El adiós a un gran poeta del azar y el movimiento

A los 90 años, murió una figura clave de la danza
Alejandro Cruz
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28 de julio de 2009  

Se lo conocía como el "Einstein de la danza". En la edición digital de The New York Times, ayer, se afirmaba que, junto con Isadora Duncan, Serge Diaghilev, Martha Graham y George Balanchine, Merce Cunningham fue una de las cinco figuras que hicieron repensar los modelos imperantes en la danza durante varias décadas. Lo cierto es que entre la noche del domingo y ayer por la mañana el gran bailarín y coreógrafo estadounidense falleció, a los 90 años.

Murió en Nueva York, por causas naturales. Desde hace dos años, dirigía sus trabajos desde una silla de ruedas. Sufría artritis. Todo muy paradójico para alguien que hizo de la indagación del cuerpo en movimiento su motor de vida. Su último trabajo, estrenado el pasado abril, se llamó Nearly Ninety, pero, como reconoció alguna vez su madre, ya a los 4 años bailaba en la iglesia. "No me volví bailarín, siempre bailé", le gustaba decir a él.

En los años 50, Cunningham, después de haber formado parte de la compañía de Martha Graham, hizo estallar ciertos parámetros imperantes. En esa búsqueda, liberó completamente el baile de sus nexos con la música y el hilo narrativo. En 1953 fundó la Merce Cunningham Dance Company, en el corazón del West Village, y -junto a Graham y Balanchine- hizo de Nueva York la capital de la danza.

Nacido el 16 de abril de 1919, en la pequeña localidad de Centralia, en el estado norteamericano de Washington, introdujo el pop-art y el happening en el mundo de la danza. En sintonía con esas búsquedas, se asoció con otros artistas de distintos campos. Andy Warhol le hizo unas almohadas plateadas flotantes para Rain Forest (1968). Otro artista plástico, Robert Rauschenberg, trabajó durante varios años en su compañía. John Cage, a quien conoció a fines de la década del 30 y fue su pareja hasta su muerte, en 1992, fue otro aliado artístico fundamental en eso de crear mundos independientes para una misma obra. En su último trabajo, Nearly Ninety, la música estuvo compuesta por Sonic Youth y John Paul Jones, el bajista de Led Zeppelin. El listado de colaboradores con los que contó es verdaderamente abrumador y atraviesa los grandes nombres de las vanguardias del siglo pasado.

"Mis coreografías no tienen nada que ver con el pensamiento. No trabajo con imágenes o ideas, trabajo con el cuerpo", decía él. La teoría de la relatividad de Einstein inspiró su concepto central: "Leí a Einstein por pura casualidad. El dice que no hay puntos fijos en el espacio y yo pensé: eso va justo con mi opinión acerca del espacio en el escenario. Dondequiera que uno esté parado, ése es el centro".

Al comenzar su carrera, la crítica norteamericana lo consideró "el bailarín lírico más bello de los Estados Unidos". Admiraban el arco de su pie, su larga espalda y sus impresionantes saltos. Pero luego sus creaciones no siempre tuvieron la mejor recepción. De hecho, la crónica que LA NACION publicó en agosto de 1968 cuando el genio se presentó en el Teatro San Martín habla de aplausos y silbidos mezclados en la noche del debut. Su paso por Buenos Aires fue verdaderamente imperceptible; sólo las primeras filas de la sala Martín Coronado se completaron a la hora del estreno de Rain Forest, en programa compartido con otras piezas como Field Dances , Night Wandering y el desconcertante cierre con Walkaround time .

"Merce revolucionó las artes visuales y del escenario, no por ser meramente iconoclasta, sino para alcanzar la belleza y el asombro de explorar nuevas posibilidades", dijo ayer, en un comunicado, su fundación. "Me fascinan los noticieros de la CNN y también los informes meteorológicos que cubren desde Nueva York hasta Madagascar. Este es el sello de nuestra época, esa forma fragmentada de percibir la realidad", decía hace unos años, haciendo referencia al rol del azar en el proceso creativo. Algunas de sus obras más famosas fueron, además de Summerspace (1958), Pictures (1984) y Biped (1999).

El legado

El mes pasado, Cunningham anunció que su compañía cerraría dos años después de que él muriera o de que ya no pudiera dirigirla. Ayer, la cuenta regresiva comenzó a funcionar. Según lo planeado, los bailarines deberían embarcarse en una gira mundial de 24 meses tras la cual el grupo tendría que disolverse. Pero antes deberían hacer una actuación final en Nueva York con entradas a un valor que no supere los 10 dólares. Todo está detallado en el Living Legacy Plan, cuyo organigrama el gran Merce anunció recientemente. "La idea del plan del legado viviente busca evitar la suerte corrida por la compañía de Martha Graham, sumida en sórdidas batallas legales que opacaron su herencia artística tras su muerte, en 1991", observó Trevor Carlson, director ejecutivo de la Fundación Cunningham, quien explicó además que un fondo quedará a cargo de los derechos de autor y facilitará la transmisión de sus obras a generaciones posteriores. "La danza es un proceso que nunca se detiene y que no debería detenerse si es para permanecer fresca y viva", creía el coreógrafo.

A menos de un mes de la muerte de Pina Bausch, el mundo de la danza ayer se volvió a vestir de luto.

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