
Un film noir con la firma de Marchal
En MR73, el cineasta francés, director de El muelle, recobra aquí un complejo caso de sus años como policía
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MR73 no es el nombre clave de un agente secreto ni la contraseña para operar en un cajero automático ni el número de cierto mister de alguna ignota cofradía: es un arma. Un revólver fabricado en Francia desde mediados de la década del 70 para responder a las demandas de la policía, en especial, de sus unidades de elite. Cumplió su función en aquellos tiempos, pero hoy, tecnología mediante, se ha convertido, sobre todo, en pieza de colección. Salvo para Daniel Auteuil, el protagonista del nuevo film de Olivier Marchal, que recurre a él cuando el destino lo encierra en una situación límite que le impone decisiones extremas. Aunque MR73 nunca fue un nombre demasiado familiar para el ciudadano común (sí lo es todavía entre los uniformados y los coleccionistas de armas), el director de El muelle lo eligió para titular este film en el que vuelve a ingresar en el universo policial con la autoridad y el conocimiento que recogió durante los años en que perteneció a la fuerza. De esas experiencias, nació el tríptico cinematográfico que inició con Gangsters (2002, no estrenada en nuestro país); continuó con El muelle (2004), su aplaudida remake de Crimen en París , de Henri-Georges Clouzot, y cierra con MR73, la última misión (2007), cuyo estreno anuncia Pachamama Cine para pasado mañana.
Este film noir que Marchal ha definido como "una oda a la soledad, la desesperanza y el vagabundeo" le fue inspirado por un caso del que participó y dejó en él profundas marcas, tan fuertes que resultaron el factor determinante para que perdiera la fe en Dios y decidiera abandonar la policía. "Nunca fui el mismo desde entonces", ha dicho. Su film tiene, puede sospecharse, bastante de catarsis. Porque aun cuando vuelve a denunciar, como en su film anterior, la corrupción y la apatía que ha observado en la institución, aquí prevalece el drama humano. Es -según sus palabras- un film sobre la redención y el olvido, pero también un descenso a los infiernos, la última etapa del calvario de un policía y un doloroso grito en demanda de amor.
"Muéstrenme un hombre, y yo les mostraré una tragedia", es la idea que resume la obra del cineasta francés, según opina Catherine Marchal, que, además de su esposa, es intérprete de uno de los dos personajes femeninos de la película. Lo conoció -cuenta en la entrevista realizada en París gracias a una invitación de Unifrance- cuando compartieron un elenco teatral. Entonces, él todavía vestía el uniforme: "Trabajaba cuatro jornadas nocturnas y después tenía diez días libres -explica- y ya hacía
tiempo que había debutado en teatro y en TV [también como libretista]". Catherine observa que de aquel contacto directo con el crimen, la degradación y la violencia procede la visión sombría que transmiten los films de Olivier.
El favorito de los policías
Uno podría suponer que la descripción tan implacable que hace de las flaquezas de la institución le habrá acarreado problemas con sus ex compañeros: "Todo lo contrario -corrige Catherine-, es para ellos el preferido entre los autores de cine policial. En la propia revista corporativa, no hace mucho se lo ponía por encima de todos, incluso de Jean-Pierre Melville". Quizá no tanto porque todos compartan su visión tan oscura, sino porque perciben que habla de lo que conoce, supone Catherine. "Lo que cuenta es su verdad."
Y lo hace descarnadamente. "No creo que el cine pueda ir mucho más allá", presume ella, y se refiere al extremo realismo con que el film describe varios casos de perversos asesinatos seriales: algunos en el pasado, entre ellos el que ha contribuido a convertir al protagonista en una ruina humana; otro, actual, el de un depravado del que no se tienen pistas y que ha dejado un tendal de mujeres atacadas con saña, violadas y estranguladas. MR73 tiene en abundancia todos los ingredientes de un polar: alcoholismo, homicidios brutales, un protagonista solitario, golpeado por la vida y al borde del derrumbe moral, y un ambiente deshumanizado y corrupto.
Aunque ha trabajado en todos los films de Marchal, es la primera vez que a Catherine le toca el papel de una policía, quizá la única colega del protagonista que entiende su drama porque coincide con su visión crítica del entorno y ha vivido experiencias parecidas. "Ya sé empuñar un arma, inmovilizar a un detenido, colocarle las esposas -se ríe-, pero lo importante en el film no es lo puramente policial, sino el conflicto interior de los personajes, en todos los cuales -el de Auteuil, en especial-, Olivier volcó algo de sí mismo, de sus vivencias y de sus recuerdos."
El otro papel femenino importante, una mujer que tras padecer una tragedia familiar ha vivido obsesionada por la idea de la venganza, está a cargo de Olivia Bonhamy, a quien hemos visto en Lee mis labios , de Jacques Audiard. También actúan en el film, ambientado en Marsella, Francis Renaud, Gérald Laroche, Guy Lecluyse y Philippe Nahon.
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