
Confusa versión del clásico "La Cenicienta"
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"La Cenicienta". Versión libre de Marisé Monteiro del cuento de los hermanos Grimm. Música: Martín Bianchedi. Vestuario: Enrique Bertancour. Dirección vocal: Valeria Lynch. Dirección y coreografía: Héctor Estévez. Intérpretes: Betina O´Connell, María Rosa Fugazot, Fabiana Rey y alumnos de la Escuela de Comedia Musical de Valeria Lynch: José de Ayala, Rocío Terlizzi, Tassara, Santiago Raimundo, José María Galante. En el teatro Concert, Corrientes 1218, todos los días, a las 15 y a las 17. (Entradas: de 12 y 17 pesos).
Nuestra opinión: regular
El cuento de la "Cenicienta" siempre ha resultado atractivo, no solamente porque está en el imaginario infantil de todo el mundo, sino porque en su contenido se mueven sentimientos y relaciones básicos. La historia de la niña maltratada por su madrastra y sus hermanastras, que, a pesar de las injusticias que soporta, es alegre y gentil, y finalmente es premiada por un ser mágico y puede enamorar al hijo del rey y acceder a su palacio, es una buena historia de celos, rivalidades e injusticias, con un final donde las cosas se ubican en su lugar y la víctima tiene, por así decirlo, su grandiosa revancha.
Con este relato los adultos regresan a esos sueños ingenuos de la infancia con princesas lindas y buenas, príncipes galantes, capaces de superar los prejuicios sociales de la corte por el amor, y hadas madrinas que aparecen cuando más se las necesita. Y los niños se dejan llevar por la fantasía y el romanticismo, a la par que aprecian y sostienen con energía el sentido de justicia que recompensa a "los buenos".
Marisé Monteiro le ha dado forma de musical a su versión. Las canciones y las coreografías, aunque simples, marcan momentos agradables y refrescantes de la pieza.
Una nueva versión
Este clásico relato, como todo cuento tradicional, ha sido objeto de numerosas versiones a lo largo de su historia, siempre con algunas modificaciones. Sin embargo, algunos elementos se mantienen y son como su tarjeta de identificación. La autora conserva la estructura básica y se ocupa de que ciertos detalles como la zapatilla de cristal que la Cenicienta pierde al huir, el plazo hasta la medianoche, la hostilidad de las hermanas, entre otros, estén presentes.
Los cambios se perciben en el dibujo esquemático y lineal que ha trazado de los personajes.
Cenicienta se muestra bastante inmune, casi indiferente a los maltratos de su familia, pero no sumisa. Pese a ser la víctima, evidencia cierta superioridad, se ríe disimuladamente de los defectos de sus hermanastras y no se toma en serio sus caprichos. También parece divertirse mucho con las confusiones que surgen de la sordera de su madrastra. Y se pasa la mayor parte del tiempo jugando con un oso y con un ratón, quienes son sus amigos.
No está muy claro si es una niña pequeña que juega con animalitos, o una joven que desea mucho ir a divertirse en un baile. Esta contradicción en la protagonista, sea problema del libro o de actuación, hace difícil la percepción del sentido del relato y descoloca al resto de los personajes que la acompañan. Las escenas se ven poco precisas, inconclusas, como cuadros sucesivos que cambian abruptamente de tema.
La impresión que se tiene es que se quiso jugar con otra mirada de la historia y otra imagen de la protagonista, sin contar con el espacio, el trabajo de composición y la necesaria libertad para el juego.
Cualquiera haya sido la dificultad, el espectáculo se presenta reducido, como encorsetado y confuso, al haberse salido de la versión clásica sin haber desarrollado en profundidad una nueva interpretación.
A María Rosa Fugazot, la madrastra le queda chica. La actriz logra exhibir su simpatía y su dominio del escenario, pero tiene a su cargo un personaje limitado y sin aristas que no le dan muchas posibilidades creativas. Por su parte, las hermanastras resultan demasiado patéticas, sus gritos no convencen, aunque sí dan la sensación de caos: sólo parecen estar para hostigar a Cenicienta.
Es posible que el espacio escénico haya resultado muy reducido para las imágenes que propone la obra. En ese sentido, ni la escenografía ni el vestuario lograron las necesarias condiciones de ductilidad, levedad, capacidad de transformación y sugerencia que actualmente son proporcionadas por elementos livianos e imaginativos y que hacen falta para que de todos modos uno pueda representarse un baile en un palacio, una joven haciendo sus tareas o jugando en el bosque.
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