
Araiz: "Apenas un laburante"
El gran coreógrafo comenta su labor en el Argentino de La Plata
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Director desde marzo del Ballet del Teatro Argentino, Oscar Araiz repone para esta compañía "Sueño de una noche de verano", que creó en 1979 para el Ballet del Teatro Colón cuando ejercía la conducción de ese elenco. Poco más tarde la montó en el plantel de la Opera de Ginebra, que asimismo dirigió. Mas aquí hace 23 años que esta obra no se ve.
-En el plano personal, ¿estás contento de trabajar con este elenco?
-¡Uy, sí! Más allá de dirigir la actual compañía, este lugar está cargado de afectos. Mis raíces están aquí: mi escuela, mi primera compañía, mi primer trabajo, todo fue en La Plata. Aunque el edificio y las personas son otros, estamos sobre el mismo predio del viejo teatro, donde estrené "Ritos", en 1964. El director de entonces era Jorge Fontenla. Yo había formado un grupito con el que hicimos funciones en Buenos Aires. Fontenla lo vio y me invitó a montar una coreografía en el teatro. Gracias a esa persona, a aquella hermosa sala y al ballet estable tuve mi primer contrato "oficial".
-Después de tanto tiempo, ¿cómo te sentís haciendo la puesta de "Sueño de una noche de verano" con este cuerpo de baile?
-Es la primera producción en la cual entro en contacto coreográfico con la compañía. El primer programa, "Giselle", estaba pautado antes de mi ingreso. Luego, presentamos "El lago de los cisnes". Si bien he estado constantemente supervisando lo que se hizo anteriormente, sólo ahora trabajo con algo de mi repertorio. Creo que "Sueño..." es una obra que le va bien al Ballet del Argentino, ya que éste fue creado sobre el modelo de un elenco como el del Colón. Además, tanto el nivel técnico como el numérico son muy apropiados.
-¿Te da alegría remontar una coreografía que hiciste hace mucho tiempo?
-Sí, me da mucho placer. Hay varias de mi bagaje que pienso que le irán bien a este plantel. En su repertorio figuran varias de danza contemporánea, pero no es la mayoría ni el estilo que predomina. Por eso busqué una obra que no rompe con el esquema general. Considero a "Sueño" básicamente académica. Me alegra reponerla porque siento que el encanto de la música de Mendelssohn es el mismo, el de Shakespeare es eterno y el vestuario de Renata Schussheim tiene igual frescura. No es el que creó para el Colón, sino el de Ginebra, que adquirí cuando me fui de la compañía suiza. Como es de mi propiedad, la obra puede realizarse, ya que en caso contrario los costos no lo hubieran permitido. Hay, asimismo, un cambio en la escenografía. Se hará con la de Carlos Cytrynowski (fallecido hace tres años), quien colaboró mucho conmigo. Es muy bella la imagen, simple, limpia, abstracta, transparente. Y, a mi parecer, mostrar una obra que nunca se vio de este artista significa un gran acontecimiento. Otro factor importante que influye es la labor de interpretación de los bailarines. Yo trabajo mucho sobre esto, no sólo en los movimientos, sino en lo que ellos tienen que extraer para que se genere la magia de un espectáculo. El reparto también es una clave para que esta coreografía resurja como es debido: Herman Cornejo como Puck; Fernanda Bianchi como Titania y un chico muy joven, Darío Lesnik, en la piel de Oberon.
-¿Cómo describirías tu labor? ¿Te sienta la palabra creador?
-No, la detesto. Como coreógrafo requiero de elementos con un especial nivel, que me permita volcar y concretar mi pensamiento. Es como un laboratorio en el cual pruebo mis ideas y los demás aportan las suyas. Me siento como un artesano, soy nada más que un laburante.
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