Con encendido realismo
"30 segundos" , reality documental producido por Cuatro Cabezas. Producción ejecutiva: Fernando Casal. Coordinación/gerencia de contenidos: Gerardo Brandy y Deborah Cosovschi. Director de contenidos: Ricardo Pichetto. Producción general: Mario Pergolini y Diego Guebel. Por Telefé, los martes, al término de "El deseo".
Nuestra opinión: muy bueno
De todas las actividades sujetas a condiciones extremas y que afrontan a diario situaciones límite o de emergencia, expuestas como nunca en los últimos tiempos a la impiadosa curiosidad de la televisión realista, con toda seguridad no debe de haber manifestación de mayor potencial televisivo que el trabajo de los bomberos.
La traducción a la pantalla chica del compromiso de estos servidores públicos no sólo saca ventaja a partir de la inmediata envergadura visual, la intensidad y la tensión que adquiere su tarea vista a través del agitado lente de una cámara. Al mismo tiempo, la lucha contra el fuego aparece como un compromiso que no exige, a primera vista y en los aspectos exteriores que están al alcance del ojo televisivo, la cautela de un procedimiento policial o la discreción que se impone cuando se ausculta la vida hospitalaria.
En este último caso, por ejemplo, se hace casi imposible marcar diferencias entre el interés televisivo y una intromisión tan indiscreta como incómoda dentro de ciertos ámbitos en los que la intimidad debería ser preservada por encima de cualquier otro argumento, circunstancia que abrió no pocos reparos -justificados en la mayoría de los casos- hacia propuestas del tipo de "E24".
Justamente después de impulsar ese controvertido reality ubicado en una sala de emergencias, Cuatro Cabezas lleva adelante "30 segundos", una idea mucho más feliz en su sintonía con la realidad que aspira a contar y que en su programa inicial logró explorar, con un rendimiento más alto al de sus antecesores en el género, esta modalidad televisiva tan reciente como es el del "reality documental".
Al asomarse al mundo cotidiano de los bomberos, el principal acierto de "30 segundos" fue haber elegido a quienes cumplen con esa tarea en forma voluntaria. Y de las casi 25.000 personas que, según el programa, se comprometen sin remuneración alguna con esta tarea en el conurbano (dato nada menor que fortalece la admiración sin retaceos por parte de la opinión pública hacia la labor del bombero), la atención se concentró en dos distritos de alta densidad de población y compleja realidad socioeconómica: La Matanza y San Miguel.
Más que vértigo visual
Aquí, por detrás del acostumbrado vértigo con el que Cuatro Cabezas traduce la realidad en imágenes de impecable factura hay un claro y preciso concepto narrativo. Más allá del virtuosismo nacido en las salas de edición, se vieron en el primer episodio de "30 segundos" historias bien contadas, genuinamente extraídas de la realidad y con matices visibles entre ellas: la lucha contra las llamas que destruyeron una pequeña empresa familiar, el rescate de un pequeño aprisionado en el baño de su vivienda tras un accidente doméstico y las repercusiones de un incendio en apariencia intencional dentro de un local de computación.
A través de imágenes de impacto inmediato y un puñado de logrados testimonios (con los cuales el televidente pudo comprender cabalmente y sin explicaciones de más el origen social y el alcance del compromiso de quienes eligen voluntariamente trabajar de bomberos en su tiempo libre) fue posible entender todo lo que va más allá del simple hecho de recibir una llamada de emergencia, poner en marcha una autobomba y activar una manguera: cómo reaccionan los damnificados (no siempre en consonancia con los servidores públicos), cómo un vecino debe recurrir a los bomberos al tener la certeza de que no hay otra instancia para resolver una emergencia y cómo un incendio puede ser la punta para descubrir potenciales ilícitos.
Con excepción de algún exagerado uso de la cámara lenta, no hay en "30 segundos" regodeos innecesarios o efectismos. El efecto dramático, aquí, está claramente subordinado a un propósito periodístico, y gracias a que las cámaras se ubican en el lugar apropiado (ni un paso adelante de lo que aconseja la prudencia) "30 segundos" hace de sus protagonistas verdaderos héroes anónimos.







