Todo comenzó con Sábados de superacción , con la televisión todavía en blanco y negro. Fue entonces cuando el escritor Carlos Gamerro le tomó el gusto al cine y, en especial, a algunos géneros como la ciencia ficción, la acción, las películas de la selva y lo que en inglés se llama swords and sandals (espadas y sandalias), que abarca films con argumentos basados en la historia antigua o en la mitología, y que incluye desde películas épicas, como Ben Hur, o las protagonizadas por el estadounidense Victor Mature -al que el autor de Los secretos y las voces describe como "una especie de patovica depilado"- hasta otras similares, pero de bajo presupuesto.
Gamerro alterna su escritura con clases de literatura en inglés y castellano. Shakespeare es uno de los cursos que da todos los años, por eso siempre está atento a las versiones cinematográficas de las obras del gran autor británico. "Me encantan las malas adaptaciones de los grandes clásicos -confiesa- y después escribir sobre estas películas para destrozarlas." Como buen ejemplo de esto nombra la versión de La Iliada , protagonizada por Brad Pitt, en la que de repente aparecen dos llamas en medio de Troya. "Eso es Hollywood", sentencia.
"Las adaptaciones de los clásicos muchas veces parecen teatro filmado. En cambio, cuando se trasladan a la época actual hay más riesgo, más cosas en juego. La mejor de este tipo es Ricardo III -dirigida por Richard Loncraine-, que tiene lugar en los años 30, en una Inglaterra fascista. Es un pasado posterior que no sucedió. También Romeo y Julieta , en la que el director Baz Luhrmann busca en Shakespeare lo que parece estar pidiendo entrar en la época actual. Y la peor podría ser una versión de Hamlet con Ethan Hawk que transcurre en Wall Street, y en la que el fantasma del padre aparece en una máquina de Pepsi."
"Me gusta el cine argentino. Sobre todo lo que se está haciendo ahora. Aunque existe una diferencia muy grande entre el cine de festivales y el comercial", comenta. Pablo Trapero, Lucrecia Martel y Lucía Puenzo son algunos de los nuevos directores que le interesan. "Cuando vi XXY no podía creer que estuviera hecha en la Argentina. Es muy jugada. Plantea temas como qué es ser hombre, qué es ser mujer, qué es el deseo", dice sobre la ópera prima de Puenzo.
Entre los libros de su biblioteca aparece A definitive study of Alfred Hitchcock , de François Truffaut. "Lo compré en Nueva York hace más de 15 años. Si alguien quiere saber qué es el cine bueno, que lo lea", dice, y explica que, en el libro, Truffaut pregunta tomando una posición de discípulo que a la vez opina. "Hitchcock es un cineasta muy consciente, y lo que eso tiene de bueno es que puede explicar lo que hace."
David Lynch está entre los que encabezan su lista de directores favoritos. "Sus películas se parecen a pesadillas tan deslumbrantes como indescifrables. Se mete en la identidad, en el deseo, en qué es el otro, cuando en general al cine le cuesta mucho la introspección. Es característico de él la cámara que se mete y atraviesa una superficie, pasa al otro lado. Desde lo cinematográfico se mete en la psiquis tanto como lo hacen Shakespeare, Dostoievski o Joyce en la literatura", sostiene. Algunos de los títulos de Lynch que destaca son, por supuesto, la clásica Terciopelo azul , "visualmente fascinante, se toma muchas situaciones en serio y en broma al mismo tiempo", y la más reciente Imperio . Dos recomendaciones para este fin de semana, por ejemplo.