
Con nombre y apellido
1 minuto de lectura'
"Un día le dije a Kenzo que él ya no era modisto y le ordené: ¡Tire la tijera y los alfileres y póngase a pintar!", se ufanaba Horacio Sosa Cordero, argentino residente en París desde hace 50 años, y profesor de pintura del japonés Kenzo Takada. El miércoles a la noche, profesor y alumno avanzado se trenzaban en un combate cuerpo a cuerpo en una galería de arte porteña, durante la inauguración de la muestra del diseñador. En un cóctel muy poblado, Sosa Cordero seguía: "Después lo hice investigar sobre distintas tendencias artísticas, desde Monet hasta el action painting, y lo llevé al color y a la sorpresa, como lo demuestran las licuadoras que hicimos juntos".
* * *
Si bien afuera estaba fresco, en el gran recinto de Venezuela 617 se vivía un clima de gran calor... humano. Mientras se abanicaba, Kenzo hablaba: "Estoy muy sorprendido por la cantidad de gente que vino: muchas personalidades y amigos". Entre otros, estaban el ex modelo Jorge Tarditti y artistas como Rogelio Polesello, Marta Minujín y Eduardo Pla. También andaban por ahí María Kodama, Ante Garmaz y la colonia de argentinos que conoció a Kenzo en París en los años 80, como el director de teatro Claudio Segovia, los escritores Javier Arroyuelo y Rafael López, que fue marido de Paloma Picasso, y la galerista Teresa Anchorena junto con su nieta Iara.
* * *
También se reencontró con el diseñador-artista la ex modelo Mercedes Robirosa, que recordaba sus primeros desfiles. Para Kenzo, por supuesto. "Los hice en Tokio, Kyoto y Osaka, en estadios para 15.000 personas, como el Luna Park. "Es bárbaro que explore otras alternativas, otros caminos de expresión, como Lagerfeld, que también se dedica a la fotografía", explicaba. A unos metros, otra ex modelo, la mítica Kouka, decía: "Conozco muy bien a Kenzo: es brillante, es de esos seres que, por su filosofía de vida, producen placidez. Es un creador que dejó una marca muy fuerte en el mundo y siempre está a la búsqueda de algo creativo. Con él compartimos la época del glamour de la alta costura, que ya no existe". Mientras, Kenzo daba sus últimas impresiones sobre Buenos Aires: "Puedo decir que los edificios son muy europeos. Imagino que hace 40 o 50 años la vida era muy linda. Los argentinos son muy gentiles y simpáticos, veo mucha gente con gustos artísticos". Acto seguido, se fue a comer al Jockey.






