
Un hálito de Bártok y una casa de verano a punto de estallar
Gastón Solnicki le rindió tributo al compositor húngaro en su precioso film Kékszakállú, que se puede ver los sábados de enero en el Malba
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El punto de partida de Kékszakállú, la nueva película de Gastón Solnicki, fue su fascinación con la única ópera de Béla Bartók, que lleva ese título y que el compositor húngaro escribió inspirado en el cuento de hadas El castillo de Barba Azul, de Charles Perrault. Pero el resultado final de esta verdadera aventura cinematográfica que emprendió el talentoso director de Süden y Papirosen excede largamente el homenaje reverencial y se expande en múltiples direcciones: en ella confluyen la abulia que tiñe un período de ocio veraniego de un puñado de personajes que deambula por una preciosa casa de un balneario exclusivo, su determinante relación con el dinero, los conflictos existenciales tan típicos en la adolescencia y un sustrato de tensiones eróticas latentes bien tangible. Desestimando cualquier canon de narración clásica, Solnicki filmó un largometraje libre y desafiante, cargado de belleza y elegancia, en parte gracias al formidable trabajo de los dos directores de fotografía que lo acompañaron, Diego Poleri y Fernando Lockett.
"Arrancamos sin guión ni elenco definido cuenta el director de este film inusual que se proyectará todos los sábados de enero, a las 21.30, en el Malba. Apenas teníamos algunas claves cromáticas, algunos gestos. No sabíamos mucho lo que estábamos haciendo. Como me decía Alan Segal indiscutiblemente coautor de esta película, citando a John Cage, nuestro objetivo era tratar de entender lo que estábamos haciendo. Fue un proceso difícil de sostener porque, además de tener que lidiar con mi propia angustia y mi incertidumbre, como en mis otras películas, ahora tenía que enfrentarme también a las dudas de los demás".
Kékszakállú (Barba Azul, en húngaro) se empezó a rodar en la misma semana que las tragedias del fiscal Nisman y de la joven Lola Chomnalez monopolizaban la atención de casi todos los medios. "Había una energía densa ese verano recuerda Solnicki. Mi sobrina, con la que empezamos la filmación, no tardó en encerrarse, en escaparse de la película. Y eso nos obligó a encontrar otras líneas y otros personajes. Apareció Laila Maltz, una joven actriz que estaba veraneando muy cerca de la casa en la que estábamos trabajando, en Punta del Este, y enseguida ella se abrió de una manera muy generosa, lo mismo que Katia Szechtman y María Soldi. En la película no hay una historia definida, reconocible admite Solnicki. Lo que sobrevuela es la alienación que sufren los personajes, que tiene que ver con su condición social. Están en un lugar diseñado para el ocio y el esparcimiento, pero viven encerrados. Punta del Este es un lugar en el que quedan expuestas muchas de las contradicciones del capitalismo."
Cuando empezó a fantasear con la idea de una película inspirada en la atmósfera musical y política de la ópera de Bartók, Solnicki ya tenía una meta más o menos clara: sumergirse en una exploración similar a la que ese gran músico de Europa del Este se había entregado con su fonógrafo, pocos años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Bartók recolectaba la tradición oral de la música campesina de toda esa zona y luego escribía sus propias composiciones a partir de esos materiales. "En ese sentido, Kékszakállu es un homenaje a Bartók y a sus viajes", asegura Solnicki.
"Mis películas responden al deseo de correr riesgos y no dar nada por sentado agrega el director. Trabajamos a partir de una ocurrencia: la relación que encontramos entre la ópera de Bartók y el verano de mi sobrina Lara que, a los 12 años, estaba en plena explosión hormonal. Hubo algo en esa unión que surgió de manera muy espontánea. Pienso en los rasgos marcadamente judíos de ella y en la tradición nómada de nuestros antepasados y lo conecto directamente con esos viajes que hacía Bartók para estudiar la música campesina. Veo un paralelo entre esa explosión hormonal y el estallido de la Primera Guerra Mundial en Europa del Este."
La película termina con una frase de Bartók, que define su ópera, escrita en 1913, como "un volcán en erupción continua", prefigurando las tragedias que se iban a suceder en Europa en esa época. "En esa casa de Punta del Este, también hay algo a punto de explotar", concluye.
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