
Con brillo propio
Como ser partenaire radial y no opacarse en el intento.
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Eduardo de la Puente y Marcelo Gantman; Guillermo Stronati y Gabriel Rolón se hacen imprescindibles, cada día, para Mario Pergolini y Alejandro Dolina, respectivamente. Lejos de querer convertirse en primeras figuras, los cuatro disfrutan el lugar que ocupan, al que llegaron por mérito propio.
"Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer". Hay pocos dichos tan antipáticos e injustos -y por suerte tan pasados de moda- como ése. Pero, transformado, sirve para dar una idea clara sobre la imposibilidad de que alguien llegue a ser figura en completa soledad. Y las de la radio no son una excepción.
No detrás, pero sí al lado de todas las estrellas que cualquiera pueda traer a su memoria, pululan coconductores, locutores, operadores y productores, entre tantos otros.
Muchos permanecen en el anonimato, otros pelean contra él, y sólo algunos logran una fuerte posición de partenaires indispensables, con peso y luz propios. Ese es el caso de Eduardo de la Puente y Marcelo Gantman, secuaces de Mario Pergolini en "¿Cuál es?" (lunes a viernes, de 9 a 13 en Rock & Pop); y de Guillermo Stronati y Gabriel Rolón, compañeros de Alejandro Dolina en "La venganza será terrible" (lunes a viernes, de 0 a 2, en Continental).
Lejos de querer transformarse ellos mismos en figuras escindidas de "sus jefes", todos coinciden en que el placer que sienten haciendo lo que hacen anula cualquier idea de largar todo por la borda, para embarcarse solos en un proyecto que reemplace al actual.
De la Puente: -Con Mario y Marcelo siempre decimos que dentro de 40 años vamos a ser tres viejos haciendo radio. Además, yo ya tengo mi espacio radial propio. Laburo bien solo, pero esto que hacemos juntos nunca lo podría hacer sin ellos. No tengo la impecabilidad profesional para saber cuáles podrían ser mis partenaires. No estoy capacitado para armar un equipo. Ese es mérito de Mario. Y si estoy haciendo algo solo, no lo hago por una cuestión de ambición personal, o porque... bueno, es mi hora de ser la estrella. No, para nada.
Gantman: -Yo también ya fui una escisión de uno de los chicos de Pergolini. Tuve mi propio programa. Pero ahora no siento eso de que el colmo de mi realización ya llegó y necesito otro espacio. Estoy cómodo, aun con las limitaciones de saber que estoy haciendo un programa que no es enteramente mío. A veces pienso que sería bueno tener más tiempo para desarrollar algo personal, pero la idea no me desvive.
Rolón: -Es como entrar en una orquesta en donde hay un director: tenés que respetar los arreglos. Y puede ser que alguna vez tengas ganas de hacer tu propia música. Pero por ahora no me pasa, y es por el disfrute. Así es un placer ser partenaire. Además, prefiero ser partenaire de Dolina y no tener un programa mío, pero de porquería. El día que tenga una idea brillante, a lo mejor me dan ganas.
Stronati: -Siempre dije que nací para ser secretario. Además, tuve la oportunidad de tener un programa solo, pero no lo disfrutaba. Había trabajado con Dolina y lo extrañaba.
-¿Cómo logran seguirle el ritmo a personas con tanto poder de repentización? De la Puente: -En mi caso no es algo premeditado, es natural. Mario es el encargado de poner en movimiento la pelota. Es el que propone el tema y nosotros nos subimos y empezamos a jugar. No sabemos cómo lo hacemos, será porque nos conocemos muchísimo; verse la jeta todos los días y durante tantos años, te hace conocer bien a alguien. Marcelo y yo nos conocimos haciendo micrófono. Una de las virtudes de Mario es saber que estos dos tipos que no se conocen van a funcionar bien juntos. Rara vez la pifia.
Gantman: -Eso de mirarse y saber lo que el otro está pensando es real, pero tampoco es una cuestión mágica. Cualquiera que comparte mucho tiempo con sus compañeros de trabajo los termina conociendo. Eso se da acá o en una oficina donde se están haciendo balances.
Rolón: -Uno a esta altura sabe qué situación quiere generar Alejandro. Es como un equipo de fútbol, hay que ver la jugada, y no hay que tirarle el pase atrás.
Gantman: -Puede sonar mal, pero ya no nos sorprendemos a nosotros mismos. Nuestra gratificación está en decir tomá, tiro el centro, porque sé que la vas a cabecear y la vas a meter en un ángulo. Y efectivamente es así.
-¿El gol siempre está reservado para ellos? De la Puente: -No. Nosotros sabemos que el otro va a hacer un golazo o que le va a servir la pelota a uno para hacer el gol.
Gantman: -Ahí es donde Mario es democrático (risas). Pero es un riesgo, porque a veces el remate de una situación queda a mi cargo o a cargo de otro y terminás diciendo una estupidez. Y pasa.
Stronati: -El gol lo hace el que tiene la pelota. En ese sentido, Alejandro es un tipo generoso.
-Es decir que no hay celos. De la Puente: -En mi caso particular, eso ya pasó. En el primer programa que trabajé con Mario, "Malas compañías", las cosas nos sobrepasaron. Llegó a tener el 87% de la audiencia en FM. Ningún programa, ni ninguna radio lo logró jamás. En la edad que nos tocó vivir eso (25 años) se te confunde un poco la cabeza, te subís al caballo. Empezás a pisar territorio del otro sin permiso. Ahora nosotros nos pisamos, pero tenemos una visa permanente para hacerlo, en ese momento no. Eso derivó en ciertas fricciones. Eso ya está altamente superado. Ahora sabemos que es muy bueno que el otro se meta en nuestro territorio. Acá lo que prima es el resultado final.
-¿No es riesgoso trabajar todo el tiempo como si fuera el último minuto? Gantman: -Por ahí, desde afuera se ve que no pensamos muchas de las cosas que decimos, por eso de la velocidad, pero no es así. Nosotros pensamos al ritmo que trabajamos. Es el ritmo que impone Mario. Y es un recurso, a veces decís cosas que si estás frío no las dirías.
De la Puente: -Aparte, cada cosa que decimos no tiene que ser una sentencia. A veces nos equivocamos.
Stronati: -En nuestro caso, el desarrollo artístico del programa lo lleva Alejandro. La elección de los temas a desarrollar es de él. Nosotros nos enteramos en el aire. Que creo así es mejor. No estás con la presión de saber qué pie tenés que dar.
-¿Cómo es su relación con los oyentes? Stronati: -Nuestra relación con el público es meramente sexual (risas). No..., pero los mensajes -en su mayoría- son para Alejandro. Para nosotros también hay, el público es generoso. Incluso cuando vienen a pedir un autógrafo, nos los piden a nosotros también. Le da lástima vernos cogotear (más risas).
Rolón: -Alejandro no quiere hacer el programa sin gente. No se concibe sin público. A veces lo hicimos solos, pero nos mirábamos la cara y no nos motivábamos.
De la Puente: -La televisión potencializó nuestra imagen, pero siempre hay gente que te hace saber que te aprecia por lo que hacés en la radio. A Mario la gente se acerca como a una estrella, en cambio yo tengo un perfil muy bajo y me encargo de que así sea. Conmigo se acercan de igual a igual.
Gantman: -Mi perfil está cubierto de humus (bromea).
¿Quién es quién?
Eduardo de la Puente conoció a Mario Pergolini en 1985, cuando trabajaba como jefe de prensa de varias bandas: "Todo empezó como una relación de laburo, pero pronto nos hicimos muy amigos y se dio un proyecto para trabajar juntos. Empezamos a hacer «Malas compañías», en Rock & Pop, después me fui a Mar del Plata, y cuando volví acá estaban terminando «Podría ser peor». Había que largar algo nuevo y con mi repatriación ya estaba incluido en los proyectos de «¿Cuál es?»."
"Lo mío fue exactamente al revés -dice Marcelo Gantman-. La relación fue durante mucho tiempo estrictamente laboral y después nos hicimos amigos. Llegué a la radio en el ´90, cuando se estaba jugando el Mundial de Italia. Yo vine a la radio para hacer micros deportivos. Salía en forma rotativa con Lalo, con Bobby y con Mario. Un día Mario me dijo si en vez de grabarlo no los quería hacer en vivo, eso fue a fines de 1991 y después me invitó a participar en «Podría ser peor»." De ser productor general y guionista en "Malas compañías", De la Puente pasó a formar parte del tándem de conducción en "¿Cuál es?". También, para ese espacio, escribe lo que ellos llaman "los clásicos": Radio Hanoi, Los cuentos del osito mimosito y El curso de buenos modales. "Mi cambio fue grande -sigue Gantman-, porque de hacer micros de deportes, ahora hay veces que no hablo una palabra del tema, y me encuentro haciendo de japonés o de nene malcriado en un radioteatro." Por su parte, Guillermo Stronati -oriundo de 25 de Mayo- hace 12 años que se topó con Alejandro Dolina: "Yo era locutor en Radio El Mundo, y empezaba el ciclo «Demasiado tarde para lágrimas» de Dolina y Adolfo Castello. Yo participaba leyendo avisos comerciales, pero no hablaba durante el desarrollo artístico del programa. Hacía de locutor y de mirón. Castello, después se fue a la «Noticia rebelde» y me quedé solo con Dolina, que empezaba a mirarme más fuerte para ver si decía algo: «Este muchacho algún día tiene que hablar», pensaba. Ahí empecé a tirar bocadillos. La media hora inicial siempre estuvo reservada para Alejandro. En ese momento hasta Castello lo miraba." Tiempo después, Stronati se animó a darle vida al Sordo Garcés.
"Yo entré -dice Gabriel Rolón- porque Alejandro estaba buscando unos guitarristas, y yo hacía tangos. Al principio sólo hacía de músico, pero después empecé con investigaciones periodísticas y guiones. Con algunos reemplazos al aire encontré la veta y me fui quedando."



