La “sucia media docena de Eminem está lista para que en todas partes se hable de Detroit.
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Estamos en Royal Oak, Michigan, un suburbio de Detroit. Afuera hay hielo, nieve y aguanieve. Adentro, sobre la mesa del local de Mr. Bs, hay alas de pollo de Buffalo y tés helados de Long Island. Alrededor de esta mesa se encuentran cinco de los seis miembros de The Dirty Dozen: Proof, Kon Artis, Swift, Kuniva y Bizarre. El sexto miembro del grupo, alguien llamado Eminem, no está aquí por el momento.
Antes de que el mundo se enterase de quién era Eminem, el muchacho era miembro de The Dirty Dozen, también conocidos como d-12. Y ahora, como corresponde a la tradición hip-hop, Eminem ha vuelto a Detroit para abrirles la puerta del éxito. "Prometimos volver para ayudarnos los unos a los otros si nos iba bien", dice Eminem algunas semanas más tarde. "Yo fui el primero, así que los hice contratar por mi sello."
Si el último álbum de Eminem trataba sobre las andanzas de un tipo loco, Devil’s Night, el debut de d-12, intenta transmitir toda una visión retorcida del mundo. El título del álbum ejemplifica la extraña realidad de la ciudad natal de d-12: Devil’s Night [la noche del diablo] es una tradición de Detroit que comenzó a mediados de los 80, según la cual, la noche previa a Halloween, jóvenes revoltosos prenden fuego a edificios abandonados. El año pasado hubo 151 incendios de este tipo.
-A Detroit no le interesa la inteligencia -dice Proof-. Ambas costas de Norteamérica tienen veleidades artísticas, pero Detroit no es un sitio creativo. Es un lugar fabril.
D-12 está aquí para mostrarte lo repulsivo, lo desagradable.
-No te vamos a mostrar la tradicional lucha de los buenos contra los malos -advierte Proof-. Queremos que se nos culpe de poner sobre la mesa esas cosas de las que a la gente le da miedo hablar.
Mientras acosan con bromas a la pobre camarera ("¿Venden porro aquí? ¿No sabés dónde puedo comprar crack?"), los muchachos, todos entre 23 y 25 años, recitan rimas de su disco para darme una pequeña muestra de toda la fealdad que está por desatarse sobre el mundo. "Soy un alcohólico que trae/ catástrofes a los seres humanos", entona Kuniva, "la palabra asesinato/ es como mi pequeño hermano". Luego le toca a Kon Artis, el bocón del grupo: "Vengo a tu show en una carroza roja/ llevo a Fred Durst duro atrás/ y muerta, a mi lado, una enfermera moza".
El último en acercar sus rimas al grabador es Bizarre, un chico de voz profunda. Bizarre es el que rapea en "Amityville" (de Marshall Mathers lp, de Eminem) y la combinación entre su voz de hombre mayor y su trastornada imaginación puede pararte en seco. "No tengo comida en la heladera", brama. "Mi trabajo era una farsa/ mi novia tuvo un aborto/ que se tranformó en mi cena."
Proof y Bizarre iniciaron los Dirty Dozen hará unos diez años. Desde el comienzo, Bizarre le dio su impronta al grupo: su estilo trastornado. La primera incorporación del dúo fue un chico blanco y flaquito llamado Marshall, que era un viejo amigo de Proof. "Proof y yo crecimos a pocas cuadras de distancia pero fuimos a escuelas diferentes", recuerda Eminem. "Cuando estaba en noveno grado me metía en batallas de rap libre con los chicos de la escuela de Proof. Nadie creía que yo fuera capaz de rimar y así terminábamos sacándoles el dinero de sus almuerzos, porque yo les ganaba."
Los otros nunca consideraron a Eminem como un niño blanco.
-¡Ese negro no es blanco! -vocifera Kon Artis-. Tiene la piel blanca, pero no es blanco.
Kon Artis era un ladrón de autos que soñaba con entrar en la nba cuando le dispararon un tiro en la pierna y tuvo que transformarse en un rapero de tiempo completo. Sabe cómo arreglárselas con el ritmo y está produciendo buena parte del álbum Devil’s Night. "Siempre estoy gritando", dice. "A veces puede que no grite, pero igual estoy gritando." Kuniva era un amigo de Proof que mostraba talento para rimar y también la habilidad de ser humilde y duro al mismo tiempo. Proof lo llama "el principal de la humilde dureza".
El grupo se encaminaba a conseguir un contrato cuando Eminem conquistó el segundo puesto en las Olimpíadas de Rap de 1997. Poco después vino una llamada de Dr. Dre, Em partió hacia Los Angeles y los Dirty Dozen se dispersaron en distintas direcciones. Pero, después de algunos meses, Proof volvió a juntarlos y d-12 pronto estuvo de nuevo en marcha, reclutando un nuevo miembro llamado Bugz, quien trajo con él a un mc llamado Swift.
Luego, el 21 de mayo de 1999, en Belle Isle (una pequeña isla de la localidad donde la gente va de picnic), Bugz se metió en una pelea por un incidente con una pistola de agua y les pegó a dos hombres. Tras la pelea, le dispararon por la espalda y lo mataron. El nombre de Bugz está ahora tatuado en los antebrazos de los miembros de d-12. "Esa tragedia nos devolvió a todos a la realidad", dice Kuniva, "y nos hizo ver que la vida no es un juego y que debemos sacarle el mayor provecho a lo que tenemos, mientras lo tenemos".
Ahora D-12 espera la edición de Devil’s Night, prevista para dentro de pocos meses. ¿Logrará encender los oídos de los fans de Eminem?
-Nuestro álbum es para ellos -dice Proof, con sinceridad-. Pero, al mismo tiempo, no tratamos de vivir a la sombra de Eminem...
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