
Cómo burlar el riesgo del melodrama
"Dos vidas contigo" ("Return to me", EE.UU./2000). Dirección: Bonnie Hunt. Presentada por VIP. Duración: 113 minutos. Para todo público. Nuestra opinión: Buena
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Si las comedias esconden una máxima es la de volver sencillo lo complejo. En estos casos todo director añora, podemos creer, el preciado e inimitable "toque Lubitsch". O, ante la segura imposibilidad de alcanzarlo, algo que lo empariente con la leve gracia del maestro de "Ninotchka".
La actriz Bonnie Hunt, que debuta como realizadora con este film, probablemente no pueda proclamarse de tamaño linaje. Tampoco lo pretende. Su película no será memorable ni marcará el recuerdo por la penetración psicológica de sus personajes ni por haber dado en el clavo de nuevas pautas generacionales.
"Dos vidas contigo" es apenas un modesto cuento de hadas actual, romántico por partida doble y sin mayores sobresaltos. Y, sin embargo, es justamente ese bajo perfil voluntario, su falta de pretensiones, lo que dota al film de una rara cualidad etérea en tiempos de tanta comedia manufacturada: avanza con fluidez, muchas escenas que podrían haber caído fácilmente en el golpe bajo son resueltas con sobriedad y los diversos intérpretes, no sólo los dos protagonistas, le dan a la historia el aire necesario para que respire. En pocas palabras, hay equilibrio.
"Dos vidas contigo", sin embargo, podría haber sido una película lacrimógena de ley. Sus aristas melodramáticas podrían haberla hundido en un ridículo soberano.
El punto de partida argumental, al fin de cuentas, camina por la cuerda floja: una mujer muere inesperadamente en un accidente; su corazón es trasplantado en el de una joven desahuciada; el marido de la primera conoce a la segunda y se enamora a primera vistaÉ, sin saber que alguna vez fue operada, sin saber gracias a quién se mantiene con vida.
Recuperarse del duelo
Ambientada en Chicago -algo que tal vez ayude para dejar de lado la neurosis de tanta comedia hollywoodense-, la película transmite serenidad, a pesar de que su tema es, en buena medida, difícil: la recuperación de un duelo. David Duchovny (todavía cuesta verlo fuera de su papel en "Los Expedientes X") es Bob Rueland, el arquitecto que pierde a su mujer y para anegar el dolor se aboca a construir el amplio edificio para simios del zoológico local que su mujer, especialista en primates, planeaba antes de morir. Minnie Driver, con su rostro poco convencional, alejado de los estándares de belleza canónica en este tipo de films, le da una sustancia creíble a Grace, la chica que resucita gracias a un corazón ajeno y que lleva como un estigma la cicatriz en su pecho. Pero son en buena medida aquellos que rodean a los protagonistas los que aportan su cuota para el encanto real del film. Especialmente el grupo de ancianos -Carroll O´Connor y Ray Loggia, en primer lugar- que trabajan y se reúnen antes de las horas de trabajo y después de ellas en el restaurante ítalo-irlandés en que se encuentran los dos personajes.
Juegan a las cartas, beben con bonhomía o discuten quién es el mejor cantante de todos los tiempos ("vivo o muerto?", es la pregunta obligada) o si Rocky Marciano tiene alguien que le haga sombra entre los púgiles. A ellos se suman Megan Dayton (la propia Bonnie Hunt), la mejor amiga de Grace, que lidia con sus hijos y un marido bombero rústico y entrañable (un James Belushi gordo, hinchado, casi irreconocible).
"Dos vidas contigo" habla de la pérdida y la regeneración. Pero no trata tanto del vacío provocado por una muerte abrupta ni de las posibilidades de redención ulteriores. A pesar de su pátina de optimismo, su tema es la implacable fragilidad de toda vida. Su consecuente melancolía puede resumirse en una máxima romana a la que Lubitsch habría adherido: carpe diem.





