Como un secreto a setecientas voces
Un libro reúne confesiones anónimas
1 minuto de lectura'
El Lazarillo de Tormes, Robin Hood, Las mil y una noches… libros de autor anónimo existen muchos. Pero un libro escrito por 700 autores anónimos y que además sea autobiográfico es único. A fines de 2006 vio la luz Tu secreto, que reúne 700 confesiones anónimas de gente común, que desde julio de 2005 devela sus intimidades, sin firmar, en el portal www.tusecreto.com.ar.
“Siempre que voy a un restaurante y hay escarbadientes los vuelvo a meter en el frasquito después de usarlos”, cuenta, por ejemplo, un tímido confesor en una de las 160 páginas del libro. “Mi novia tiene bigotes y no me animo a decírselo, encima me da besos y me pincha”, admite otro.
Las confesiones van desde intimidades sexuales subidas de tono, problemas familiares, hasta lamentos solitarios. “Se murió mi abuelo, fui y le jugué al muerto en la quiniela”, inquieta alguien. “Cuando tengo que guiar al taxista para que pare frente a mi casa, le digo que es la de al lado, porque es más linda”, desconcierta otro. “Hice llorar a una chica de la Guardia Urbana. ¡A mí no me vas a decir cómo cruzar, mocosa irreverente!”, se lee también.
“Necesito un abrazo”, fue todo lo que escribió alguien en la página de Internet semanas atrás. En algunos casos, las revelaciones rozan lo policial, como la de quien decía ser policía y daba información sobre la serie de asesinatos de prostitutas en Mar del Plata.
“Un secreto no se debe develar. Y si se devela llama la atención”, concluye Mariano Sáenz, uno de los autores de la recopilación de secretos y mentor del website que actualmente recibe “no menos de 500” secretos por día, de los que se publican cinco o seis. Sáenz tiene 24 años. Su socio, Santiago Sarceda, 22.
“Que la gente quiera escribir un secreto propio o leer uno ajeno es normal. Lo que me parece raro es que se envicien: si un día no actualizo la página, recibo e-mails insultándome, y hay gente que manda un secreto y pide que por favor lo publique”, se sorprende Sáenz.
“Cuando vuelvo en tren de la facultad, siempre tengo un libro medio intelectual guardado por si se sienta una linda chica al lado. El otro día leí El Aleph. No entendí ni jota”, revela alguien. No se le había ocurrido probar con Tu secreto.






