
Con zapatos raros, en el mejor lugar del mundo
Nicola Costantino
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Tiene fama de audaz e impertinente, pero en su casa de Palermo uno puede dar con una Nicola Costantino diferente, una especie de madraza a la italiana que a las 17 ofrece té, café, agua, galletas de hojaldre y camembert. "Sí, quizá sea la sangre italiana, pero para mí recibir es cuidar, atender, hacer que la persona se sienta cómoda", comenta la artista plástica, famosa por sus esculturas conocidas como Chancho-bolas, los abrigos de silicona con aspecto de piel humana, los frisos de animales nonatos y el Savon du corps, obra que tuvo repercusión mundial. "Fue fuerte, pero no deja de tener coherencia con lo que vengo tratando desde hace años, que es el tema del conflicto y la violencia sobre el cuerpo. Lo pensé mucho, hablé con rabinos, historiadores y hasta me carteé con el Museo del Holocausto. Y me puse como carne de cañón. Recurrí a un cirujano amigo que me hizo una lipoaspiración y luego usé esa grasa para la confección de los jabones. Fue como la tesis de mi trabajo: yo misma me ofrecí como objeto de consumo", explica.
Rita, su bull-dog caprichosa, casi humana, camina entre moldes, calcos de piel y siliconas, y es hoy la compañera inseparable de la joven artista, que está por exponer en Copenhague, vende corsets humanos en Tokio y Nueva York, y aparece en la Vogue americana como una estrella. "Adoro viajar, pero también adoro regresar. Considero que la Argentina es el mejor lugar del mundo, nunca me hubiera ido. No lo pensé antes ni después de la crisis. Soy rosarina, pero a esta altura me siento absolutamente porteña. Buenos Aires tiene una efervescencia única, una energía que sólo sentí en Manhattan. Con su rotura, su suciedad y decadencia, sigue siendo una señora chic."
Costantino cocina como los dioses y lo hace a diario, como un ritual. "Todos los días, a las 14, paro todo y me encierro en la cocina. Cocino para mí y para las tres personas que trabajan en el taller. Es algo que me relaja y me pone bien. Así como algunos necesitan salir a correr, yo me reúno con mis cacerolas. Y soy rapidísima. Me especializo en todo. Hago buenos guisos, locro, puchero, mondongo, verduras grilladas o al horno, arroces combinados al wok. Después retomo el trabajo, que nunca termina antes de las 20. Eso es lo que sucede cuando uno vive y trabaja en el mismo lugar: los días no tienen fin."
Enamorada de las plantas y ahora también de su perra gruñona (no quiere adelantar nada, pero pronto será la vedette de su obra), Costantino recibe alumnos dos veces por semana, lee filosofía, mira televisión a la madrugada y va a reuniones y presentaciones para salir de la burbuja laboral. "Aprovecho para encontrarme con amigos, vestirme divertida y cambiar de aire. La ropa me gusta, sí. Pero jamás salí a comprar, me la hago yo o recurro a amigos. Adoro usar postizos, hacerme rodetitos y sacar a relucir algunos zapatos raros traídos de algún lugar del mundo. Igual, mi energía actual está puesta en un proyecto que me tiene loca. ¡Me compré una fábrica! Me voy a vivir a un lugar alucinante, junto con tres socios también. Vamos a hacer cuatro lofts, y en la planta baja algo cultural, donde se podrá comer rico, apreciar arte, tomar cursos... Estoy feliz."
Costantino exprés
Frase: "Siempre digo lo mismo y lo practico: cuando una realidad no existe, la invento y la hago".
Tango: "De chiquita odiaba el tango porque papá me agobiaba. Pero hoy me encanta. El es médico, pero tiene una orquesta, Evocación del 900, y toca el bandoneón".
Inspiración : "Cada dos años, aproximadamente, se me ocurre algo impresionante. De pronto me imagino todo y siento algo así como un desmayo".
Ensayo: "Con Rita practico mi rol materno. Estoy todo el tiempo pensando en ella y no me molestan sus ronquidos, sus patas sucias. Me encantaría ser madre y sé que no pasará mucho tiempo hasta que suceda".
Manía: "Me encantan los perfumes, pero cuando llego a la mitad del frasco debo cambiarlo por otro. Tengo miles, soy muy infiel a las fragancias".



