
Circo Servian: Enciende tus sueños
El espectáculo dirigido por el coreógrafo Flavio Mendoza recupera las nobles artes del circo
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ENCIENDE TUS SUEÑOS , ESPECTACULO DEL CIRCO SERVIAN DIRECCION: FLAVIO MENDOZA BARTOLOME CRUZ Y LAPRIDA (ALTURA AV. LIBERTADOR 300, VICENTE LOPEZ) FUNCIONES: LUNES A DOMINGO, A LAS 16 Y A LAS 19.30.
Nuestra opinión: bueno
El debut porteño del nuevo espectáculo del Circo Servian viene a desmentir aquello de que el todo siempre es el resultado de la suma de las partes.
Para explicarlo hay que decir, ante todo, que aquí las partes suman. Y mucho. Cada cuadro favorece el lucimiento de artistas que rinden culto del modo más cabal a las nobles artes del circo. Por la pista desfilan admirables trapecistas, equilibristas, acróbatas, contorsionistas y gimnastas. Acometen desafíos asombrosos y salen airosos de ellos con la mayor naturalidad, renovando en el público esa expresión admirada que acompaña desde siempre a la tradición circense.
Un ejemplo inmejorable es el globo de la muerte (también conocido como doble péndulo), una estructura metálica con dos grandes círculos en permanente movimiento. Sobre ellas, en algún caso a gran altura, se encaraman entre tres y cuatro artistas que hacen verdaderas proezas para mantener el equilibrio y sincronizar los desplazamientos. En este tipo de espectáculos, resulta todo un mérito conseguir que demostraciones ya vistas una y mil veces despierten de nuevo la admiración de los espectadores.
Lo que no consiguen esos notables cuadros rebosantes de destreza y convicción es integrarse dentro de una secuencia que se apoye en algún leitmotiv y continuidades visibles a lo largo de su desarrollo. Cuesta encontrarle sentido, por ejemplo, al árbol que al comienzo y al final ocupa el espacio central de la escenografía, cuando esa imagen no reaparece ni literal ni simbólicamente durante el resto del espectáculo.
Queda bien claro de entrada que Enciende tus sueños sigue a pie juntillas la letra y el espíritu de los montajes del Cirque du Soleil, y no sólo porque la carpa esté ubicada en el mismo solar de Vicente López utilizado por la compañía canadiense en su último paso por Buenos Aires, con Quidam .
Las coincidencias entre ambos saltan a la vista aun antes del comienzo, cuando los clowns recorren la platea para matizar la vigilia con bromas al paso. Después veremos en la zona posterior del escenario a un grupo musical con igual maquillaje del resto ejecutando en vivo la música incidental del show, además de un cúmulo de otras señales estéticas, visuales y sonoras durante las dos horas de espectáculo.
Resultan tan visibles los puntos de contacto que tres de los cuatro números de clown son tomados literalmente del Cirque du Soleil. Hemos visto dos de ellos en Saltimbanco y el restante, en Quidam . Así y todo, también funcionan con eficacia porque el desenfadado Emilian Frigulietti es muy bueno en lo suyo y está a las alturas de lo mejor de la compañía. Pero así como en este caso se puede sacar ventaja de la emulación, hay otras circunstancias que desentonan. Por ejemplo, los movimientos estéticos y coreográficos que anteceden o acompañan cada performance, a veces, aparecen vacíos o desenfocados. A la vez, la banda sonora oscila sin definirse y con innecesaria estridencia entre el hard rock, el dance y la música new age . Y hablando específicamente de circo, se extraña la ausencia de malabaristas y llama la atención el escaso espacio dedicado a los juegos de ilusionismo: hay un par de apariciones magníficas en ese terreno al comienzo, pero todo termina allí.
La dirección pertenece a Flavio Mendoza, que le da continuidad a la gran exposición mediática que obtuvo gracias a ShowM atch con un vistoso cuadro de acquadance similar a los ya vistos en "Bailando por un sueño". Esta única aparición del coreógrafo y bailarín aparece desproporcionada en relación con el despliegue de su imagen en los carteles promocionales. Pero, si se lo mira bien, hay en Mendoza una gran nobleza artística, porque en todo momento cede el protagonismo a los verdaderos artistas de circo, seguramente como tributo a su propia formación en ese ámbito. Son esos artistas los que hacen disfrutable un show en el que el circo no se muestra en plenitud desde el todo, pero se luce en la mayoría de las partes.
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