Comedia simple y ágil
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"La verdad de los hombres" ("La verité si je mens 2", Francia/2001). Dirección: Thomas Gilou. Con Richard Anconina, José Garcia, Bruno Solo, Gilbert Melki, Gad Elmaleh y otros. Guión: Michel Munz y Gérard Bitton. Fotografía: Robert Alazraki. Presentada por Buena Vista International. Duración: 107 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: bueno
Cuando hace un par de años se conoció en las pantallas porteñas "Porque te quiero, te miento", el público se conectó muy afectuosamente con Eddie, Dov e Yvan, tres fraternales amigos que allí protagonizaron una serie de aventuras y desventuras que ponían en riesgo su seguridad personal y laboral.
En el mismo tono de comedia llega ahora "La verdad de los hombres" como para proseguir una saga que, en el futuro, podrá extenderse a nuevas experiencias si el ingenio de los guionistas apuesta, como en este caso, a la diversión simple y a la calidez cotidiana.
En esta segunda parte de la trayectoria fílmica de los tres camaradas los negocios de la indumentaria, de los que el trío se ocupa con entusiasmo y pericia, ya no dejan los suficientes dividendos como para que sus respectivas existencias continúen redituables y florecientes. Ellos, bastante alarmados, advierten que deberán cambiar de estrategia si piensan hallar nuevas salidas para sus productos y no perder lo ganado en el negocio de diseñar prendas femeninas.
No es fácil la nueva perspectiva de trabajo para estos amigos que, paralelamente, comienzan a enfrentarse con varios inconvenientes hogareños, en tanto que el torpe Serge, un gandul torpe y poco afecto a ganarse la vida en forma honesta, se suma a los problemas de estos tres compinches que ven reducir sus respectivos niveles de vida y el propio ego.
No es poco ni fácil de resolver lo que les ocurre en la trama a estos empresarios que deberán lidiar con los métodos resbaladizos y parlanchines de sus nuevos clientes y planificar nuevas tácticas para que sus productos vuelvan a interesar a los consumidores.
Vodevil
En medio de tan enredada madeja no faltan los engaños conyugales, las mentiras de quien pretende casarse con la hija de un millonario simulando una fortuna que no posee, y una serie de argucias por las que, como un coro disparatado, debe transitar la totalidad del elenco.
El director Thomas Gilou demostró una hábil mano para conducir este enredo con mucho de vodevil en el que los personajes entran por una puerta, salen por otra y procuran ocultar los secretos caseros y las pequeñas intrigas comerciales.
El film queda, pues, como un divertimiento que, mucho más allá de las convenciones de muchas de sus escenas, entretiene por su agilidad y su dinamismo.
La tarea del realizador fue facilitada por un elenco tan competente como conocedor de los resortes del género. Richard Anconina aportó su sagacidad tanto para la sonrisa como para la emoción, en tanto que el resto del reparto, muchas de cuyas figuras ya habían aparecido en la primera parte de esta saga, supo soslayar la burda caricatura para internarse en la comedia brillante jugada con noble autenticidad.
Los rubros técnicos apoyaron con solidez esta historia que, sin duda, hará pasar un rato muy entretenido a ese público que concurre al cine sin mayor pretensión que la de divertirse con los alocados problemas de unos seres cotidianos alegres y desenfadados.





