
La nueva tendencia de la industria de la pornografía es la publicación de las memorias de sus estrellas. Las de Jenna Jameson, reina del porno, ya están en las librerías argentinas.
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De un tiempo a la fecha, a las chicas xxx se les dio por escribir. Primero fue Traci Lords con Underneath It All. Luego Christy Canyon con Lights, Camera, Sex, y luego le llegó el turno de Jenna Jameson (en colaboración con el periodista de Rolling Stone Neil Strauss) con How to Make Love Like a Porn Star: A Cautionary Tale [Cómo hacer el amor como una estrella del porno, Editorial Martínez Roca, 2006], que se disparó en las listas de libros más vendidos en los Estados Unidos. Es que después de las películas y de internet, la industria de la pornografía (un negocio que factura 60 mil millones de dólares al año en todo el mundo) decidió volver a las fuentes y orientar la acción y la recaudación hacia las autobiografías de las estrellas femeninas del cine condicionado.
En el caso de Jenna Jameson, lo suyo excede el mero ámbito de la pornografía, pese a estar en el segundo lugar del Top 50 de las estrellas triple X de todos los tiempos según la revista Adult Movies News (precedida por emblemático Ron Jeremy). Según la New York Magazine, Jameson es nada más y nada menos que un ícono cultural, y sus apariciones en E! Entertainment, en pelis "tradicionales" (Private Parts) y poniendo su voz para el video game Grand Theft Auto: Vice City no hacen más que revalidarla continuamente.
Cómo hacer el amor... es la típica historia de ascenso, caída y resurrección de un personaje público, esas que tanto les gustan a los estadounidenses, y que por el morbo que despierta una figura como Jameson tiene el éxito asegurado. Mucho sexo, muchas drogas y rock and roll, todo contado de un modo ameno, con capítulos en los que la narración tradicional es reemplazada por comics, imágenes de la industria y fragmentos de su diario íntimo. En el relato tampoco faltan descripciones hot de sus encuentros íntimos dentro y fuera de los sets de grabación-por ejemplo, en los clubes de strip tease-, tanto con mujeres como con hombres. Imperdibles son sus coqueteos con los Mötley Crüe Nikki Sixx y Tommy Lee -de tan drogada con Vicodin que estaba, Jenna no recuerda el tamaño del miembro del ex de Pamela Anderson-, el rechazo a Bruce Willis por su arrogancia y el mal aliento de Nicolas Cage, como también las traumáticas violaciones que sufrió de joven y los pormenores de las rupturas con sus parejas, en el límite entre el drama y la carcajada, y los rankings de "ayuda sexual" (una buena felación siempre ayuda a las chicas para satisfacer a sus amantes, y comer coco mejora el sabor del semen, siempre de acuerdo con JJ).
Pero si hay algo que destacar en esta autobiografía es un detalle obvio: la sabia mano de Jay Grdina, director de filmes para adultos y último marido de Jenna, para quemar los últimos cartuchos de una carrera que, por razones cronológicas, está llegando a su fin. Con la creación del website Club Jenna, su renuncia a filmar escenas lésbicas y su debut como directora de cine para adultos (todos estos hechos instigados por Grdina), comienza una nueva etapa para el producto Jenna Jameson. Y esta era tendrá un final feliz, de esos a los que Hollywood nos tiene acostumbrados, salvo que en este caso a la meca del cine hay que agregarle, en algún lado, una X, y otra, y otra más.



