
Copi sienta cabeza en el San Martín
Del 18 de marzo al 3 de mayo estará en escena, en el Teatro San Martín, "La mujer sentada", la genial historieta de Copi adaptada a teatro.
El proyecto está a cargo de Marilú Marini y Alfredo Arias, que fueron sus amigos y se convirtieron en los mayores difusores de la producción de este argentino que vivió en tierras francesas. Ellos protagonizaron la primera versión de "La mujer sentada", en 1984, en el Teatro de La Colina, una sala que, para ese entonces, estaba dirigida por otro compatriota que está actualmente trabajando en Buenos Aires: Jorge Lavelli.
Los primeros pasos de esta obra se los puede hallar en las páginas de las revistas Tía Vicenta y Cuatro Patas. Sin embargo, la consagración de este material llegó finalmente cuando empezó a ser publicada en el prestigioso medio francés Le Nouvel Observateur. Para ese entonces, Copi ya estaba radicado en París, donde entabló una profunda amistad con los integrantes del grupo TSE, cuyos miembros venían de realizar un importante trabajo de experimentación en el mítico Instituto Di Tella.
"En la producción de Copi, esta pieza constituye una especie de prototeatro. Yo adoraba esa historieta. El trabajo de adaptación que hicimos con Marilú (Marini) fue bastante complejo si se toma en cuenta el carácter plano que tienen los personajes", destaca Alfredo Arias desde París.
Arias no sólo se encarga de la dirección de este material sino que ,además, interpretará a aquellos personajes que se acercan a cuestionar a esta mujer que ni siquiera tiene nombre.
Una nena, un pollo, el marido, una vecina, su madre, una serpiente y un caracol forman parte de esta singular galería de seres inquisidores. "Si bien ya hicimos "La mujer sentada" hace más de 10 años, esta versión es distinta. De hecho, Roberto Plate (escenógrafo que forma parte del grupo de teatristas argentinos radicados en París) diseñó otro esquema escenográfico para la puesta que vamos a presentar en el Teatro San Martín", destaca el creador de "Mortadela" y "Niní".
Este puestista ya había montado, en marzo de 1970, otra pieza de Copi: "Eva Perón".
Una obra en la cual Facundo Bo hacía de la abanderada de los humildes. Ese montaje levantó polémicas tanto en las orillas del Sena como en las del Río de la Plata. Polémicas que terminaron en amenazas y con hechos de violencia por parte de las derechas de ambas orillas.
"Copi era un transgresor que rompió con las formas tradicionales.
Era un sujeto melancólico con un humor delirante y, fundamentalmente, tenía la estatura de un poeta. Por medio del absurdo llegaba a la tragedia, pero siempre preservando esa locura y ese humor tan particular", define Arias.
Una silla en el centro del mundo de Copi
Semblanzas: la protagonista dibuja un perfil del autor y de su famoso personaje nacido para la historieta.
Desde París y a punto de embarcar hacia Buenos Aires, Marilú Marini da su parecer sobre el personaje central de "La mujer sentada", esa especie de "opinadora sin moral y poseedora de una ignorancia genial", como le gustaba definirla a Copi.
"Es una obra que aborda temas centrales como la soledad o la búsqueda de una respuesta -dice la actriz radicada en París-. El personaje representa el pensamiento de alguien que sabe que va hacia la catástrofe, pero que sigue en la misma línea. No puede salir de su esquema, pero busca, casi desesperadamente, algún tipo de comunicación. Yo diría que esta mujer posee una especie de estrechez metafísica. La vida pasa por ella, delante de ella a través de estos 20 personajes que se acercan a cuestionarla."
-¿Cómo es retomar este personaje después de aquella primera puesta, hace más de 10 años?
-Volver a encontrarme con esta mujer es algo que me conmueve mucho. Lo más increíble es que hallé en mi cuerpo la memoria de lo que había hecho hace tantos años y, al mismo tiempo, me di cuenta de que tenía que modificar aquello. En todo este tiempo me han pasado muchas cosas, tanto en el nivel artístico como en el personal. Todo eso alimentó este nuevo trabajo.
- En un reportaje decías que esta obra te remite al circo criollo.
-Pienso que eso se debe al amor que Copi tenía por ese tipo de expresión artística.
- ¿Y también al amor que tenía por los géneros menores, como los cómicos del balneario, el radioteatro o la historieta?
-Claro, pero yo no los consideraría géneros menores. Son expresiones teatrales en donde hay mucha fuerza y coraje. Toda esa gente encarna a sus personajes en situaciones marginales en las cuales se da una enorme complicidad con un público que no está sentado como si estuviera en una obra clásica. En ese tipo de expresión hay otra actitud.
"La mujer sentada" tiene la vitalidad de géneros como el circo, el music hall o el teatro de la Costanera, como vos antes decías. Toda esa fuerza está sintetizada en la poesía de Copi.
El era un gran poeta, alguien que, desde la marginalidad, no realizaba ningún tipo de concesión a la sentimentalidad. Era un tipo que mordía la realidad sin apelar a ningún tipo de convencionalismo.
-¿Cómo se actúa esa locura tan sacada que tienen sus textos?
-Personalmente es algo con lo cual me siento muy cómoda. Entiendo su humor, sus mecanismos y su profunda necesidad de comunicar. Es una locura que me hace recentrar.
- ¿El haberlo conocido te ayudó a componer sus personajes?
-Sin duda. En cierto sentido, Copi es el personaje que en la historieta aparece preguntando. Y, al mismo tiempo, es la mujer sentada.
En él se resume la pregunta, la respuesta y la situación generada por todo eso. Haber conocido la elegancia de sus sentimientos me facilitó el trabajo de interpretar a este personaje desmesurado que está al borde de la desintegración.
- ¿Qué papel ocupó Copi entre los franceses?
-Todavía hoy, muchísimos parisienses me cuentan que compraban todas las semanas el periódico Le Nouvelle Observateur para saber qué pasaba con la historieta. Ese personaje se convirtió en un alguien mítico, cotidiano y popular. Esta mujer comentaba todos los temas: desde opiniones ontológicas hasta el amor libre, pasando por la acción de la izquierda.
Tenía una opinión sobre la realidad, pero siempre desde un punto de vista de ignorante metafísica. Todo esto era un rasgo particular de Copi. El tenía la irreverencia del poeta, de la persona que, frente a algo ridículo, pone el dedo en la llaga.
- Su obra no se representó en Buenos Aires hasta que no concluyó la dictadura. ¿Sus textos necesitan de un clima de libertad para ser llevados a un escenario?
-La producción de Copi requiere de una atmósfera especial para poder representarse.
El reconocimiento que alcanzó acá, en Francia, es tan importante que, cuando hace unos años el diario Le Monde hizo un cuadro con los distintos autores que hacen al teatro actual, Copi estaba presente cerca de Beckett y Genet. Si eso mismo no sucede en Buenos Aires supongo que será porque no hay muchas cosas suyas publicadas en la Argentina. Independientemente de eso, él tenía mucho cariño hacia lo argentino y hacia la cultura popular. Tenía una cosa muy campera.
-Ya que hablamos de lo familiar, ¿qué papel jugaba el mondongo en la relación que tenía con él? (Marilú larga una risotada que se escucha desde este lado del Atlántico).
-A Copi le encantaba cocinar mondongo, era uno de sus platos fuertes. Eso también es un rasgo muy de campo, muy familiar. Debo confesar que no es una de mis comidas predilectas, pero era un rasgo de mucha ternura que él te cocinara mondongo.
Siguiendo una línea de pensamiento freudiano, diría que, metafóricamente, el mondongo era la carne de la patria, la madre que nosotros matábamos y nos la comíamos. (Vuelve a reírse y continúa.) Pero, más allá de los mondongos, lo más importante en Copi es esa visión poética articulada desde un punto marginal de la realidad, y su profundo rechazo a lo convencional.
Un rechazo que no era ni político ni filosófico sino que se daba como expresión de un pensamiento poético hecho carne. El mundo que retrataba en sus obras es un universo espantoso, violento, pero él era un tipo sumamente elegante.
Sobre su próximo estreno en el Teatro San Martín, Marilú Marini confiesa: "¡Qué miedo me da todo esto!" Y, como argentina que vive en el exterior, hace una pregunta sumamente nostalgiosa:"Contame, ¿cómo está Buenos Aires?".
Ahí comienza la parte personal de esta entrevista en la cual, ahora, esta mujer sentada frente a un teléfono dedica su tiempo a preguntar sobre su tierra.
Billete de salutación
El siguiente es el texto de la carta que Copi le envió a Marilú Marini con motivo del estreno de "La mujer sentada", en 1984, en París. Su título era "La performance de la Marini". -¿Así que estuvo en Lutecia?
-Me di una vuelta en febrero para pasear a Lucrecia.
-Diga, ¿qué ha visto de nuevo?
-Acudí a ver una pieza al teatro del Maturini es allí donde se expresa la gran Marilú Marini.
-¿Es una pieza del Arias?
-Adaptada del Copi, su galán es Nicolin, un muchacho superfino perfumado al pachulí, que le promete destino y le canta las mil arias luego la deja plantada y vuelve cuando está viejo, temblequeando y sin un peso a dárselas de pendejo, cual si el tiempo no pasara.
-¿Qué replica la Marini?
-Ella reflexiona un rato, después se compone el pecho: ¡Salí de aquí, traicionero!
¡Andate con tu pandilla! yo me quedo con mi silla sentada en el gallinero.
-¡Bien dicho! ¡Escena de miedo!
-¡El público se enardece -y la ensordece de aplausos!
-¿Entonces, ella...?
-Una pausa, luego saluda y se sienta.
-¿Y qué pasa?
-Pasa el tiempo.
Hay una puerta que se abre y entra el viento del desierto, pasa un viejo, se cae muerto, ella se cambia de traje y después se va de baile con un pescado y una fraile, todos ellos animados por el actor Nicolin.
-¿La pieza tiene moral?
-Marilú queda sentada pensando en la moraleja.
-¿Y la frase del final?
-Primero no dice nada, después sacude una ceja.
Copi, 2 de febrero de 1984



