secretos y mentiras de una familia de industriales de la pasta en la Apulia. Y aunque el conflicto (o mejor: la situación explosiva) se produce cuando un inesperado destape acerca de la condición sexual de cada uno estalla a la hora de decidir quién entre los hijos varones debe hacerse cargo de la conducción de la tradicional empresa, Ozpetek insiste en que no se trata de un film sobre la homosexualidad. "Lo que me propongo –ha dicho– es echar una mirada, espero que madura y divertida, sobre el gran tema de la familia. Que sigue siendo misterioso y estimulante, a pesar de todas las transformaciones sociales." No faltará, cabe presumirlo, la clásica escena de la reunión en torno de la mesa y los platos humeantes. Que las familias de Ozpetek, las unidas por lazos de sangre o las que liga el puro afecto, celebran como un ritual en casi todas sus historias. Y que aquí, entre fabricantes de pasta, se hacen poco menos que insoslayables.
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