
Sophia Loren, aplaudida y pícara
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ROMA.- Si Francis Ford Coppola encarna la pasión de los cinéfilos, Sophia Loren, homenajeada con un documental que traza el recorrido de su carrera ( Sofia ieri oggi e domani ), es la diva por antonomasia, la representante máxima de una estirpe de actrices que caracterizaron lo mejor el cine italiano.
Gente de todas las edades se puso de pie para saludarla en la suntuosa sala Santa Cecilia del auditorium romano cuando esta bellísima mujer, increíblemente atractiva con sus 73 años, hizo su entrada para el multitudinario encuentro con el público de la muestra.
Vestida de negro y con zapatos de raso rojos, la Loren conquistó inmediatamente a la platea -un poco intimidada por tener al alcance de la mano al mito viviente- cuando dijo que sus únicos maestros fueron las películas de Chaplin y Walt Disney que veía en el cine de Pozzuoli, la ciudad cercana a Nápoles que pasará a la historia sólo porque allí nació ella.
La actriz tuvo un recuerdo emocionado para su fallecido marido, el productor Carlo Ponti; para Vittorio De Sica, "un napolitano como yo y la única persona que frecuentaba fuera del set"; para Chaplin, con quien hizo finalmente un film, La condesa descalza ; y para Marcello Mastroianni, con quien formó la pareja más bella del cine italiano.
Pero la fantástica Loren confesó también una debilidad, un pecado venial: la envidia por Meryl Streep, que en Los puentes de Madison , de Clint Eastwood, "hizo un papel que tenía que ser mío y hasta me imita un poco", según reconoció con más picardía que celos.
También lamentó no haber hecho nunca el personaje de Ana Karenina en el cine "porque era el papel que mi madre, si hubiera sido actriz, habría querido hacer".
Con una carrera fulgurante, dos hijos -uno cineasta y el otro afirmado como director de orquesta- y un nieto, Sophia podría darse por satisfecha pero todavía le queda espacio para añorar la ausencia de Carlo Ponti, que no pudo conocer a su nieto.
En medio de tanto jolgorio y tantas estrellas, cayó como una bomba la noticia del acto vandálico cometido arrojando anilina color rojo en la célebre Fontana de Trevi, que no sólo es uno de los mayores monumentos barrocos de Roma sino que también entró en la iconografía cinematográfica, inmortalizada por el famoso baño de Anita Ekberg en La dolce vita, de Federico Fellini, y en el azucarado pero no menos famoso en su tiempo film Tres monedas en la fuente , de Jean Negulesco.
Un documento firmado por una misteriosa Acción Futurista, que se atribuyó la paternidad del atentado, explica que se trató de una protesta contra la Muestra del Cine de Roma con razones escritas con un lenguaje críptico que las autoridades romanas aún están tratando de interpretar.
El alcalde de Roma, Walter Veltroni, que además es el autor de la idea del festival romano y flamante líder del recién nacido Partido Democrático, se sintió personal y políticamente agraviado por la acción. Veltroni, mientras disfrutaba de su "Fiesta" junto a la Loren tuvo que soportar una afrenta casi personal y ver cómo las fotos de la célebre Fontana con las aguas teñidas de rojo sangre daban la vuelta al mundo.



