Bailando en el Titanic, pero con esperanza

Pese a las limitaciones económicas el país vivió una temporada de inusual calidad desde el punto de vista coreográfico
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31 de diciembre de 2001  

Más allá de las vicisitudes que siempre soporta la danza, el panorama del año que está por finalizar fue bastante fructífero. Los centros culturales, como el Rojas, el Recoleta y el Borges, entre otros, no bajaron los brazos, aunque el presupuesto, según los casos, fue escaso o nulo. Con la apertura de otras salas, también hubo lugar para que los coreógrafos independientes pudiesen mostrar sus trabajos. Una de las tendencias que pudo observarse es que, en estos teatros del circuito off, la danza se integró como materia importante dentro de sus programaciones. Silvia Pritz estrenó su interesante obra “Temblor de fe” en octubre, en El Ombligo de la Luna; Roxana Grinstein mostró en Recoleta “Danza de muñecas”, que había creado en coproducción con Suiza y no se había visto aquí. El CETC también fue espacio para que se vieran excelentes puestas, como “Variaciones cromáticas”, que en abril montó Miguel Robles, y “Coppelia”, que creó Iris Scaccheri en mayo. Esta pieza dio la oportunidad de volver a ver a esta artista única, cuyas actuaciones esporádicas no tienen, lamentablemente, la difusión que merecen. El Teatro Roma, de Avellaneda, contribuyó incluyendo funciones de ballet en su temporada.

Hubo cambios de diversa índole, que movieron como terremoto a las compañías oficiales. También la falta de dinero para pagar sueldos atentó contra el Teatro Argentino de La Plata, específicamente, cuando vino Vladimir Vassiliev para montar su bella versión de “Paganini”. En ese momento, por huelgas y otras situaciones, no se pudo estrenar la obra, que luego vino a reforzar, en julio, su esposa, la diva Ekaterina Maximova. Mas cuando fue posible realizar las actuaciones, se apreciaron las buenas ideas coreográficas del otrora director del Bolshoi, y los elogios fueron unánimes.

Hacía muchos años que la famosa pareja rusa no venía al país. Su regreso fue un acontecimiento, que se manifestó en las demostraciones de respeto y afecto de gente del ámbito y del público. Es una pena que ellos hayan partido con malos recuerdos, aunque el cariño es recíproco: internamente saben que aquí son idolatrados.

Otra extraordinaria visita fue la del coreógrafo cubano Alberto Alonso, creador de “Carmen”, que hizo en su momento para Maia Plissetskaia. Por primera vez vino a reponerla, cuando Eleonora Cassano la bailó en el Teatro Colón, en abril. La presencia del coreógrafo es fundamental para que las piezas no se distorsionen con el paso del tiempo. Alonso dio los ajustes precisos, explicó la expresión exacta de los distintos papeles y dio el placer, tanto a los intérpretes como a la audiencia, de ver la versión tal como la imaginó. Además, se pudo conocer a una figura que es célebre en el mundo del ballet.

La nueva directora

El Ballet del Teatro Colón comenzó el año con nueva dirección, la de la cubana Marta García. Su labor y exigencia se apreciaron en un cuerpo de baile disciplinado, que se adentró más en el estilo y fortaleció su técnica. Hubo funciones memorables en las que las estrellas fueron, además de los protagonistas, los bailarines de fila de la compañía.

Pero el número de representaciones menguó como nunca: no llegaron a las cuarenta. Algo vergonzoso, injusto y que todo habitué espera se solucione cuando los funcionarios de turno le den a la compañía clásica más importante del país y de América latina el lugar que se merece.

Distintas generaciones se reunieron para festejar los 76 años del plantel: fue conmovedor, hubo risas y lágrimas de compañeros que hacía tiempo que no sabían los unos de los otros. Pero también emergió la tristeza genuina de los de antes y de los de ahora, ya que todos sufren por lo que le sucede a su amada compañía.

En resumen, ésta es una política que debe revertirse para que el Colón no siga perdiendo repertorio y figuras, desoladas por no poder pisar el escenario, como el caso del promisorio Hernán Piquín, que se fue en abril contratado como principal dancer del Ballet de San Francisco.

El Ballet Estable tiene brillantes personalidades que se superan día tras día: tal el caso de Karina Olmedo y Silvina Perillo, y de las más jóvenes Maricel De Mitri, Gabriela Alberti y Silvina Vaccarelli. Entre los varones, Alejandro Parente, Jorge Amarante y Leonardo Reale también son puntales, entre muchos que tienen grandes condiciones.

En cambio, la situación del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, que dirige Mauricio Wainrot, es excepcional. No sólo sus bailarines son fuera de serie y están preparados para absorber cualquier línea de la danza de ese estilo: la compañía superó récords históricos en cuanto a cantidad de funciones. Hizo más de noventa, con público entusiasta y a sala llena. Este logro tiene sus claves en la diversidad del repertorio, en la calidad de los coreógrafos convocados y en la mano de los maestros, como el caso de Ilse Wiedman.

Después de haber sido durante años parte esencial de la compañía, el fenomenal bailarín Miguel Angel Elías decidió renunciar para tomar otros rumbos dentro de este arte. Se lo extrañará, y mucho. Entre sus compañeros, todos de alto nivel, Laura Cucchetti, Sofía Mazza, Elizabeth Rodríguez y Francisco Lorenzo alientan a seguir el ejemplo de Elías.

Finalmente, un hecho penoso privó de volver a ver al extraordinario bailaor flamenco El Farruquito, cuando su padre, el músico Juan Fernández Flores, en plena representación, tuvo un ataque cardíaco que le provocó la muerte.

Sin rumbo definido

  • Las nuevas y duras medidas económicas, la situación del país, el cambio de autoridades y otros graves problemas provocan total incertidumbre sobre lo que pasará de aquí en más. Ni el Ballet del Teatro Colón ni el del San Martín tienen guía alguna sobre lo que ocurrirá en la próxima temporada. Los otros sectores están igualmente afectados.
  • De premios y subsidios

    La coreógrafa Margarita Bali, ganadora en 2000 de la Beca Guggenheim, recibió ahora el premio Aristóteles Onassis, que se otorga en Grecia a personalidades que se destacan en el campo de las artes.

    Natalia Magnicaballi, integrante del Ballet Argentino, luego de rendir audición en Italia, fue contratada por el prestigioso coreógrafo Mauro Bigonzetti para ingresar en carácter de solista a la compañía Aterballetto.

    Se puso en marcha el Instituto Prodanza, dependiente de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad, destinado a dar ayuda a la danza no oficial. El subsidio, de 200 mil pesos anuales, será distribuido para proyectos de coreógrafos independientes, compañías y grupos privados, y otros.

    Los elegidos de LA NACION

    Marzo: “Carmina Burana”, coreografía de Mauricio Wainrot interpretada por el Ballet Contemporáneo del San Martín.

    Abril: Eleonora Cassano y Alejandro Parente en “Carmen”, con el Ballet del Colón.

    Mayo: brillante presentación de la rusa Julia Majalina en el Teatro Roma, de Avellaneda.

    Joaquín Cortés deslumbra con su espectáculo “Live”.

    Junio: “Travesía”, obra que trajo la compañía venezolana Danzahoy.

    Julio: “Smoke”, espectáculo de music-hall de Aníbal Pachano,

    Agosto: el Ballet Juvenil, que dirige Lidia Segni, es el primer elenco argentino invitado a participar del Youth Festival, de Escocia.

    Septiembre: se realiza la tercera edición del Festival Internacional de Buenos Aires.

    Julio Bocca estrena, con coreografía de Ana María Stekelman, “Boccatango en el Maipo”, obra que muestra al artista en una extraordinaria interpretación. Aquí se revela como estrella Cecilia Figaredo, su partenaire.

    Octubre: “Giselle”, por el Ballet del Teatro Colón. La labor del cuerpo de baile fue soberbia.

    Iñaki Urlezaga, que representó a Albrecht en uno de los repartos, tuvo una actuación ideal.

    El norteamericano Damian Woetzel, primera figura del New York City Ballet, en otras funciones fue ejemplar en carisma y técnica.

    Noviembre: por primera vez, el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín actúa en el Luna Park, cosechando éxito con “Carmina Burana”.

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