
Una historia de payasos y esperanza
La ópera prima de Marco Pontecorvo, basada en un hecho real, está situada en la capital de Rumania
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Pa-ra-da (Iden, Italia-Francia-Rumania/2008). Dirección: Marco Pontecorvo. Con Jalil Lespert, Evita Ciri y otros. Guión: Marco Pontecorvo y Roberto Tirabschi. Fotografía: Vicenio Carpineta. Música: Andrea Guerra. Presentada por Primer Plano Film Group. Hablada en francés y en rumano. Duración: 100 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: muy buena
A comienzos de la década del noventa llega a Rumania, procedente de su Francia natal, Miloud Oukili, un joven payaso que busca otros horizontes en un país devastado por la miseria y la dictadura. Aquí ese muchacho dispuesto siempre a la alegría y a la diversión conocerá a un grupo de chicas y chicos indigentes de Bucarest que sobreviven mediante el robo, las limosnas y la prostitución. La amistad no tardará en unir a esos niños y adolescentes con el payaso que demuestra sus habilidades en la calle, frente a un público que lo aplaude con fervor.
El film es, a la vez, la exploración de la joven generación posrégimen de Ceaucescu que, desamparada, es empujada a vivir bajo la superficie de la sociedad, en túneles y alcantarillas. El director Marco Pontecorvo logró relatar estos sucesos con enorme ternura y eludiendo siempre el melodrama pintó a esos seres en una ciudad alicaída que necesitaba de la alegría para sobrevivir entre el terror y la angustia. Miloud aporta su ternura a todo aquel que se le acerca, y ya dispuesto a tratar de cambiar el ánimo de los habitantes de la ciudad crea un circo como solución y mensaje de esperanza.
Basada en un hecho real, esta producción recorre el camino de ese payaso que se mantuvo cerca de los niños y su necesidad de libertad que la mayoría de ellos solía encontrar en la vida sin reglas impuestas por la calle. Pero Miloud tuvo la capacidad y la fuerza para implementar un gran proyecto en el cual creyó: levantar un circo como señal de que todo en esa ciudad no era sólo amarguras y tristezas. Todo en este film es cálido y amargo al mismo tiempo, pero el realizador permitió, gracias a su excelente guión, una historia que enseña que, algunas veces, hasta los sueños más imposibles se convierten en realidad.
La labor de Jalil Lespert logró la carnadura adecuada para interpretar a ese payaso que da y necesita amor, en tanto que el resto del elenco -casi todos ellos niños de la calle que hacen sus primeras armas frente a la cámara- apuesta a la simplicidad y a la ternura apoyados por una adecuada fotografía y una oportuna música.
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