Con nombre y apellido
Zulemita Menem. Paolo Bertoldi. Iñaki Urlezaga. Diana Saiegh. Renato Rita. Joaquín Furriel. René T. Rodríguez. Horacio Dabbah. David Maman. Thomas Cohn. Mercedes Casanegra. Marité Salvat. Daniel Ozan. Andrés von Buch. Mario Pasik y Marta Betoldi.
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Una comida reunió, noches atrás, a Zulemita Menem y a su ¿ex? marido, el italiano Paolo Bertoldi . Pero -contra todos los pronósticos- el tema por tratar no habría sido el divorcio. Se están dando besos, fue el rumor que se multiplicó entre las mesas de un restaurante de la Avenida del Libertador. ¿Una comida de despedida? Mmm... no, tampoco: dos días después, el tour gastronómico siguió por un restaurante de Puerto Madero. Se están dando besos, se oyó, de nuevo.
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En medio de la muestra de Dalí, en el Centro Cultural Borges, al bailarín Iñaki Urlezaga le sobrevino un ataque de nostalgia. Llegó de Londres -donde pasa la mayor parte del año, como estrella del Royal Ballet- con vistas a una gira latinoamericana. El bailarín fue interceptado por admiradores en busca de saludos, autógrafos y fotos. Lejos de huir despavorido, accedió feliz y les confesó a sus amigos que estaba un poco desacostumbrado a las muestras de afecto. Es que en Londres el trato es más bien frío, justo como el clima.
Ninguna ocasión tan buena como ésta para usar el saco verde de París, pensó la curadora Diana Saiegh un rato antes de encaminarse hacia la fiesta de cierre de arteBA. Y llegó, coqueta, con su saco parisiense. Y siguió, coqueta, toda la noche... hasta la hora del postre. Era helado, muy helado. Tanto que el amable caballero que estaba tratando de cortarlo, hizo volar la mesa por los aires, con tan mala suerte que gran parte de los elementos comestibles cayeron sobre Saiegh y... sí, su saco verde. El segundo accidente de la curadora en pocos días: el primero fue en La Plata, cuando se fracturó el brazo mientras terminaba de colgar la muestra colectiva Evita, un escudo. Igual, tiene sentido del humor. Menos mal.
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"Sos como un paraíso... arrojás luz... ¡sos un sol!", se entusiasmó el crítico Renato Rita en el Centro Cultural Recoleta, mientras inauguraba la muestra de Joaquín Molina. Pero sus cumplidos naturalistas no fueron para el artista ni dedicados a ninguna obra en particular, sino para la modelo-vedette Ingrid Grüdke. Que, últimamente, estaría convirtiéndose en habitué de vernissages de arte: la semana anterior también había desfilado por el Palacio San Miguel, en la exposición Arteclásica. "Molina es un amigo, vecino y compañero de gimnasio", justificó su presencia.
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"No hago publicidad. Ni paga ni gratuita", se excusó -categórico- Joaquín Furriel ante la bodega que le pedía una foto con una copa de vino, con el logo de la firma de fondo. El actor de Jesús, el heredero se inclinó más por los saludos a secas durante la noche del estreno de Seda, la obra de Romina Gaetani, en el Teatro de la Comedia. Entre amigos, profesores y compañeros del conservatorio, declaró sus ganas de volver al teatro. Planes para después del 15 de octubre, cuando termine sus grabaciones televisivas.
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El teléfono del empresario René T. Rodríguez no paró de sonar tras cierta comida que organizó para potenciar arteBA y el arte argentino en general. ¿El tema recurrente de las llamadas? Protestas de los que se sintieron excluidos. Al cubano-norteamericano le gusta hablar de su fe en el potencial cultural argentino. ¿Algunas de las presencias calificadas en la reunión? Los galeristas Horacio Dabbah , David Maman y Thomas Cohn , también. Mercedes Casanegra , Marité Salvat y Daniel Ozan -experto en arte de la Aduana- y dos periodistas del Miami Herald que Rodríguez se encargó de invitar para cubrir arteBA. Después, siguió un desayuno con Andrés von Buch , presidente de la Fundación arteBA.
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La otra tarde, los actores Mario Pasik y Marta Betoldi recitaron, solidarios, poemas de amor de Mario Benedetti en una residencia geriátrica de Belgrano, para festejar el aniversario de la casa. Las cosas se fueron un poco de las manos cuando, además de los moradores, poco a poco empezaron a asomarse e instalarse los vecinos. Y cuando un señor llamado Ricardo se acercó con dos escritos propios (Imágenes y Salud golondrina), que los actores leyeron, muy gentiles.






