
Sólo para fanáticos de Scooby Doo
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"Scooby Doo 2: monstruos sueltos" ("Scooby Doo 2: Monsters Unleashed", EE.UU./2003). Dirección: Raja Gosnell. Con Freddie Prinze Jr., Sarah Michelle Gellar, Matthew Lillard, Linda Cardellini y otros. Guión: James Gunn y Craig Titley, basado en los personajes creados por William Hanna y Joseph Barbera .Fotografía: Oliver Wood. Música: David Newman. Presentada por Warner Bros. Duración: 90 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: regular
Scooby Doo llegó a la TV en 1969 mediante numerosos dibujos animados creados por William Hanna y Joseph Barbera, conocedores del gusto de la platea infantil. Con el paso del tiempo, los productores decidieron ampliar el éxito y rodaron en 2002 "Scooby Doo: la película", en la que su protagonista se asociaba con un grupo de juveniles detectives en Mysteric Inc. para dilucidar intrincados casos policiales. El éxito de público acompañó este primer intento, y ahora el realizador Raja Gosnell retoma al perro y a sus compañeros y los ubica, combinando hábilmente dibujos animados y seres de carne y hueso, en una aventura que posee como centro de la acción un museo poblado de fantasmales figuras que amenazan a toda la ciudad, contra las cuales el cuarteto de detectives deberá luchar.
Con la incesante presión de una reportera y de los aterrorizados habitantes de la urbe, que observan atónitos cómo esas inmóviles figuras cobran vida y comienzan una serie de actos delictivos, los integrantes de Mysteric Inc. se empeñan en una alocada batalla para que la ley vuelva a imperar. Todas las pistas de Fred, Daphne, Shaggy y Vel y del propio Sccoby Doo apuntan a varios sospechosos, pero entre corridas, sustos y sorpresas, el culpable es alguien de quien menos se sospecha. Los detectives son muy poco sutiles, aunque saben de qué forma armar el rompecabezas que aquí les presentan los guionistas.
El film repite la fórmula de la primera aparición de estos personajes en la pantalla grande, y pocas veces logra algún gag eficaz que permita la risa espontánea de los niños, principales destinatarios de esta producción que no escatima efectos especiales, bailes, canciones, estruendosa música y reiterativas situaciones. Los actores prosiguen con su habitual rutina a la que los obliga un guión sin mayores atractivos, en tanto que el realizador dejó librados al azar a estos detectives ya bastante anacrónicos, envueltos en una trama que pedía mayor imaginación. Si los pequeños espectadores son seguidores de Scooby Doo, pasarán un momento grato con las diabluras del perro-policía. Si, en cambio, ya vieron la primera parte de esta saga y no salieron muy convencidos de su atracción como entretenimiento, sería mejor que eligieran otra opción cinematográfica.
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