
Cuando el documental supera la ficción
Bonanza Muchinsci, protagonista de un film de Ulises Rosell
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"Desde que tengo uso de razón, siempre me dediqué a la caza y a la pesca." En la entrada del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), Bonanza Muchinsci, de 71 años, dice esta frase, casi como escapada del largometraje documental dirigido por Ulises Rosell, que lo tiene como protagonista junto a sus dos hijos, Verónica y Norberto.
Bonanza -así se llama también el film- se proyecta los viernes y sábados en el Malba, con posterior charla con Muchinsci. Es el resultado de cuatro años de filmación en el hogar de este hombre, un caserío a 43 kilómetros de la Capital Federal, debajo de la autopista que une Buenos Aires con La Plata, y ya cosechó varios premios y menciones en festivales internacionales, incluido el de Mejor Realización Documental en el Mannheim-Heidelberg International Film Festival (2001) y el Tercer Coral Documental del Festival Internacional de Cine de La Habana (2001).
El trabajo resume la historia de este Rey de los Cirujas, como se lo presenta, mezcla de aventurero, cazador de serpientes, padre de familia y supuesto ladrón de un camión de caudales, asunto sobre el que prefiere no explayarse demasiado, aunque asegura que "lo que tenía que pagar, ya está pago".
No se siente muy cómodo con esta fama repentina. "Me molesta. Yo soy como soy, y con los años que tengo, no quiero dejar de hacer lo que hago... Tendría que dejar un poco, pero no voy a dejar -explica-. Me gusta vivir a mi manera, tranquilo. Por ejemplo, reniego cuando llego al Malba y viene un tipo a abrirme la puerta. Le digo: No me abras más la puerta, loco. Me siento mal."
Poco convencional
Mientras se presta para la sesión de fotos de LA NACION, Bonanza bromea con el fotógrafo, hace comentarios sobre los curiosos que se detienen atraídos por los flashes y repasa con la misma verborragia algunos de sus negocios poco convencionales, que siempre lo acompañan en la supervivencia. "El otro día, me agarró la locura y fuimos a la casa de un tipo, ahí en Plaza Italia, y compramos mil gomas de moto. ¿Qué hacemos con las gomas? -pregunta; sabe que nadie podría adivinarlo-. Las vienen a comprar para los piquetes. Viene el sindicato de tal lado, dice: Deme tantas gomas... y listo. De la misma manera que compro y vendo autos viejos, repuestos o chatarra. Los dejo parados ahí hasta que alguien los necesita".
Bonanza vive en el barrio mucho antes de que naciera su hija, La Vero, hace casi 30 años, pero asegura que está cansado de estar ahí porque lo que antes era un descampado hoy se transformó en un barrio propiamente dicho -"La única casa que no es de material es la mía", dice-, y a él le gusta vivir en libertad, al aire libre, en contacto con la naturaleza.
Para más datos, Muchinsci nació en una familia de clase media, en Avellaneda, pero con el tiempo decidió darles la espada a sus orígenes para convertirse, como reza el subtítulo de la película, en Una especie en extinción, una rara avis que despierta curiosidad y muchos interrogantes.
Otra actividad de Bonanza es capturar serpientes, cotorras y otros animales. "Se venden y no se venden -aclara-. En el negocio de los animales, más que vender hay que ser un poco psicólogo... Hay gente que porque tiene un mango en el bolsillo cree que puede comprar un animal, y después lo tienen tirado. Por eso, para que yo le venda un animal a alguien tiene que venir recomendado por una persona de mi entera confianza. Si no, no se lo vendo."
A todo esto, ¿cómo orienta la educación de sus hijos? "Desde que falleció su madre, hace mucho tiempo, lo único que busco es mostrarles una forma de vivir -describe-. Si vamos a cazar una cotorra, que aprendan cómo se hace. Si estamos hablando con una persona, que aprendan a hablar. Que vayan a la escuela para aprender, no para hacer lío."
Hasta en Navidad
"Respeto mucho a Ulises (Rosell), porque el día que le tocaba comer bagre frito, nutria, o lo que fuera, lo comía, y andaba para todos lados igual que nosotros", cuenta Muchinsci sobre el director de Bonanza. "Con él y el cámara (Bill Nieto) hicimos una amistad muy grande. Tan grande que una Nochebuena estábamos con mi nena, mi nene y Gómez, el otro barbudo que aparece en la película, todos juntos sentados a la mesa, listos para empezar a comer, cuando sentimos que El Panda salía ladrando para afuera y de pronto... silencio. Bueno, es un conocido, pensamos todos. Enseguida salió La Vero y me dijo: Pa, es Ulises. Había aparecido 12 menos veinte de la noche, para pasar Nochebuena con nosotros."






