
Un papel a la medida de Noiret
"Padre e hijos" ("Pere et fils", Francia-Canadá/2003, color); hablada en francés). Dirección: Michel Boujenah. Con Philippe Noiret, Charles Berling, Bruno Putzulu, Pascal Elbé, Marie Tifo, Jacques Boudet. Guión: Michel Boujenah, Pascal Elbé y Edmond Bensimon. Fotografía: Patrick Blossier. Música: Michel Cusson. Edición: Jennifer Auge. Presentada por Alfa Films. Duración: 95 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Con su vozarrón inconfundible, su andar un poco pesado y su pinta de oso bonachón de mirada noble y gesto siempre algo enfurruñado, ahí está de regreso Philippe Noiret. Le han dado un papel a su medida. Quién mejor que él para ponerse en la piel del viejo patriarca que es capaz de hacerse el enfermo grave con tal de conseguir lo que sus rezongos no han podido: que sus tres hijos dejen a un lado rencillas y rencores, le presten atención preferencial y acepten acompañarlo en un viaje por Quebec.
No es que se lleve mal con su viudez ni que los hijos lo desatiendan. Pero sucede que está obligado a verlos de a uno por vez porque entre ellos -o más exactamente, entre los dos mayores- se ha levantado un infranqueable muro de animosidad. Así que cuando un malestar repentino lo lleva a ser internado y la situación le proporciona una muestra de lo feliz que podría ser teniéndolos a todos alrededor no titubea en aprovechar ese guiño del destino y les hace creer que pronto deberá someterse a una delicadísima operación. El oso rezongón sabe muy bien cómo ejercer el chantaje sentimental para que los tres accedan a satisfacer eso que creen una especie de "último deseo". Así, aun a regañadientes, irán a Canadá y lo acompañarán hasta la desembocadura del río Saguenay con la esperanza de que alguna ballena se haga ver por ahí (el sueño paterno de toda la vida) aunque el otoño no sea la época más propicia para esas apariciones.
Sencillo, ligero, levemente sentimental y a ratos gracioso, el film con el que Michel Boujenah hace su debut en la dirección acierta en la descripción de los personajes gracias a un guión que deja que cada uno vaya revelando sus rasgos a partir de sus comportamientos. En especial durante las discusiones entre hermanos, que por supuesto abundan y son generosas en diálogos ocurrentes.
El mayor es David (Charles Berling), responsable de la recuperación y el crecimiento de la fábrica familiar, dedicada a los artículos sanitarios, a la que consagra la mayor parte de su tiempo, sobre todo después de la traumática separación de su esposa. Max (Bruno Putzulu) trabajó alguna vez en el establecimiento -allí nacieron las disputas que lo separaron de su hermano- y hace tiempo que sigue desempleado, pero en compensación vive en eterno idilio con su mujer.
El tercero es Simon (Pascal Elbé), el malcriado de la familia, un eterno adolescente holgazán muy dado al humo de la cannabis y a los sueños románticos. Algún malentendido hace que nazcan algunas dudas sobre la orientación sexual del muchacho -incansable conciliador entre los otros dos-, lo que da origen a cierto humor homofóbico un poco trasnochado y quizás involuntario.
En Canadá
La historia -cuya mayor parte transcurre en el Canadá francófono, donde los viajeros traban relación con una pintoresca curandera y su bella hija- no reserva demasiadas sorpresas y acusa algunos baches, pero se ve con agrado, sobre todo gracias a la desenvoltura de sus cuatro principales intérpretes. A Noiret le sobra oficio para sacarle brillo a su papel; Berling y Putzulu se divierten con la hostilidad que deben mostrar sus personajes, y Pascal Elbé exhibe tanta ternura como desparpajo.
Quizá porque se trate de su debut como cineasta, a Boujenah le faltó chispa para encender la comedia, pero debe reconocerse que su deliberado medio tono evita que el film caiga en la fácil apelación sentimental.
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