
Cuatro talentosos encorsetados
"Alarma", de Michael Frayn. Con Alejandra Flechner, Roberto Catarineu, Valeria Bertucelli y Humberto Tortonese. Traducción y adaptación: Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Escenografía y vestuario: Jonathan Fensom. Iluminación: Robin Carter. Dirección: David Grindley. Duración: 120 minutos. Teatro Broadway. Nuestra opinión: buena.
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Con la inteligencia y desfachatez que los caracteriza, en la nota de anticipo que La Nación les hizo a Alejandra Flechner, Humberto Tortonese, Roberto Catarineu y Valeria Bertucelli, hicieron sus respectivas críticas de "Alarma" que vale la pena recordar.
Flechner dixit:"Nosotros no podemos hacer de ingleses, mucho menos de actores ingleses, cuando apenas conocemos Londres por foto. Imaginate, los personajes de Tortonese se llaman Nicolas, John..."
La actriz apuntaba al trabajo de adaptación de una pieza que se esfuerza todo el tiempo en hacerle creer al público que la acción transcurre "innecesariamente" en Inglaterra. De todos modos, la obsesión realista del director inglés David Grindley se cae por la borda cuando, en una de las escenas, los personajes abren un diario nacional local o, en otra, se comunican desde los dos aeropuertos londinenses usando teléfonos públicos locales. ¿En qué quedamos?
Tortonese dixit:"La obra es pretensiosa en su contenido. Tiene un rollo contra la tecnología y esas cosas...". Supuestamente, la pieza de Michael Frayn analiza las consecuencias cotidianas que tiene el uso indiscriminado de la tecnología. Un punto de partida que puede ser interesante, pero que nunca profundiza. Así, la pieza se queda en reflexiones superficiales y con "conclusiones" traídas de los pelos.
Catarineu dixit:"Es un poco laaaaarga....". El actor se refirió así, muy escuetamente, para señalar uno de los factores que quita ritmo y efectividad al trabajo. Es más, en el segundo acto, la escena que transcurre en un avión está francamente de más.
Bertucelli dixit:"La lucha actual es tratar de respetar el texto sin tener que decir exactamente lo que dice". Y esa "lucha" que se producía en medio de los ensayos se observa en el escenario. Porque los cuatro intérpretes lucen encorsetados por una marcación que no les va, que pocas veces producen chispazos interesantes.
Por ejemplo, Catarineu -en medio de idas y venidas con timbres que suenan por todas partes- debe meter su pie en una cacerola agregándole más desgracias a su transitar. El "efecto" es conocido, pero puede ser efectivo (vale recordar las películas de Los Tres Chiflados); pero en el escenario delBroadway, la situación posee una enorme pobreza y lo que se observa es a un actor preocupado por hacer creíble una situación mal resuelta.
Un cuarteto de lujo
Las declaraciones de los cuatro actores se produjeron a menos de un mes del estreno. Cada una de esas "observaciones" cobran vida después de ver "Alarma". Lástima que, a tiempo, esa mirada crítica no fue tomada en cuenta.
Parece ser que el director inglés David Grindley llegó a Buenos Aires con su manual de instrucciones bajo el brazo. Pero por seguir al pie de la letra su propio libreto, no supo potenciar y encausar la locura, el talento, el desparpajo de estos cuatro excelentes comediantes. Como consecuencia lógica, esos problemas en el armado del proyecto atraviesan al espectáculo.
Quienes sudan la obra, quienes la sacan a flote, la potencian, la sostienen y la tornan divertida son Alejandra Flechner, Humberto Tortonese, Valeria Bertucelli y -en menor medida- Roberto Catarineu.
Cada uno en su veta, su tono y su locura logran sacar chispas insospechadas a las seis escenas. Cuatro comediantes de lujo que, juntos, son cómplices de momentos brillantes que salvan al espectáculo en su totalidad. Aun encorsetados, sacan a relucir lo mejor de ellos. Ojalá que con el paso de las funciones, logren soltarse aún más.
Interrogante
La tendencia de importar directores ya parece una moda. Alejandro Romay, el productor de "Alarma", obtuvo muy buenos resultados económicos y artísticos cuando trajo a Mick Gordon para montar "Closer" y "Mi bella dama". Pero a partir de la pieza que acaba de estrenar, haría falta una reflexión más profunda sobre el diseño integral de un espectáculo. En definitiva, tener en claro cuándo es beneficioso artísticamente importar a un director y cuándo es mejor trabajar con un puestista local.
En el caso de "Alarma", seguramente si este mismo texto hubiera estado en manos de un director conocedor del código actoral de los protagonistas, el resultado hubiera sido otro. Pero al traer un puestista extranjero, que apenas tiene cinco o seis semanas para estrenar una obra, no hay tiempo físico ni talento que alcance.
Y mucho menos con cuatro intérpretes acostumbrados a trabajar en proyectos en los cuales puedan poner de lo suyo. Con cuatro sacados de la escena acostumbrados a provocar, a arrasar con sus energías. Pero, claro, para darse un trabajo de ese tipo el circuito comercial no tiene tiempo.
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