"Coronación", de la novela al cine
La célebre obra de José Donoso se transformó en la película más premiada de la nueva producción chilena
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El director chileno Silvio Caiozzi confiesa que no es aficionado a la lectura, pero que existe un escritor capaz de transportarlo a un mundo de maravillas: su compatriota José Donoso, el gran autor fallecido en 1996, que en los años sesenta brilló en esa laxa y variopinta constelación de talentos literarios que la temprana astucia criolla para el marketing accedió a promocionar bajo el rótulo de "boom latinoamericano".
"Leía sus novelas y las veía hechas película. Me fascinaba su mundo, las casonas donde transcurrían sus historias, que eran como un personaje más dentro de la trama", dice Caiozzi. Y, siendo ambos hijos de la misma cultura y aficionados a las mismas cosas (Caiozzi, a las historias retorcidas de Donoso, y éste, al cine en general), que se encontraran -en un sentido profundo del verbo- fue sólo cuestión de tiempo. Uno de los buenos frutos de ese encuentro es el film "Coronación", que mañana se estrenará en la Argentina, dirigido por Caiozzi, autor, además, de la adaptación de la novela homónima de Donoso.
"Desde el punto de vista cinematográfico, lo que más me atrajo de "Coronación" fue la riqueza de los personajes, que son completísimos y se van modificando psicológicamente con el correr de los hechos -dice Caiozzi a LA NACION, de visita en Buenos Aires para acompañar el estreno de su película-; luego, la posibilidad de pintar una sociedad en un momento determinado de la historia de un país por medio del retrato de las generaciones que la componen; por último, me interesó el contraste entre el tiempo muerto, que parece no transcurrir dentro de la casa -el escenario central de la historia-, y la vida cotidiana en las calles del Chile de hoy."
"Coronación" (tanto la novela como el film) narra la íntima desdicha de don Andrés, hombre de la alta burguesía chilena que se acerca a los 60 años con la amarga certeza de que su vida ha sido estéril. Soltero, sometido a la figura tremenda de misia Elisa, su abuela de noventa y tantos años, con más dolor que placer, Andrés descubre un soplo de vitalidad en su espíritu marchito al comprobar que es capaz de apasionarse ciegamente por Estela, la campesina adolescente que entra en la casona familiar al servicio exclusivo de las necesidades y caprichos de misia Elisa.
Generalmente la novela fue interpretada como una metáfora de la decadencia de la clase acomodada de Chile en contraposición con el crecimiento vigoroso de la clase media baja y el aumento del lumpenaje. Sin embargo, en la versión cinematográfica Caiozzi prefirió trabajar más los conflictos íntimos de los personajes que el enfrentamiento de clases sociales.
"Donoso escribió "Coronación" en 1958, y ése es justamente el momento en que comienzan en Chile los conflictos clasistas, que después se desarrollan en la década del 60 hasta desembocar en el golpe de Estado de 1973. Pero en el Chile de hoy, aun existiendo, los problemas sociales no son el centro del debate. Hoy el tema es que no hay en qué creer, no hay ideales.
-Eso es lo que muestra en el film el personaje de Carlos Gros, el médico amigo de Andrés.
-Sí, es una de las pocas modificaciones que introduje respecto de la historia original, para actualizarla. Hoy, en Chile, el poder está en manos de personajes como éstos, especuladores que basan su potencia en la mera posesión de bienes y en la exhibición de esa posesión, pero sin ideología alguna, con absoluto cinismo. Carlos está tan solo como Andrés, aunque de un modo distinto. El personaje de Andrés también es diferente del original; el de la novela es más característico del Chile de comienzos del siglo XX, uno de esos aristócratas citadinos muy finos, que basan su vida en la intelectualidad pero son hombres de una frialdad espantosa. Pensando en la actualidad, a este Andrés lo hice un poco más víctima. Es alguien que siempre quiso amar, tocar, sentir, oler y, por la castración a que lo sometió su abuela, no pudo.
En "Conjeturas sobre la memoria de mi tribu" Donoso confiesa que para el personaje de Misia Elisa se inspiró en su abuela materna. Caiozzi le sumó rasgos de su propia madre a la criatura magistralmente interpretada por María Cánepa. "Fuimos a un asilo y pasamos horas grabando en video el comportamiento de algunas mujeres de temperamento y clase social similares a los de Misia Elisa. Después estudiábamos esas grabaciones con la actriz. Queríamos algo real, no un clisé. Cualquiera que haya estado cerca de una persona senil sabe cómo son las cosas. Es curioso cómo todas las mujeres de carácter fuerte que llegan hasta esa edad reaccionan de manera parecida: no se entregan, luchan hasta el final."
Debajo del abrigo materno
Apasionado por el cine desde pequeño ("a los 3 años mi madre me llevaba a las salas escondido debajo de su abrigo, porque si me dejaban en casa hacía un escándalo"), Caiozzi decidió dedicarse a las artes visuales cuando a nadie en Chile se le ocurría que eso podía ser una profesión. Estudió en los Estados Unidos y cuando volvió a su país comenzó a trabajar en televisión y como director de fotografía en algunas películas. Luego se asoció con dos amigos.
"Con el golpe de Pinochet se termina la posibilidad de hacer cine en Chile, así que nos dedicamos solamente a los spots publicitarios. En ese momento, una de las primeras medidas que tomó Pinochet para darle circo al pueblo fue aprobar la televisión color y mantener un dólar muy bajo, con lo cual todos los artículos importados que antes eran prohibitivos pasaron a ser baratos. Entonces el pueblo chileno compró televisores, la ciudad entera, hasta las barriadas más miserables se llenaron de antenas de TV. Eso pasó a fines de 1973. La televisión chilena vivió en pocos meses un auge publicitario gigantesco, entraban grandes cantidades de dinero. En ese momento, haciendo cine publicitario nos fue muy bien, ganamos mucho dinero y en lugar de gastarlo en fiestas o esconderlo, comenzamos a comprar equipos, cámaras, siempre con la idea de hacer una película alguna vez.
Películas y política
Silvio Caiozzi es hoy una personalidad destacada dentro de la vida cultural chilena. "Coronación" recibió cerca de cuarenta premios en distintos festivales internacionales (Montreal, Huelva, La Habana y Nueva York, entre otros), y a su estreno en Chile, hace dos años, asistió el presidente Ricardo Lagos. Actualmente, el director preside la Plataforma Audiovisual de Chile, una federación que reúne a los distintos sectores involucrados en la producción cinematográfica y televisiva de su país. En esa posición, lo preocupan dos temas: la próxima sanción de una ley nacional de cine, la primera que Chile tendrá en toda su historia, según Caiozzi, y los efectos colaterales del ingreso de su país en el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.
"Ese compromiso coartaría los posibles acuerdos de coproducción con Europa o con cualquier otro país latinoamericano. El gobierno chileno se vería imposibilitado de firmar convenios para coproducir con cualquier país que no sea Estados Unidos. Esto es gravísimo. El gran problema del Tratado de Libre Comercio es que considera las industrias culturales y artísticas como un negocio más, y no lo son, porque las industrias culturales forman la identidad de un país y lo proyectan hacia el futuro. En los Estados Unidos saben eso, porque la gran expansión económica de su país se dio gracias a su penetración cultural. Por eso el TLC no ataca los fomentos locales al cine, sino que trata de impedir la conformación de fuertes bloques culturales. Los países latinoamericanos deberían estar atentos a este tema, especialmente en momentos en que se están abriendo posibilidades muy interesantes en todo el mundo para el mercado hispanohablante".
Perfil de realizador
- Silvio Caiozzi nació el 3 de julio de 1944.
- Se graduó como Bachelor of Arts in Communications en la Universidad de Columbia, en 1967.
- Trabajó en TV y filmó cuatro largometrajes: "A la sombra del sol" (1974), "Julio comienza en julio" (1979), "La luna en el espejo" (1990) y "Coronación" (2000)
A las órdenes de Costa-Gavras
- Silvio Caiozzi fue camarógrafo de Constantin Costa-Gavras durante el rodaje de "Estado de sitio" (1973). Allí estaba al frente de la segunda unidad de cámara. "Esa ha sido mi única experiencia en una superproducción, donde de pronto había mil quienientos extras disfrazados de soldados. Fue una experiencia interesante, pero mucho más fría que la que viví con otros directores, como Raúl Ruiz, filmando películas a la chilena, con presupuesto muy bajo.
"Costa-Gavras decidió que los que integrábamos esa segunda unidad de cámara hiciéramos lo que nos gustara y trabajáramos con libertad absoluta. Cuando venía a ver lo que habíamos filmado, le gustaba sorprenderse con nuestro trabajo; en general aplaudía y gritaba: «¡Bravo!»"




