Cómo Solange empuja el soul hacia el futuro

Solange fluye de manera espontánea en When I Get Home, un disco funky, libre y futurista
Solange fluye de manera espontánea en When I Get Home, un disco funky, libre y futurista
Brittany Spanos
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6 de marzo de 2019  • 14:41

Solange carga con su historia como un talismán, que está ahí para recordarle –y recordarnos– cómo mantener los pies sobre la tierra mientras avanza. En When I Get Home, homenajea a sus raíces en la ciudad de Houston, mientras ofrece un cuaderno de bocetos terapéutico y cautivante, algo así como un viaje por el pasado y el futuro de su hogar.

Con 19 canciones en menos de 40 minutos, el homenaje de Solange adquiere una forma inusual. Ofrece declaraciones breves pero potentes: más de la mitad de los temas duran menos de tres minutos, y cada uno salpica al otro como acuarelas en una tela. Es más notable todavía que el disco, incluso con canciones cortas, de duración punk, no parezca nunca apresurado. De hecho, se mueve lento, aunque el flow acelere un poco los BPM. Cada momento, cada beat, cada sampleo y cada aparición parecen cuidadosamente construidos y articulados, y, para Solange, ese es su modo de creación estándar.

When I Get Home arranca con la nostálgica "Things I Imagined", y luego se desarrolla como una colección mucho más onírica y menos introspectiva que su disco clave de 2016, A Seat at the Table. Si el lanzamiento anterior era su declaración de principios acerca de la identidad femenina negra, When I Get Home es ella poniendo esas tesis en práctica. Es el producto de una mujer liberada que no solo se imagina sino que además lleva a cabo una existencia no atada a nada excepto al lugar donde siente que pertenece en cada momento.

Como la propia Solange, la música del álbum tiene una forma libre, sin ataduras. Es jazzera, funky, estridente y cálida. Puede ser suave y honesta, como en la tenue "Dreams". Pero también es audaz: escuchen "Stay Flo", lista para el baile robótico, con ayuda del productor Metro Boomin. En general, Solange equilibra sus dos papeles –el de la sacerdotisa del R&B que quema inciensos ante el caos del mundo y el de la anfitriona amena que sirve licor durante toda la noche– con tanta gracia que, hacia el final, sus modos musicales se vuelven indistinguibles entre sí.

Los invitados aparecen como viejos amigos que pasan a saludar. Panda Bear, Tyler, the Creator, Gucci Mane, Playboi Carti y más ofrecen participaciones aparentemente modestas, armonizando naturalmente con la maestra de ceremonias. En el mundo de Solange, un colaborador no sólo absorbe la visión que ella presenta, sino que ayuda a inspirarla. Incluso los sampleos del disco son más que un mero apoyo para las ideas de Solange: al funcionar como interludios independientes, son declaraciones importantes en sí mismas.

El crecimiento de Solange como artista ha sido una de las historias más fascinantes de la música y, como A Seat at the Table, When I Get Home funciona como un recordatorio maravilloso de que este es apenas el principio de un futuro que ella todavía no descifró. Si puede hacer que un disco listo para la fiesta sea tan significativo, es que apenas hemos visto la punta del iceberg de su visión.

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