
Una película para amar la naturaleza
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Con "Bahía mágica", que se estrenará pasado mañana, como única novedad de la semana, la cinematografía argentina, esta vez de la mano de coproductores españoles, vuelve a insertarse en el mundo de los niños a través de una historia en la que se conjugan los personajes de carne y hueso con los dibujos animados.
Con este film Marina Valentini, con una larga trayectoria en publicidad y en todas las áreas técnicas de muchas de las películas locales, debuta en el largometraje. "Este proyecto -explica durante un diálogo con LA NACION- partió de un guión escrito por Ricardo Wullicher y José María Paolantonio en el que se desarrolla una trama inserta en el mundo de los niños y en la defensa de la ecología. Desde la primera lectura de la trama me fascinó ese marco en el que se aúnan la fantasía y la realidad como bases no sólo de un mero entretenimiento, sino también como una lección de vida y de entendimiento entre los mayores y los niños."
El elenco está encabezado por Jean Pierre Noher, Roberto Carnaghi y el actor español Carlos Alvarez Novoa, recordado por su excelente trabajo en "Solas", de Benito Zambrano.
"Participar en esta coproducción -apunta Noher- fue tanto un riesgo como una divertida aventura. El riesgo estaba en trabajar con animales, como orcas, lobos marinos, pájaros y perros, y lo divertido de la aventura, en mi caso personal, pasaba por compartir el reparto con una pandilla de chicos que, en definitiva, son los principales héroes de la película. "Bahía mágica", además, me dio la oportunidad de encarar otro tipo de personajes cinematográficos, muy distantes a los que había hecho en mis dos últimas producciones, "Valentín", de Alejandro Agresti y en "Diarios de motocicleta", de Walter Salles, que acabo de finalizar en Brasil".
-Marina, ¿cómo definirías "Bahía mágica"?
-En una primera mirada, como un entramado que intenta concientizar al público infantil acerca de la importancia del cuidado de nuestro planeta y sus recursos naturales. Pero mucho más allá de esta visión didáctica, el film procura entretener con un relato en el que se amalgaman las persecuciones, la lucha entre el bien y el mal y esa fantasía que todos los chicos experimentan cuando están frente a una fauna colorida y simpática.
-¿Fue arduo el trabajo de complementar los dibujos con los actores?
-Fue muy trabajoso, por supuesto, ya que se necesitó un equipo de cincuenta dibujantes, además de expertos en animación en dos y en tres dimensiones. Pero todo esto se dio con enorme disposición tanto de técnicos como de actores, y creo que se logró un film cálido y humano, con toques de humor que se suman a una moraleja que todos procuramos que nazca de la más cordial de las simplicidades.
El valor de la simplicidad
Roberto Carnaghi, por su parte, apunta: “Es muy gratificante que se me haya convocado para esta coproducción, porque yo, ya casi adolescente, me divertía mucho con las películas de dibujos animados. Recuerdo que me pasaba las tardes en el ya desaparecido cine Real, de la calle Esmeralda, y ahí descubrí esas aventuras que me transportaban a otras dimensiones, a dimensiones más humanas y cándidas. Cuando leí el guión de «Bahía mágica» volví a aquella época y traté de componer a un estrafalario capitán de un barco que, como peligroso elemento, intenta romper con la naturalidad ecológica... Como agregado, es importante que el cine argentino se olvide de que el público infantil es merecedor de que se le narren estas tramas que seducen y al mismo tiempo enseñan a respetar y a amar a la naturaleza”.
–Como actores, ¿cómo se sintieron al ser dirigidos por una realizadora debutante?
–Nos sentimos muy cómodos –expresan al unísono Noher y Carnaghi– porque Marina se apoyó tanto en su experiencia en casi todos los rubros del cine como en el cariño que siente por los chicos y por los animales... Todo el rodaje fue una fiesta muy grata que dio como resultado un film que lo disfrutarán no sólo los niños, sino que, además, no pasará inadvertido para los mayores.
“Bahía mágica” se rodó en San Clemente del Tuyú y en varios lugares de Buenos Aires.
“La presentación internacional –expresa su directora– se realizó en el reciente Festival Iberoamericano de Huelva, y a las dos funciones originariamente previstas hubo que agregarles otras seis debido al entusiasmo del público... Esto ya nos da crédito como para que los espectadores argentinos no salgan defraudados.”
Tanto la realizadora como sus dos protagonistas resumen el intento de “Bahía mágica” de esta manera: “Fue apostar a una carta tan grata como importante para nuestro cine, que en este momento debe abrevar en una temática que sin tener como objetivo entrar en competencia con las megaproducciones norteamericanas pueda descubrir el fascinante mundo de la infancia”.
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